I’m a legend… undead #TodosSomosZombies: Un fetiche de la democracia [Interludio]


Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta. Thomas Bailey Aldrich, Sola y su alma.

En 1954, Richard Matheson publica Soy Leyenda, novela llevada al cine en varias ocasiones, la última de ellas con Will Smith en el papel estelar. Tanto en Viviendo al final de los tiempos (2010) como en Bienvenidos a tiempos interesantes (2011), Slavoj Zizek analiza la estructura detrás de esta obra, pues cree que “una de las mejores maneras de detectar los cambios en la constelación ideológica es comparar sucesivas versiones de la misma historia” (2010, p. 74), en este caso la novela y las tres adaptaciones cinematográficas; y concluye que en el filme de 2007 “La gradual regresión ideológica se puede observar aquí con toda su pureza clínica” (Ídem, p. 76). Desmenucemos la tesis de Zizek (pp. 74-77) con una comparación entre la primera y la última versión cinematográfica de esta obra para comprender este desplazamiento ideológico.

En la novela de Matheson, el protagonista es Robert Neville, aparentemente el último sobreviviente humano tras una pandemia que ha convertido a la especie en vampiros. Como menciona Zizek: “No hay paradoja en el eslogan: incluso el último hombre vivo no está solo, pues lo que permanece con él son los muertos vivientes.” (p. 75) Todos los días explora en los alrededores en busca de provisiones para mantenerse con vida; cuando se oculta el sol, busca resguardarse de los no-muertos que atacan su hogar, entre ellos Ben Cortman, su antiguo vecino, quien todas las noches lo llama para intentar asesinarlo. En la primera versión fílmica, Ben Cortman es además el compañero de Neville en el laboratorio donde trabajan para encontrar la cura.

Aquí debemos detenernos en el primer tópico a analizar de esta historia: El germen transforma al prójimo en un ser ajeno y hasta peligroso, un vampiro; aunque desconocemos si el infectado pierde la consciencia (como se cree de los zombis), o en realidad sólo revela su auténtica personalidad.

El punto es que al volver ya no son los mismos, idea que veremos repetida constantemente en el cine undead,1 donde uno de los lugares más comunes es el dilema de matar al ser querido convertido en zombi. En la novela y en la primera adaptación, este conflicto no sólo está presente en la relación entre Neville y Cortman, sino incluso con su propia esposa Virginia, quien al morir no es incinerada como habían ordenado las autoridades, sino enterrada en un lugar cercano, desde donde regresa a su antigua casa para intentar beber la sangre de su marido. En el filme de 2007, esta situación límite se presenta con Marley, la perra que lo acompaña, a quien tiene que asesinar luego de que es infectada, en la escena más triste de toda la película.

 

Pero entonces si el germen produce el renacer de los muertos, estamos quizá ante la primera explicación “científica” de la leyenda. De hecho, parte de la trama gira en torno a esa idea: al principio del tercer capítulo de la novela, Robert Neville recupera la frase dicha por Van Helsing en Drácula: “La fuerza del vampiro reside en que nadie cree en su existencia”. Pero a diferencia de Bram Stoker, Matheson atribuye las resurrecciones a la ciencia: “Es un germen. Una bacteria cilíndrica. Introduce en la sangre una solución isotónica. La circulación de la sangre se ralentiza. El bacilo vive en la sangre. Sin ella los bacteriófagos lo matan, o pasa al estado de espora.” Y también la forma de contagio es relevante, dado que “si el vampiro se descompone, las esporas transportadas por el viento, germinan en otros cuerpos y los infectan.”

Neville cree que, si consigue detener al bacilo, la humanidad podrá conservarse, aunque ésta sólo resida en él. Y la ciencia será su mejor aliada. En nombre de ésta se dedica a asesinar (re-matar, dirían los especialistas en zombis) a los vampiros, y en cuanto descubre el secreto del contagio, acelera el proceso de aniquilación. ¿No estamos ante el surgimiento de la biopolítica y del discurso que encubre el darwinismo social? Los vampiros, representantes del pasado aristocrático, merecen ser asesinados por el hombre moderno, individual; antes que acaben con esa individualidad.

