Ataraxia interrumpida: De monopolios y distopías científicas


Mientras todos reíamos ―sumidos en la indignación, como es habitual ante las decisiones de cualquier Gobierno en turno― por las contrataciones en cargos administrativos del Conacyt de ése que no había terminado la carrera, de la diseñadora de modas y de la demostradora de Vicky Form, una Senadora le aplicó un típico madruguete a la ciencia.

Y es que, cual cliché de que mientras todos están sumidos en la final del fut se privatiza el oxigeno, de forma discreta la morenista Ana Lilia Rivera, quien ni siquiera pertenece a la Comisión de Ciencia y Tecnología, presentó una iniciativa para crear una Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías que sustituya a la actual de Ciencia y Tecnología.

“Él tenía cualidades que no encontré en otros prospectos”, dijo Álvarez-Buylla sobre David Alexir Ledesma. Francamente no sé a qué se refiera.

“Él tenía cualidades que no encontré en otros prospectos”, dijo Álvarez-Buylla sobre David Alexir Ledesma. Francamente no sé a qué se refiera.

 

Pero como la comunidad científica de este País no es obtusa ―por más que el Presidente la haya querido descalificar incluso tachándola de mafia―, los expertos revisaron la propuesta y descubrieron un intento vil y desvergonzado de conformar lo que no podría considerarse de modo distinto a un monopolio científico. ¿Cómo es esto?

En tanto la actual legislación, instaurada en 2002, reglamenta las funciones y responsabilidades del Conacyt, la que ahora se propone busca dotar a la dependencia de facultades para reglamentar el quehacer mismo de los investigadores. Decidir, así sin más, qué líneas de investigación deben seguirse y cuáles frenarse.

“Esto a todas luces vulnera el principio esencial de libertad de investigación en el que se basa todo quehacer científico. Es, por tal motivo, una propuesta de ley improcedente e inaceptable”, aseguró en un comunicado el Instituto de Biotecnología de la UNAM.

Esto va de la mano con lo que María Elena Álvarez-Buylla, titular del Conacyt, ha venido diciendo desde su primera conferencia como directora general e incluso un poco antes: la ciencia debe estar al servicio del Gobierno para buscar solución a problemas estratégicos de la nación. En principio esto no es descabellado ni habría razones para estar en contra, salvo cuando te enteras que quieren hacerlo regulando discrecionalmente la investigación para darle prioridad a los temas que una sola persona decida.

Una sola persona pues, en vez de un Consejo General con la presencia de actores importantes de la ciencia, se supervisaría al nuevo Conacyt por una Junta de Gobierno que en ausencia del Presidente sería presidida por la propia Álvarez-Buylla, quien sería así juez y parte.

Pero lograr esta omnipotencia no es fácil, sobre todo existiendo instancias que pudieran “competir” en la conducción de la ciencia y tecnología nacionales, llámense Foro Consultivo Cientifico y Tecnológico (FCCyT); Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación; Coordinación de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Oficina de la Presidencia; Consejo Consultivo de Ciencias, o Comité Intersectorial para la Innovación.

Si bien la bióloga había anunciado que a todas las sociedades científicas se les retiraría el apoyo porque “deben financiarse con las cuotas de sus miembros como se hace en el mundo” ―lo cual es falso, pues incluso la Royal Society de Inglaterra recibe apoyo gubernamental―, la iniciativa de ley propone su total eliminación. Desechar ese sistema de ciencia y tecnología con instancias plurales de representación que tantos años costó erigir, para dar paso a un Conacyt sin balance ni contrapesos que acumule el poder y la toma de decisiones.

La Coordinación de Ciencia de la Presidencia ya había sido eliminada, recordó en un comunicado el experto Raúl Rojas González, fruto de los excesos de la “austeridad republicana” del nuevo Gobierno que no considera a la ciencia y a la tecnología como prioritarias.

“Estoy convencida de que esa ley no puede funcionar así”, indicó Julia Tagüeña, titular del FCCyT, a la periodista Bertha Alicia Galindo ―qué gracioso pensar cómo hace apenas unos meses Álvarez-Buylla presentó a Tagüeña al frente de un organismo que ya planeaba suprimir―. “Una ley que concentra todo el poder en un organismo y que quita toda una serie de opciones de que se escuche a la comunidad, pues la comunidad no puede estar de acuerdo”.

La propuesta para instaurar este autoritarismo científico no pudo sino salir de las entrañas del propio Conacyt, sin haberse discutido ni abordado previamente con el gremio —y para qué hacerlo, si su repulsión sería obvia y en ellos no funcionan las consultas a modo—. No fue presentada en ningún foro público ni se dio la más mínima oportunidad a la comunidad científica mexicana de opinar al respecto.

Esto a pesar de que esta misma comunidad había elaborado, a petición de la UNAM, el estudio “Hacia la Consolidación y Desarrollo de Políticas Públicas en Ciencia, Tecnología e Innovación”, consensuado entre 80 organizaciones activas en esas áreas. El documento se le entregó al Presidente electo en agosto de 2018 en el Palacio de Minería, pero al parecer fue enteramente ignorado —¿pensará el tabasqueño que los científicos son conservadores diafrazados de liberales o mezquinos neofascistas?—.

Ante el reclamo de los científicos que levantaron la voz, muchos de los cuales piden la destitución de Álvarez-Buylla a través de una petición en change.org que ya suma más de 6 mil firmas, la Comisión de Ciencia de San Lázaro y el FCCyT alistan un conversatorio de varios días para, en lugar de aprobar una absurda y autoritaria legislación, conciliar conjuntamente los lineamientos para una propuesta de reforma a la que norma actualmente.

Pero no por ello el trago se vuelve menos amargo, es decir: ¿qué pasa por la mente de Álvarez-Buylla, de AMLO, de los morenistas? “El Presidente y yo no queremos ni centralizar ni acaparar, sólo buscamos hacer más eficiente, eficaz y coordinado el sistema de ciencia y tecnología”, dijo la bióloga a La Jornada, pero como buena funcionaria —sobre todo de la 4T— su discurso dista mucho de sus acciones.

Si bien el grado de nepotismo y claro influyentismo —además del “ex cuñadismo”— en esta dependencia nos han arrancado carcajadas aderezadas de completo  rechazo, los atisbos de un monopolio científico, mismos que interrumpieron mi ataraxia esta semana, convierten las risas en preocupación. Y mientras los sagaces medios que se atrevían a revelar lo peor de la Administración, como esa Casa Blanca, se conforman con prestar su espacio para los discursos prefabricados de quien defraudó la confianza de sus colegas.

 

Pirrón Kapuściński

Antiguo rey narrador, físico[CULTURISTA] y artista contemporáneo aprobado por Avelina L. Inflación cosmogónica, interrupción legal de las ideas y enmascaramiento de la verdad a precio de menudeo.

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