Suspiria: Oscuridad, lágrimas y suspiros.


“Tres madres, tres dioses, tres demonios. Madre Tenebrarum, Madre Lachrymarum y Madre Suspiriorum. Oscuridad, lágrimas y suspiros.”

 

En 1845, Thomas de Quincey publicó en la Blackwood´s Edinburgh Magazine una serie de textos que referenciaban la facultad de “soñar espléndidamente”. En esos escritos establece “la existencia de una relación directa entre los sueños, el canal por el cual nos comunicamos con la sombra, y determinadas experiencias de la infancia y de la adolescencia maduradas por la soledad y el sufrimiento”[1]. Es en aquella célebre obra, que después se conocería como Suspiria Profundis, en la que Quincey detalló la existencia de tres madres: Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lachrymarum —conocidas mejor como The Sorrows—. Dario Argento erigió una trilogía basada en estas diosas de lo oscuro, en la que germinó la censura y que sedujo a los amantes del horror: Suspiria (1977), Inferno (1980) y The Mother of Tears (2007).

La Suspiria de Luca Guadagnino (Call me by your name, 2017) presume de adoptar elementos del guion original de Argento y Daria Nicolodi. Es decir, en términos cinematográficos, es una puesta en escena totalmente antitética a la cinta de 1977: no es un remake; es una nueva versión. El espacio geográfico en donde se desarrolla la más reciente cinta de Guadagnino es la Helena Markos Dance Company, situada en el Berlín Occidental aislado y rodeado por la Alemania Oriental, bajo el control de los soviéticos. La protagonista es Susie Bannion (Dakota Johnson, de hipnótica belleza), una joven menonita norteamericana que llega allí y se convierte rápidamente en un punto de interés para el clan de brujas que dirigen el instituto. Comprendida en seis actos y un epílogo, Suspiria establece un diálogo con el espectador que oscila entre el high art y lo político.

Mientras que en la versión anterior conocemos la existencia de un aquelarre de brujas hacia el final del filme, en la nueva esto lo sabemos en los primeros 30 minutos; del mismo modo, la estética apabullante, asfixiante y eléctrica de la versión de Argento ahora se disipa en colores fríos y ocres que se van tornando cálidos con el transcurrir del largometraje, hasta un final en donde todo explota en una orgía de color rojo sangre. El editor Walter Fasano, con quien Guadagnino ha colaborado desde hace mucho tiempo, parece tomar la medida exacta para hacer una experiencia complaciente y dinámica conjugando de forma óptima lo mejor del mal llamado “cine de arte” con el cine más hollywoodense. Para prueba sólo hay que recordar la escena del primer ensayo del performance del Volk: movimiento y sonido danzan juntos, porque, como declara Madame Blanc (Tilda Swinton), “el movimiento es un lenguaje”, y en Suspiria se construye el lenguaje del horror a través de la danza. Mientras el baile perfecto es ejecutado en el piso de ensayos generales, en el cuarto de espejos existe la destrucción corporal —en la que quizá sea una de las escenas más horripilantes del cine de terror del siglo XXI—.

En la versión de Argento figuraban los colores llamativos, ángulos de cámara expresionistas y esa inolvidable partitura de Goblin; en la nueva versión el responsable de la musicalización fue el legendario Tom Yorke (Radiohead), quien acude a distintos tonos para acompañar con fuerza, melancolía y desenfreno los distintos matices de la transición de la menonita Susie al mundo maligno.

Algo que vino a ser totalmente refrescante es la inclusión de un contexto político. Desde el inicio sabemos que se está viviendo en medio del “otoño alemán”, durante la ola de horror desatada por la Facción del Ejército Rojo (o Baader-Meinhof Gang) con la idea de liberar a sus compañeros encarcelados por las autoridades. En la primera escena encontramos a Patricia (Chloë Grace Moretz), quien acude con el Dr. Jozef Klemperer (una irreconocible Tilda Swinton, en el segundo de tres papeles en la película) afirmando fuertes hechos sobre las madres de lo maligno en lo que parecen ser sólo balbuceos al aire y con un diario en el que establece la conexión entre el terrorismo político, la brujería y la compañía de danza Markos. Durante toda la película, aunque no de una manera clara y directa, la película se desplaza al compás de acontecimientos políticos que suceden en las afueras de la compañía de danza. Los informes de noticias del grupo Baader-Meinhof y las discusiones sobre el legado del nazismo, que están constantemente en primer plano, son sólo algunas de las pistas a seguir.

Situada en 1970, en plena división de Alemania, la película tiene un músculo político que a cada momento se ejercita de manera muy clara y que se hace más evidente al final de la misma. Veo claros dos momentos que me parecen estremecedores: hacia el final, el Dr. Jozef Klemperer sale de la escuela de danza para ir a su casa, perturbado por lo que ha visto en el aquelarre; el encuadre es muy simbólico: la luz cubre la calle por dónde camina, mientras que del otro lado del muro existe la oscuridad absoluta. En otra secuencia, cuando la nueva madre lo visita en el epílogo le deja claro que si bien ha visto muchos horrores dentro del instituto, no es, acaso, más horrorífico que la historia de la humanidad; el ejemplo al que refiere la protagonista son los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. La ausencia de luz existe fuera del instituto en la humanidad; las madres, aunque perversas, aún conservan la luz de la sabiduría, esa luz que ilumina el sendero fuera del instituto.

En la versión de Guadagnino, los hombres son esencialmente inútiles, simplemente existen para ser burlados y manipulados. Las brujas son mujeres con demasiado poder, y en el universo de Guadagnino son respetadas y veneradas. Existe también una liberación femenina representada en la apertura del pecho de Susie, como una vagina desangrando en una segunda transición y estado alcanzado; así como la menstruación fue la primera de estas transiciones, ahora el espíritu alcanza un nuevo estadio, se eleva (o desciende al infierno, como lo queramos ver).

¿Cuáles han sido las lecturas, influencias y referencias a las que los autores recientes del cine de horror están recurriendo? Es evidente, que el cine clásico se está haciendo presente y tomando nuevas direcciones; no es fortuito que obras como The VVITCH, Hereditary y ahora Suspiria terminen en aquelarres. Quiero pensar que el cine de terror actual es consecuencia de sesudos estudios de cintas como Hungry Wives (Season of the Witch) (1972), de George A. Romero, o la misma Alucarda, de Juan López Moctezuma.

En Suspiria los males del tiempo pasado nunca nos abandonan realmente, los recuerdos de nuestra historia en la memoria o en cosas más tangibles como la arquitectura o el arte en general están siempre presentes. La película pretende decir algo sobre la inutilidad de tratar de escapar del pasado, a pesar de los fervientes esfuerzos por renacer a la par de hablar sobre el papel cambiante de las mujeres en la sociedad moderna, sólo para recordarle al género masculino que ellas siempre han estado presentes y que hoy día tienen más fuerza que nunca.

[1]  https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=1687524&id_col=100521&id_subcol=100523 

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Fernando Teodoro Gabino

Licenciado en Historia por parte de la FES Acatlán. Estudiante de la Maestría en Historiografía por parte de la UAM -Azcapotzalco. Co- Fundador y Director de Reflexiones Alternas. Únete a la conversación en Twitter: @AlfaVinyl

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