El fistol del Diablo: Leyendas de la Huasteca oriental


México es uno de los países más ricos del mundo. No sólo en biodiversidad y recursos naturales; también lo es en la diversidad cultural que podemos encontrar en cada región de la República. Pero de todas las experiencias que se nos quedan guardadas en la memoria, la comida y las leyendas de una población son las que nos pueden provocar más nostalgia.

Cada región del país tiene sus propios platillos característicos, los cuales dan a  probar a los visitantes jactándose de su originalidad y exclusividad. Lo mismo ocurre con las leyendas. Cada ciudad construye sus historias propias y las presume con orgullo, argumentando que no hay otra ciudad en el país que tenga más momias, más hoteles embrujados, más apariciones en hospitales y panteones. Las comunidades se identifican a sí mismas por la casa en la que una madre mató a sus hijos, por el parque de diversiones construido sobre cementerios, por el lago en que se ahogaron tantas personas por culpa de un aparecido, por la cantidad de brujos y brujas reunidos en un solo lugar. Pero también hay otro tipo de leyendas que se basan en arquetipos comunes que se repiten, con ligeras variaciones, a lo largo de todo el país: la bruja, la llorona, los duendes, el charro negro, etc.

Alienígenas en Tampico

Duendes, aparecidos, el diablo o las brujas, son los protagonistas más comunes de las leyendas más famosas de México, pero la ciudad de Tampico Tamaulipas, puede presumir de tener una de las historias más excéntricas del país. Parece ser que, por alguna razón, los huracanes que se forman en el Golfo de México y que avanzan hacia el país por aquella zona tamaulipeca no alcanzan a azotar la ciudad de Tampico con todas sus fuerzas. Según la explicación popular, cerca de la playa existe una base alienígena que evita que los huracanes entren en la ciudad. Por alguna razón, los alienígenas cuidan de los tampiqueños.

La leyenda resulta de lo más interesante, pues de todas las explicaciones posibles, alguien alguna vez sugirió la presencia de extraterrestres era plausible, misma que permaneció en el imaginario popular de los ciudadanos. Pero aparentemente existen pruebas que pueden respaldar esta teoría, pues las personas hablan de haber visto objetos voladores no identificados patrullando el cielo y sumergiéndose en el horizonte marino. La prueba, tan inverosímil como la teoría misma, es suficiente para crear una leyenda que trasciende a la cosa pública, pues en años recientes, se reveló un busto en la playa tamaulipeca, homenajeando a los defensores de Tampico: un alienígena de ojos salones. Otra estatua, esta vez de un soldado, colocada en el centro de la “plazas libertad”, se acompaña con la leyenda “a los defensores de Tampico de 1829”. Tampico, cuna de héroes nacionales y extraterráneos.

Hospital Naturista de ciudad Madero

Cerca de la playa, en una de las colonias circundantes a Tampico, se encuentra un hospital en claro estado de abandono. La estructura de concreto se alcanza a ver a varios metros de distancia y hace pensar a los paseantes en los tiempos mejores, cuando el hospital estaba en plenas funciones y se jactaba de ser uno de los más modernos de América Latina. Entre sus pasadizos, hoy en decadencia, surgió una de las leyendas más interesantes del país. Por ahí de los años de 1980, una enfermera muy devota de su trabajo se enamoró de un médico al que le entregó todo su corazón y su alma. Algunas versiones sugieren que el médico terminó despreciandola; otras, que éste se mudó a Monterrey, donde tenía a su verdadera mujer. De cualquier forma, la enfermera entró en una terrible depresión que la orilló a descuidar su persona y a sus pacientes, al grado de ser tan negligente que incluso ocasionó la muerte de varios enfermos. Algunos dicen que terminó suicidándose, mientras otros sugieren que fue asesinada por un padre que perdió a su hijo por culpa de la enfermera. Desde entonces, se habla que su fantasma deambula por los pasillos corridos del hospital abandonado.

La historia comenzó a popularizarse durante los primeros años del nuevo milenio, cuando el hospital, ya en abandono, se volvió el centro de atención de la población de Madero y Tampico. Lo sorprendente es que la historia de la Planchada (así empezó a nombrarse al fantasma de la enfermera) comenzó a repetirse en un sinfín de historias en las que una enfermera fantasma, con un pasado trágico, se dedicaba a ayudar a pacientes de todas partes de la República. Como la niña que se ahorcó en el baño, o la escuela construida sobre un cementerio, la Planchada se volvió una leyenda genérica de hospitales.

Las tepas de Pueblo Viejo

Una de estas leyendas, que sólo he escuchado en esta pequeña comunidad (aunque ello no signifique que sea exclusiva de la región), se refiere a ciertos seres sobrenaturales llamados “Tepas”. Su nombre no parece significar nada en específico (o nadie me ha podido explicar su raíz), pero es una historia escabrosa que no tiene desperdicio.

Se cuenta que cierta casa en ruinas cercana al centro de la ciudad es ocupada como centro de reunión por ciertos seres sobrenaturales. Quienes han sido testigos de estas criaturas, las descubren como mujeres comunes y corrientes, pero con un largo cabello que les cubre el rostro. Y no es para menos, pues quienes han tenido el infortunio de verla cara de alguna de estas mujeres, la describen como si fuera el de un caballo o burro.

Basta imaginar la impresión que tuvieron los testigos ante semejante aparición espectral para que la piel se enchine. A diferencia de otros lugares del país, en los que este tipo de mujeres suele aparecerse a los borrachos y mujeriegos, las Tepas parecen estar más asociadas con las brujas y las bolas de fuego. Esto representa un mayor temor, pues las primeras bien podrían considerarse un castigo bien merecido a todos aquellos que obran mal, pero las segundas, las de Pueblo Viejo, no parecen responder en ningún sentido a la justicia cósmica. Como toda bruja, la búsqueda del beneficio propio y de satisfacción personal pueden ser objetivos mucho más terroríficos

José Francisco Vera Pizaña

José Francisco Vera Pizaña (México, Distrito Federal). Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (FFyL) con la tesis “Nexos en la historiografía: la construcción de la batalla de Crécy en la historiografía inglesa y estadounidense (1885-2013)”. Especialista en historia militar e historia de la Edad Media. Miembro activo del Seminario de Estudios Históricos Sobre la Edad Media (UNAM) y del Seminario Estudiantil de Historia Militar y Naval (UAM-I). Consultor historiador de Caronte Lab. Profesor en el Centro Universitario de Integración Humanística (CUIH).

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