LA HISTORIA DETRÁS DE GAME OF THRONES: EL SAQUEO DE DESEMBARCO DEL REY (5/6)


El penúltimo episodio de Game of Thrones nos ha mostrado la muy esperada destrucción de la capital de Westeros, Desembarco del Rey, como la culminación de una guerra por el trono de hierro que comenzó en el 2011. Junto con la destrucción de la Fortaleza Roja murió la siempre odiada Cersei Lannister, dejando un trono vacante y la incógnita de quién se coronará como el nuevo Protector del Reino.

Si bien fue un capítulo mejor llevado que la Batalla de Invernalia, la destrucción de Desembarco del Rey no careció de momentos ilógicos e innecesarios. ¿Qué hacía Arya Stark dentro de la capital en plena destrucción? Nada más fue a recibir pedradas. ¿De dónde demonios salió el caballo blanco que la rescató al final, acaso fue un pequeño homenaje al caballo de Gandalf, Shadowfax? ¿No pudieron darle una muerte más honrosa o simplemente más emocionante a un personaje tan importante e inteligente como lo era Varys?

Cabe mencionar el caso especial de la Compañía Dorada (cuya inspiración histórica revisamos en el primero de esta serie de textos), que a lo largo de la serie se le construyó una reputación temeraria, de excelentes guerreros, sólo para ser aniquilados en menos de un minuto por el fuego de un dragón. Si el error de los dothrakis durante la batalla de Invernalia fue haber cargado contra los muertos antes de tiempo, el error de la Compañía Dorada fue no haber cargado a tiempo contra las fuerzas de Daenerys. En fin, sólo uno más de los muchos errores de guion de esta temporada final.

Puntos fuertes del penúltimo capítulo: la sentimental y conmovedora escena y despedida entre Jamie y Tyrion Lannister, donde ambos personajes, prácticamente, firmaron sus respectivas sentencias de muerte; y por supuesto, la colosal destrucción de Desembarco del Rey, una muy buena escenificación del saqueo de una ciudad, que nos da pie para indagar en los momentos históricos en que se inspiró este episodio.

Saqueo de ciudades, masacre de inocentes, violaciones masivas, destrucción de edificios, peligro de muerte desde el aire, todos estos elementos han estado presentes en numerosos conflictos bélicos desde la edad antigua hasta el siglo XX.

Hace casi 2000 años, una reina guerrera cayó sobre el más grande asentamiento romano en Gran Bretaña, sólo para pasarlo por la antorcha. Miles de personas murieron como consecuencia, no sólo los soldados dentro de la pequeña ciudad, sino también civiles inocentes. Al respecto el historiador romano Tácito escribió que la población “parecía encadenada a sus lugares por la debilidad de su sexo o los estragos de la edad” en referencias a los ancianos y a las mujeres asesinadas.

La reina de los icenos Boudica

La reina de los icenos Boudica

Esta reina sanguinaria, escribe Tácito, parecía estar obsesionada “con la masacre, con la horca y con el fuego”. El nombre de esta monarca era Boudica, no Daenerys, su tribu eran los Icenos y no los Targaryen. Sus objetivos fueron los gobernantes romanos de Colchester y Londres, no los Lannister de Desembarco del Rey.

En la revuelta de Boudica de los años 60 y 61 podemos encontrar una de las influencias históricas más fuertes para el más reciente episodio titulado “The Bells”. Lo poco que se conoce de estos acontecimientos los sabemos gracias a los Anales de Tácito y los relatos de Dion Casio. Ambos historiadores atribuyen la ira que consumió a Boudica para actuar de esa manera como una consecuencia del maltrato hacia su familia.

Tácito dice que el esposo de Boudica fue asesinado y sus hijas fueron todas violadas por órdenes de los gobernantes romanos de Gran Bretaña. Por su parte, Daenerys perdió a su padre a manos de Jaime Lannister (el Matarreyes), su hijo-dragón Rhaegal fue asesinado por Euron Greyjoy, y su hija adoptiva Missandei fue decapitada por la espada de Gregor Clegane, la Montaña.

Londres romano, incendiado por Boudica

Londres romano, incendiado por Boudica

Según lo narrado por Dion Casio, la venganza de Boudica costó la vida alrededor de 80 000 personas que murieron quemadas, la mayoría eran bretones viviendo bajo el dominio de Roma. Según los relatos, Boudica veía a estos bretones como responsables de los crímenes de los romanos, ya que ellos aceptaban vivir sirviendo a los gobernantes extranjeros. La misma justificación la encontramos en la reina dragón: la gente de la capital aceptó servir a Cersei, por lo tanto son tan responsables como la reina Lannister.

