Endenantes: Captain Marvel y la nueva era del cine de superhéroes.


El pasado fin de semana se estrenó Captain Marvel, película sumamente esperada por muchas razones: por el hype creado después de Avengers: Infinity War; porque es la primera película del Marvel Cinematic Universe (MCU) con una mujer como protagonista; porque el personaje es uno de los más poderosos de la editorial marvelita, y porque es una precuela que, como todas las de su tipo, abre un amplísimo panorama de respuestas a las interrogantes que se han planteado en una década de películas. Con todo esto en el ambiente, fui al cine más cercano, compré un bote de palomitas y me dispuse a disfrutar la película en compañía de un buen amigo. A pesar de todo lo anterior, ambos salimos del cine desconcertados, pero cumplimos el ritual obligatorio: intercambiar impresiones para encontrar la razón de nuestra cara de desconcierto. Y no, no tiene nada que ver con toda esa polémica, que francamente da flojera, en torno al feminismo o machismo subyacente al filme.

Primero entendamos en que se basó el guión de Captain Marvel. En 1967 surgió la primera aparición del personaje cuyo alter ego fue Mar-Vell, un exiliado perteneciente a la raza cósmica de los kree, que vio la luz en Marvel Super-Heroes #12. Posteriormente, a comienzos de los 80, el título de Capitán Marvel quedó en manos de Monica Rambeau, policía de Nueva Orleans, y desde entonces las “Nega-Bandas” (que en los cómics son el origen de los poderes del Capitán Marvel) han cambiado de portador sin distinguir género: Genis-Vell, hijo del primer Mar-Vell en 1993; Phyla-Vell, sobrina de Genis-Vell en 2004; Khn’nr, agente de la raza de los skrull en 2007; Noh-Varr, convertido en capitán en 2008, y finalmente Carol Danvers, aquella heroína que vemos en la película, ha asumido el puesto desde el 2012. El actual filme abreva de la historia del primer Mar-Vell y retoma a la actual ocupante del título de capitana en los cómics. De entrada, con esta base narrativa la película prometía ser una de las más interesantes dentro del MCU, sin embargo, pasa sin pena ni gloria.

Captain Marvel nos adentra al MCU de la década de 1990. El ambiente retro no es casual, sino que se enmarca dentro de la creciente tendencia de revivir el pasado reciente a través de la nostalgia, que tan bien se ha hecho en TV con series como Stranger Things, donde este recurso no estorba a la trama y logra crear un ambiente agradable. Lo más lógico era que Captain Marvel reprodujera una ambientación noventera bien balanceada; en lugar de esto, se nos presenta una serie de momentos, un tanto forzados, para que no se nos olvide que estamos en la década de 1990: la lentitud de las computadoras para descargar un archivo de audio, el aterrizaje de Carol Danvers en un Blockbuster, el coche de los agentes de SHIELD estilo Pulp Fiction, menciones a AOL y, por supuesto, la banda sonora compuesta por Elastica, No Doubt, Garbage (que son una analogía sonora de la rudeza de la protagonista).

Por otra parte, una precuela tiene como ventaja la posibilidad de ofrecer respuestas a situaciones misteriosas que anteriormente se daban por sentado. Desde la presentación del personaje interpretado por Samuel L. Jackson muchos nos habíamos preguntado sobre su ojo perdido. La cinta ofrece respuesta a esta interrogante, pero es una sumamente inverosímil que deja un amargo sabor de boca por desperdiciar una oportunidad tan buena.

De igual manera, el talento de Jackson es suprimido una y otra vez a lo largo de la película. A Nick Fury lo conocemos como el rudo director y espía de SHIELD, sin embargo, el Fury de los 90 no es más que el agente side kick buena onda de Carol Danvers, cuyo único momento estelar es obtener una huella digital con un pedazo de cinta adhesiva. Nada que ver con el rudo e intrigante Fury que habíamos conocido. Así, da la impresión de que Samuel L. Jackson hace una mala parodia del personaje que interpretó en 1994 en Pulp Fiction.

