Burning: Me gusta quemar invernaderos…


En 1984 fue publicado el cuadernillo de cuentos Hotaru, naya o yaku, sonota no tanpen, entre cuyas páginas se encontraba Naya wo yaku (Quemar graneros), un breve cuento de escasas veinte cuartillas escrito por el prolífico autor nipón Haruki Murakami. Aquel cuento corto fue redimensionado en 2018 por la mente del maestro surcoreano Lee Chang Dong, para crear un salvaje filme de dos horas y media.

En Burning conocemos a Jongsu (Ah-in Yoo), quien es un joven recién egresado de la universidad que está desempleado, vive sólo en la casa que su padre ahora no ocupa, y que aún no tiene claro su futuro laboral; entretanto, dedica su tiempo a la escritura de una novela, al mismo tiempo que sueña con ser escritor. Su autor favorito es William Faulkner, pues, a decir suyo, cada que lee una historia del autor norteamericano la siente como propia.

En el más reciente filme de Lee Chang Dong existe un triángulo amoroso entre Jongsu, Haemi (Jeon Jong-seo) y Ben (Steven Yeun). En principio ocurre el reencuentro después de mucho tiempo entre Jongsu con Haemi, su amiga de la infancia (a la cual no reconoce), que detona un episodio sexual esporádico y la partida de ella a África, encargándole su gato a Jongsu, quien se compromete a alimentarlo durante su ausencia. A su regreso Jongsu recoge a Haemi en el aeropuerto, pero le disgusta descubrir que ella no regresó sola, ahora viene acompañada de un hombre llamado Ben.

En ese punto comienza el triángulo amoroso, en el que Jongsu siente celos de Ben, lo cual se manifiesta en una especie de resentimiento de clase. Ben, un hombre de trabajo desconocido, adinerado, con un lenguaje muy fluido y muy educado, además de con muchos amigos de su misma condición económica, le deja claro a Jongsu (al llevarse a Haemi en su Porsche) que las reglas del juego son distintas para ambos. La atracción reprimida por el aspirante a escritor llevará a un desenlace brutal e inesperado.

Recorridos los primeros treinta minutos de la cinta es cuando comienzan las bifurcaciones estructurales que propone el montaje de Lee, quien escribió el guion junto con Jung-mi Oh, ya que a partir de ese momento la película se torna en un thriller de suspenso que, en lugar de dar pistas, propone ausencias estructurales: un gato que no vemos, un invernadero que nunca se quema, alguien invisible al otro lado de la línea telefónica llamando y colgando. Proponiendo una historia que se desarrolla de manera lenta y meticulosamente a través de múltiples subtramas y, a veces, de cambios psicológicos casi invisibles.

Cuando recién se reencuentran Jongsu y Haemi, ésta le muestra un acto de pantomima, en el que pela una naranja. Este acto, insignificante quizá para el desarrollo de la película, puede leerse como el comienzo de la tensión que está por venir entre “lo que es” y “lo que no es”. La naranja es deliciosa, pero es invisible.  Las cosas nunca son lo que parecen o, quizás, lo son, y eso es aún peor. Haemi a través de la pantomima nos dice: una vez que te convences de que hay algo, es difícil creer que no lo sea.

En 1935, el físico austriaco Erwin Schrödinger, ideó un experimento imaginario sobre “un sistema compuesto por una caja opaca cerrada que contiene un gato, una ampolla venenosa y un dispositivo que contiene una partícula radiactiva con el 50% de probabilidades de desintegrarse. Si esto ocurriese, la partícula desintegrada provocaría que el veneno se liberase y el gato muriera. La probabilidad de que el gato esté vivo o muerto es del 50% en ambos casos y la única forma de averiguar qué ha ocurrido es abriendo la caja. Schrödinger afirmaba que, hasta el momento en que la caja se abriese, el gato estaría “vivo y muerto al mismo tiempo”

El gato de Haemi es literalmente el gato de Schrödinger, atrapado en una frontera entre el ser y el no ser. Jongsu y nosotros nunca lo vemos, pero la comida desaparece, la caja de arena está siempre llena y en forma física y evidente para el espectador aunque el gato nunca se manifiesta. Un minino que nunca se ve ni se oye. Es imposible evitar la especulación de que no hay gato, que Haemi lo inventó, ¿pero por qué razón? La especulación aumenta de nivel o tiende a disiparse cuando Ben adopta un gato que al parecer puede o no ser la mascota de Haemi. Así como en su pantomima Haemi creyó en su naranaja, Jongsu cree en que ese gato es real.

El fuego se vuelve fundamental en el desarrollo de la cinta. Para Haemi, es el fuego por el que bailan los bosquimanos de Kalahari. Para Jongsu, es la hoguera de la ropa de su madre en el patio trasero, uno de sus únicos recuerdos claros de la infancia. Y en uno de los momentos estéticamente más bellos del filme, el trío de protagonistas a las afueras de una casa comen, beben cerveza y fuman marihuana; Ben, le confiesa de forma casual a Jongsu que el fuego es importante en la medida en que lo usa para quemar invernaderos en su tiempo libre. “¿Quemas los invernaderos de otras personas?” Jongsu pregunta. Ben, sonriendo con suavidad —su rostro no miente—, asiente.

Le gusta incendiar los invernaderos por el puro placer de verlos arder. Le advierte a Jongsu que el próximo que quemará está muy cerca de él, y que el día en que éste arderá será muy próximo. Jongsu intenta dar con este invernadero, pero nunca lo hace. Haemi desaparece; no existe en el mundo real ya; su departamento está abandonado, y nadie da razón de su paradero. Como Ben advierte: un invernadero desaparecerá muy rápido como para que alguien se dé cuenta, igual que con Haemi.

La madre de Jongsu se fue cuando él era un niño, y su padre, se nos dice, es un granjero enojado y solitario; un veterano militar con una colección de cuchillos que tiene problemas legales por agredir a un inspector del gobierno. La referencia a Faulkner no es gratuita: en 1939 se publicó en la Harper’s Magazine un cuento corto que comparte el mismo nombre que el cuento que años después crearía Murakami, Barn Burning; en esencia, el cuento del autor de ¡Absalon Absalon! comparte con la obra de Chang Dong la tensión entre sus personajes principales. En el primero, dos hombres tienen una disputa por un granero; en la segunda, dos hombres tienen una disputa por una mujer.

Ben, adinerado y hombre de mundo, externa un conflicto de clases que abre el debate sobre la incomodidad de estar con un grupo de personas a las que no se pertenece. Siempre con una respuesta confiada, Jongsu jamás puede comprobar la sospecha que crece en él sobre que Ben ha matado a Haemi. En Burning, los tres personajes principales giran en círculos cautelosos, mirándose con deseo, desconfianza, necesidad y nunca seguros de la exactitud de sus percepciones, retomando a Faulkner en Barns Burning diciendo que “el corazón humano está en conflicto consigo mismo”.

El final resulta tan inquietante como confuso. La estructura de la cinta se erige de manera brillante sobre el resentimiento por parte de las clases bajas, de la clase trabajadora y la visión del sentido de posesión del género masculino, y la consecuente paranoia e inexorable violencia a las que conduce. Con la inestimable ayuda del director de fotografía Hong Kyung-pyo, los editores Kim Hyun y Kim Da-won, el compositor Mowg y el trío de actuaciones estelares, Lee ha creado una película hipnótica e inquietante que trasciende el género para profundizar en la condición humana.

Fernando Teodoro Gabino

Egresado de la Licenciatura en Historia por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Únete a la conversación en Twitter: @AlfaVinyl

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