Veneno para las hadas. Las brujas lo pueden todo


En 1984, el director y escritor Carlos Enrique Taboada, nombre que seguramente recordaremos por películas como Hasta el viento tiene miedo (1968), El libro de piedra (1968) y Más negro que la noche (1975), llegó a las salas cinematográficas con Veneno para las hadas (1984), filme protagonizado por dos encantadoras niñas: Flavia (Elsa María Gutiérrez) y Verónica (Ana Patricia Rojo). La primera es la nueva de la escuela, inocente y muy amada por sus padres, quienes la educan alejada de cualquier tipo de religión o creencia en lo no tangible y probable; mientras que Verónica se caracteriza por su desatada imaginación, fascinación por las historias de brujas, conjuros y pactos con el Diablo. Ambas niñas, pese a ser opuestas en cuanto a carácter y formación, desarrollan una retorcida amistad cimentada en la curiosidad que Flavia siente hacía las rarezas inventadas por Verónica, así como en el poder y manipulación que Verónica ejerce sobre Flavia.

 

El personaje de Verónica se vuelve inolvidable para el espectador no necesariamente por ser la cándida y tierna niña que su imagen representa, sino por estar desconectada de cualquier sentimiento de tristeza, miedo o culpa, e incluso disfrutar de realizar “maldades” disfrazadas de broma infantil. Tras quedar huérfana, el cuidado de la pequeña aspirante a bruja queda en manos de su abuela y nana, la encargada de narrar a Verónica noche a noche —como cualquier cuento de hadas y princesas— historias de brujas, momias y fantasmas; relatos que despiertan un nocivo interés en Verónica por el mundo del ocultismo que, mezclado con su extraña personalidad, tiene resultados que pocos imaginarían para personajes de su edad.

Por supuesto que no se concibe el impacto y fuerza de un personaje como el de Verónica sin el miedo constante de Flavia, quien, si bien ha sido educada para no creer en supersticiones o cosas sobrenaturales, no puede dejar de ser víctima de su propia inocencia y terminar convenciéndose de que los hechizos de Verónica tienen efectos reales; para ella es imposible relacionar los sucesos supuestamente maquilados por la pequeña bruja con simples coincidencias. Ante los ojos de Flavia, la presencia y constante acoso de Verónica comienza a significar un problema que, por tener relación con temas que sus padres consideran fantasías o cosas inexistentes, debe solucionarlos por ella misma.

De Veneno para las Hadas cabe destacar la casi nula presencia de los adultos como personajes de peso, exceptuando a la nana de Verónica, de la que se asume no aporta algo positivo; la mayoría de ellos fungen únicamente como “herramientas” para construir la historia entre las niñas. Mediante rostros que pocas veces son captados, nombres que no son mencionados, escasos diálogos y tomas realizadas desde alturas bajas, que sirven para simular la visión que un niño puede tener del mundo, se vuelve evidente que la figura del adulto no ejerce especial relevancia.

Taboada nos ofrece un vistazo a otro lado del rostro de la maldad y el temor, un lado que nada tiene que ver con adultos sádicos, posesiones satánicas o monstruos sacados de nuestras peores pesadillas. A través de esta cinta nos es entregado un aspecto que, sin importar las veces que sea explorado en otras producciones, siempre resultará interesante: la maldad en los infantes.

Y es que pocas cosas deben ser tan aterradoras como los actos realizados desde el más puro impulso, en donde no se piense ni un segundo en el daño que se pueda ocasionar a los demás o en donde la alevosía sea eje rector. La imposibilidad de confiar en lo que se da por hecho, que en este caso es la bondad y pureza de las acciones de los niños, hace de ésta una producción fílmica de auténtico horror. Eescenas en donde una voz inocente pregunta cómo hacer un pacto con el Diablo o en donde las mentes menos maleadas planean las cosas más perversas a modo de juego logran que el espectador pierda certezas, y que por momentos experimente las mismas dudas y temores que Flavia. Elementos que hacen de Veneno para las Hadas un clásico del cine mexicano de terror.

 

 

 

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Viridiana Ramírez Neria

Viridiana M. Ramírez Neria, habitante del D.F., pasante de licenciatura en Historia por parte de la UNAM. Con gran cariño hacía el cine, la fotografía y las letras indomables. Participaciones en coloquios y menciones honorificas en concursos fotográficos, han sido una parte de su trayectoria.

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