El actual feminismo


Si buscamos la palabra feminismo en Google encontraremos un sinfín de conceptos, definiciones y teorías que aluden, principalmente, a lo que actualmente podríamos definir como una ideología, doctrina, un conjunto de creencias e ideas que son parte de un movimiento social y político que busca posicionar de manera igualitaria al género femenino en un mundo que ha sido reservado para los hombres.[1]

Durante el siglo XX, el feminismo surgió como respuesta a diferentes movimientos sociales de mujeres que, desde la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, exponían las condiciones de explotación y precariedad en que las obreras laboraban. Con base en estos hechos, se generó la necesidad de la actuación y reconocimiento de las mujeres en escenarios que no le estaban permitidos, destinados o que las ponían en una situación de vulnerabilidad. Esto llevó, a su vez, a construir un movimiento social que luchó por igualdad de derechos y la toma de decisiones sobre su corporalidad personal, jurídica, económica y social.

Las mujeres de hoy en día gozamos de los frutos de esa lucha social, aunque aún hay muchos otros campos en los que se tiene que trabajar. Los problemas que como mujeres nos acechan hoy en día no son sólo los que se atendieron en un primer momento —que puede que ni si quiera se hayan solucionado del todo—. Aunado a lo anterior, se presenta un fenómeno que consta de la ausencia de crítica a la forma en la que se entiende y se practica dicha ideología.

Diversas páginas en Facebook dedicadas a la ideología feminista y la propaganda de ésta me permiten observar un poco sobre la retórica que manejan en cuanto al movimiento. Sin entrar mucho en casos particulares, la mayoría publican imágenes o textos cortos sobre “cómo deberían actuar los hombres a ‘n’ situación”, o “¿qué hacer ante ‘x’ problema si eres hombre?” (entiéndase denuncias principalmente en la plataforma Me Too, ante alguna manifestación feminista o que dan prioridad a problemáticas de violencia sexual y acoso). El objetivo de estos mensajes o imágenes es incluir a los hombres en las dinámicas, aunque de forma pasiva e intentando concientizarlos de que son parte del problema no por la convivencia activa en la sociedad, sino por el simple hecho de ser, justamente, hombres. Así, la reproducción de dichos mensajes hace que actúen como parte de un protocolo en donde, más allá de incluir al género masculino, le confieren una culpa colectiva con tinte de “pecado original”. Más de uno protesta en vez de sentirse parte del problema y tomar cartas en el asunto. No quiero decir que el trabajo de generar consciencia en torno al tema tendría que ser exclusivo de las mujeres; cualquier género tiene la capacidad de desarrollarla. Tampoco niego que la historia ha registrado violencia hacia las mujeres por parte de los hombres de forma masiva como una práctica social y cultural, pero ésta, a su vez, también es o ha sido reproducida por las mujeres; también hay mujeres opresoras. Por ende, todos somos parte del problema sin diferenciarnos.

Y aunque estos mensajes tienen un objetivo, como ya señalé, incluyente, hay otros tantos —representados en memes o en mensajes— que tienen el objetivo de desacreditar y hasta ofender, siendo etiquetados como antifeministas. En este sentido, la definición de este actor resulta en un ser misógino, tonto, heteropatriarcal, acrítico o que “no logra entender el feminismo o lo entiende a su manera”, irrespetuoso y depravado sexual. La generalización no es la vía para atacar el problema, como tampoco lo es pelear en redes sociales sobre cómo deberían ser o actuar los hombres en esta época. El problema radica en que se cae “en el reduccionismo biologicista de la ideología patriarcal dominante que las mismas feministas han criticado seriamente”[2], dejando de lado la participación activa de los sujetos independientemente de su género.

Las personas que tenemos acceso a educación superior, noticias e internet conformamos un gremio que posee cierto conocimiento sobre el tema y que se caracteriza por tener participación política y social dentro del Estado. Por consiguiente, es posible efectuar mayores cambios y tomas de consciencia si el movimiento no se reduce a tratar a las personas por su género, sino por su conocimiento y capacidad de acción.

Hay casos dentro de éstas paginas o plataformas en las que hay personas que, independientemente de su género, se atreven a exponer su opinión y llegan a ser agredidas. Señalaré el caso en particular del movimiento Me Too, en donde, sin llegar a juzgar a nadie, se exponen casos de parejas que pasan del ámbito privado a lo público, que algunas veces no tienen nada que ver con una denuncia formal y que se apega mas a suposiciones o problemas que quedaron inconclusos dentro de una relación sentimental. Cuando algún sujeto que conoce el caso sale a la defensa de su amigo, comienzan las agresiones. En el caso de que hombre defiende a otro hombre se llega a señalarlo como un misógino que sigue reproduciendo el sistema machista de violentar y dudar o minimizar la denuncia femenina. En el caso de mujer que defiende a hombre resulta peor: es una traicionera a su género, un asco de mujer. Y es aquí cuando me pregunto: ¿están realmente buscando justicia, visibilizar la violencia existente dentro de los diferentes gremios, o proteger a las que se encuentran en una situación vulnerable? ¿O sólo pretenden denigrar al género masculino y a quienes exponen su opinión en desacuerdo?