Los vampiros pertenecían a otra época, como los idilios de Summers o los melodramas de Stoker. Eran apenas unas líneas en la Enciclopedia Británica o quizás material para escritores o películas de mediana calidad. Una débil leyenda que se había transmitido de siglo en siglo. […] Y antes de que la ciencia hubiese destruido la leyenda, la leyenda devoraría la ciencia y todo lo demás.

¿El pasado realmente devoraría al futuro o más bien la moderna ciencia estaría justificando una antigua leyenda? ¿Estamos ante una dicotomía entre el pasado que vuelve y el progreso que soñamos? La novela plantea la paradoja cuando Neville encuentra a Ruth, una mujer que aparentemente también ha sobrevivido a la peste, pero que parece infectada. A partir de este momento, la historia “se centra en la lucha interna de Neville entre su profundamente asentada paranoia y su esperanza.” (Zizek, p. 75) ¿No es éste el dilema del hombre nuevo: Desear un cambio y temer a quienes lo harían posible?

Sin embargo, Ruth ya no es humana, pero tampoco es vampira, sino parte de una nueva era de seres que han asimilado el bacilo y lo mantienen a raya. En pocas palabras, Ruth es la síntesis del hombre y el vampiro, a quienes ve como seres inferiores y por lo tanto, necesariamente exterminables. El final de la novela de Matheson queda abierto: ¿Robert Neville realmente fue sacrificado o se convirtió en uno de ellos?

Y esa es la cuestión central de Soy Leyenda: Dicho nombre se debe a que de igual forma que el vampiro representa el pasado ilustrado, Neville representa ese espíritu moderno que agoniza en las postrimerías de la humanidad.

Sin embargo, en su análisis, Zizek omite una quinta versión que nos ayudaría a comprender de mejor manera dicha regresión. Cuatro años después de la primera adaptación cinematográfica de Soy Leyenda, Georges A. Romero hará su propia interpretación de esta obra con la ya mencionada y mundialmente famosa Night of the living dead (o La Noche de los muertos vivientes, 1968). Cabe mencionar que la versión de Romero sólo está inspirada en esta historia, o sea que no sigue la trama original sino que –como habrían dicho algunos de los filósofos contemporáneos– la deconstruye; aunque en el fondo conserve algunos de los tópicos planteados por Matheson. De ahí, tal vez, que Zizek no la haya incluido en su lista. Sin embrago, Guillermo del Toro (2015) dirá acerca de Romero:

Cuando te habla una parábola de horror, sobre vampiros, no necesariamente te está hablando de vampiros que sólo significa que chupen sangre, significan mil cosas. Si te vas al Drácula victoriano, está canalizando una ansiedad sexual brutal de la época victoriana. Si te vas al vampiro transformado en zombi por George Romero en La Noche de los muertos vivientes, está hablando de Vietnam…

Las películas de Romero, además de ‘deconstruir’ la figura del zombi, poseen un carácter contestatario en su discurso. No en balde, La noche de los muertos vivientes será proyectada en 1968, año emblemático de la historia universal, en el que los dos proyectos políticos existentes (liberalismo capitalista y comunismo autoritario), vencedores en la Segunda Guerra Mundial, ahora se enfrentaban a la crítica de los jóvenes, mismos que exigían un mundo distinto al que les tocó conocer.

Los zombis de Romero serán entonces dichos jóvenes insatisfechos con la herencia de sus padres, mismos que ya no son manipulados por un bokor o brujo; la nueva causa de la epidemia es precisamente desconocida, pero sospechosamente biopolítica.

Notas:

  1. Incluso la novela de terror de Stephen King Cementerio de Animales, recupera el tema de la muerte y el dilema que conlleva la vuelta de la misma.

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Filmografia:

paraleerenlibertad, [usuario], (19/10/15) Guillermo del Toro y Taibo II [archivo de video], [online: https://youtu.be/0qVcROhrj0M]

José G. S. García

[@Xose_G_S_Garcia]. Aprendiz de escritor y prófugo de la academia de historia en la FES Acatlán-UNAM, ha sido y es profesor freelance.

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