Más allá de la historia de la revuelta de Boudica, el último episodio nos remite a otros momentos estelares del saqueo de ciudades. Probablemente el saqueo más famoso en toda la historia sea el de Roma. Durante tres días los visigodos, liderados por su rey Alarico, saquearon y destruyeron la capital del imperio romano en agosto de 410. El de Roma no se compara con el horror de la destrucción de Desembarco del Rey, pues no hubo una masacre tan generalizada de inocentes y sólo fueron destruidos edificios previamente seleccionados, en lugar de destruir la ciudad entera. Existe un punto de comparación: en ambos casos, como lo escribió un testigo de aquel acontecimiento, “los esclavos y los hombres de calidad estaban en las mismas circunstancias, y por todas partes el terror a la muerte y a la masacre era el mismo”. Esto nos trae a la mente las escenas de las multitudes de Desembarco del Rey tratando de escapar de la destrucción y la muerte.

Saqueo de Roma de 410

Saqueo de Roma de 410

El saqueo de Desembarco del Rey tiene otra fuente de inspiración con la que comparte varias similitudes; me refiero a la destrucción de otra gran ciudad romana: Constantinopla, que fue asediada, quemada y saqueada por los ejércitos cristianos de la cuarta cruzada y por una gran flota veneciana entre 1203 y 1204. En este caso, el fuego fue el protagonista central de la destrucción de la “Reina de las Ciudades”. Los cruzados destruyeron, primero, más de 100 acres de propiedades, sólo para después llevar a cabo una destrucción aun mayor que habría de dejar a más de 100 mil personas sin hogar. Todo fue a consecuencia de un gran fuego que consumió templos antiguos, palacios, casas, monumentos públicos, mercados y cortes judiciales. Durante la primavera de 1204 llegó el saqueo, los cruzados destruyeron lo que quedaba de la ciudad. Un testigo presencial dejó una descripción de los sobrevivientes de Constantinopla: “Cenicientos y pálidos en complexión, con caras como las de cadáveres y sus ojos rojos, derramando más sangre que lágrimas.”

Por otra parte, Daenerys decidió destruir la capital de Westeros a pesar de que ésta ya se había rendido haciendo tocar las campanas. La decisión de la reina Targaryen se nos presentó como si fuera una locura, como algo inhumano y poco honorable. Sin embargo, las normas convencionales de la manera medieval de hacer la guerra implicaban que los ciudadanos de una ciudad asediada podían escapar con sus vidas en caso de que el gobernante se entregara, pero si éste se resistía entonces todo estaba permitido. Así sucedió durante toda la época medieval en numerosos saqueos famosos como el de Jerusalén por los primeros cruzados en 1099, o el de Bagdad en 1285 por los mongoles (los dothrakis reales), y el de Acre en 1291 por los mamelucos (los inmaculados reales).

Toma de Constantinopla por los cruzados en 1204

Toma de Constantinopla por los cruzados en 1204

De esta manera, cuando los muros de una ciudad son penetrados por los invasores, todo está permitido. Un ejemplo de esto es la infame frase pronunciada por Arnaldo Amalric durante el saqueo de Béziers en julio de 1209. Cuando le preguntaron los soldados cómo distinguir a un cristiano bueno de un hereje dentro de esa ciudad, la respuesta fue: “Mátenlos a todos, Dios reconocerá a los suyos.” Así, el comportamiento de Daenerys no hubiera sido nada escandaloso, pues se ajustaría perfectamente a los estándares de la Edad Media.

Si se quiere una similitud histórica mucho más reciente la podemos encontrar en los bombardeos a ciudades realizados durante la segunda guerra mundial. Drogon no hizo nada peor que las fuerzas aéreas británica y estadunidense en Dresde durante febrero de 1945. Por si esto no fuera poco, esa sensación de muerte desde el cielo, permanente a lo largo del último episodio, nos remite al 9 de agosto de 1945 en Nagasaki, cuando detonó la bomba “Fat Man” asesinando a miles de civiles inocentes.

Dresde, después de los bombardeos de 1945

Dresde, después de los bombardeos de 1945

El saqueo y destrucción de Desembarco del Rey, afectando a ricos y pobres, nos recuerda que la muerte llega a todos por igual.

Valar Morghulis.

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Eduardo A. Orozco Piñon

(Ciudad de México). Es pasante de la licenciatura en Historia que imparte la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha participado como organizador y ponente de un puñado de eventos académicos relacionados con la historia militar y política mexicana del siglo XIX, temática y periodo de la que es especialista. Asimismo, es miembro fundador y activo del Seminario Estudiantil de Historia Militar y Naval, cuyas sesiones se llevan a cabo en Palacio Nacional el último viernes de cada mes.

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