La cuestión es que estas consignas, ofensas, protocolos, memes, videos, blogs, etc., están hechos por un selecto grupo que tiene acceso tanto a la educación (media superior, superior y posgrados) como al internet.

Me Too, una plataforma que debería ser tomada de forma seria por la gravedad que representa el sinfín de denuncias de acoso, violaciones y feminicidios surge como consecuencia de la falta de un marco jurídico que proteja a las denunciantes de violencia física, sexual o psicológica. Sin embargo, en ningún lado dice que esa violencia tiene que ser ejercida exclusivamente por los hombres.[3] Resulta una pena que dicho lugar se esté convirtiendo en un espacio para denigrar personas, cuando la idea es contrarrestar la violencia que se visibiliza en este espacio.

Pero lo triste del caso es que este feminismo que se predica de forma radical en estos espacios no trasciende; se queda en este pequeño círculo. Sin perder de vista el fenómeno de los feminicidios y la cuestión del aborto legal y seguro, hay otras tantas cosas que se invisibilizan. Tal es el caso de que hay lugares en donde a la mujer no se le da un salario justo[4], se siguen despidiendo embarazadas[5], se discriminan a las madres solteras[6], esterilización femenina sin consentimiento[7], el estado civil como factor determinante para ser aceptadas o no en un trabajo, y eso es sólo por mencionar algunos problemas.

El feminismo que se practica actualmente va desde exponer problemas individuales que intentan hacer colectivos, tales como imposiciones o desacuerdos con la familia, hasta el “perreo” como una forma de liberación femenina y la producción de espacios —propios de las ciudades— para el libre baile sin hombres potencialmente violentos.[8] Cuando alguien se atreve a exponer su desacuerdo, se le clasifica y se insulta tanto el comentario como a la persona. Se queda en un pequeño grupo de mujeres que, aunque conocen los problemas reales, no los atacan. Simplemente reproducen la ideología.

Habría que redireccionar hacia dónde quieren llegar con tal movimiento, si es que realmente quieren generar un cambio. En este sentido, apoyar para que todos, hombres, mujeres, comunidades LGBTT+, puedan actuar de igual y equitativa manera en la sociedad.

Fuentes de consulta

[1] Fiss, Owen M., “¿Qué es el feminismo?” en Themis, Traducción de Roberto de Michele, 211-220 pp.

[2] D’Atri, Andrea, “Introducción” en Pan y Rosas. Petenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Las armas de la crítica, 1ª Ed., 2004, p. 20.

[3] Wakefield, Jane, en BBC News, “Tarana Burke, fundadora del MeToo: el movimiento se ha vuelto ‘irreconocible’”, 30 de noviembre de 2018, consultado el 22 de mayo de 2019

[4] García, Ana Karen, en El Economista, “¿Cuánto ganan las mujeres en México?”, 03 de noviembre de 2018, consultado el 22 de mayo de 2019. https://www.eleconomista.com.mx/economia/Cuanto-ganan-las-mujeres-en-Mexico-20181103-0007.html

[5] Sin Embargo, “El despido por embarazo aumenta en la CdMx; es la primera causa de discriminación contra las mujeres”, 09 de mayo de 2019, consultado el 22 de may. de 19, https://www.sinembargo.mx/09-05-2019/3578624

[6] Scarone Adaraga, Mireya, Expreso, “Madres trabajadoras: entre la celebración y la discriminación laboral”, 21 de mayo de 2019, consultado el 22 de mayo de 2019. https://www.expreso.com.mx/seccion/expresion/fuera-de-ruta/60533-madres-trabajadoras-entre-la-celebracion-y-la-discriminacion-laboral.html

[7] Quintero Morales, Josefina, La Jornada, “Denuncian ‘esterilización forzada’ con problemas mentales” 26 de febrero de 2015, consultado 22 de mayo de 2019 https://www.jornada.com.mx/2015/02/26/capital/036n1cap#

[8] De Anda, Tamara, Chilango, “Dónde encontrar perreo feminista en CDMX”, 9 de marzo de 2019, consultado 22 de mayo de 2019 https://www.chilango.com/tragos/bares-antros/perreo-feminista-en-cdmx/

Kathia Jiménez

originaria de la Ciudad de México es pasante de la Licenciatura en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, realizó una pequeña estancia en California State University Long Beach. Su principal interés son temas sobre historia de la cultura popular en México.

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