Una serie de errores terminan por volver a Captain Marvel una de las películas más flojas del MCU: extrañamente, las coreografías de peleas no son tan espectaculares como las de filmes anteriores, los chistes y gags se notan un tanto forzados y no terminan de amarrar en la audiencia, el giro inesperado se ve venir desde los primeros minutos de la película (ubicar al villano no supone ningún reto). Problema mayúsculo es que no se termina de otorgar una identidad propia a Carol Danvers. Esto último, por cierto, no es nada nuevo; recordemos que fueron necesarias tres películas de Thor para que el personaje encontrara su propia esencia, y que la primera Captain America presentó muchos problemas similares que fueron rápidamente corregidos durante la segunda entrega de las aventuras del personaje.

Sin embargo, el error que me parece más grave reside en el crecimiento y desarrollo interno de la protagonista. Y es que no hay nada de esto en la película. Capitana Marvel es  todopoderosa, capaz de destruir naves espaciales con sus propias manos. Este tipo de personajes en realidad no tienen rivales que logren superarlos, en todo caso, pueden meterlos en aprietos al tener habilidades similares, pero se sabe de entrada que el personaje no será derrotado en combate. El recurso que queda para poner en aprietos a superhéroes todopoderosos es hacerlos luchar con sus propios demonios, con sus miedos y sus dudas, con todo aquello que los atormenta y que no los dejan crecer en términos personales, tal y como lo ha hecho Zack Snyder con su Superman y con el Dr. Manhattan de Watchmen. En Captain Marvel, desafortunadamente no vemos a Carol Danvers vencer sus demonios, pues tal parece que no tiene ninguno. Además de ser todopoderosa, es amabilidad y bondad pura, siempre limitada por el mundo exterior a ella, por las críticas y burlas de las personas que la rodean. De esa manera, sólo basta con que Danvers mande al diablo a todos aquellos que no creyeron en ella para convertirse en superheroína de un momento a otro. Así, los guionistas prescinden del crecimiento personal y de la búsqueda interior al que debe enfrentarse todo superhéroe o héroe para desarrollar todas sus habilidades y convertirse en una mejor versión de sí mismo, situaciones que permiten al público identificarse con los personajes.

Estamos, pues, ante una película que generó muchísimas expectativas por ser el inicio de una nueva era del MCU, de renovación de personajes, que no ha logrado mantenerse a la par de anteriores entregas que dieron inicio a nuevas fases como en su momento lo fueron Iron Man o Captain America: Civil War.

Estamos a poco más de un mes de ver interactuar a Carol Danvers con el resto de superhéroes del universo marvelita, tal vez será entonces cuando se corrijan los desaciertos de esta entrega. ¿Danvers encontrará su propia identidad al interactuar con Bruce Banner, Tony Stark o Steve Rogers? ¿La pelea contra Thanos significará un camino de crecimiento personal que ayudará al público a identificarse con Danvers? De nueva cuenta, las expectativas están en el aire. A pesar de ser un filme un tanto flojo, el personaje interpretado por Brie Larson deberá tomar la batuta del MCU. Con ello, los personajes femeninos se van afianzando al mismo tiempo que abren nuevas y variadas posibilidades, hasta ahora no muy bien aprovechadas, dentro de ese género tan raro que es el cine de superhéroes. Ya era hora.

Eduardo A. Orozco Piñon

(Ciudad de México). Es pasante de la licenciatura en Historia que imparte la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha participado como organizador y ponente de un puñado de eventos académicos relacionados con la historia militar y política mexicana del siglo XIX, temática y periodo de la que es especialista. Asimismo, es miembro fundador y activo del Seminario Estudiantil de Historia Militar y Naval, cuyas sesiones se llevan a cabo en Palacio Nacional el último viernes de cada mes.

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