¿Quién es Nadia Murad? Premio nobel de la paz 2018


Alfred Nobel y la ambivalencia de sus creaciones.

Dentro de la naturaleza humana existen dos componentes esenciales: el bien y el mal, los cuales influyen en nuestras creaciones, aunque no sea nuestro propósito inicial. El bien y el mal se han mezclado continuamente tanto en la historia colectiva como personal, o, visto de otra forma, siempre se han enfrentado.

El creador de la dinamita y de los premios más conocidos del mundo, Alfred Nobel, se encontró en medio de esa pugna entre las dos fuerzas: la dinamita benefició los campos de la minería e ingeniería y derivó en grandes avances, pero, lamentablemente como contraparte, en la guerra facilitó y aumentó la tasa de mortalidad entre los soldados.

Así, sobre la consciencia dr Nobel pesó la culpa y decidió legar a la humanidad algo más noble, unos galardones que recuerdan la bondad que existe dentro de nuestra naturaleza. Originalmente estipuló en su testamento que se reconocieran los campos de la medicina, física, química, literatura y paz. El premio de economía sería agregado  en 1968.

Nobel pidió a dos hombres de su confianza, Ragnar Schlman y Rudolf Lilljequist, ser los testamentarios y administradores de su fortuna para llevar a cabo el proyecto antes mencionado. Dejó 31, 000,000 de coronas suecas, y en 1901 se entregaron los primeros premios.

Durante los últimos años se han atestiguado numerosos tipos de violencia, narcotráfico, feminicidios, inseguridad y ataques terroristas. En lo que respecta a los conflictos internacionales, el enemigo protagonista en los televisores es el Estado Islámico, que ha dejado una herida de sangre entre los habitantes de su amplio territorio dominado. No obstante, su contraparte no ha callado.

En el año que recién dejamos detrás, el premio Nobel de la Paz decidió laurear, y al mismo tiempo dar visibilidad, a la lucha por la erradicación de la violencia sexual como arma en conflictos de guerra. Dos personas compartieron el premio: Denisse Mukwege, un ginecólogo que abrió un hospital para ayudar a las mujeres víctimas de violación en el Congo, y Nadia Murad, activista yazidí de los derechos humanos, quien fue la primera persona nombrada como embajadora de Buena Voluntad de la ONU para la dignidad de los sobrevivientes de Trata de Personas, logro que obtuvo después de ser víctima del Estado Islámico. En ella se enfocará esta entrega.

El conflicto del Estado Islámico.

La historia de ISIS (por su siglas en inglés, Islamic State of Irak and Syria) es muy extensa y su origen radica en un territorio polémico y muy codiciado (por su petróleo y gas natural) a lo largo de la historia. Numerosos imperios se desarrollaron en ese pedazo del mundo: persas, babilónicos, bizantinos, partos y otomanos. Cuando se derrocó durante la Primera Guerra el imperio de éstos últimos, fueron las potencias de Francia e Inglaterra las que, mediante el Acuerdo de Sykes-Picot en 1916,  hicieron en aquellas tierras lo que quiso su voluntad. Irak terminó por pertenecer a Inglaterra, mientras que Francia se quedó con Siria. (Arsen, 2015).

Dividieron las fronteras sin tomar en cuenta aspectos culturales, étnicos o religiosos, lo que causó grandes problemáticas y los efectos aún persisten.

A pesar de la expulsión de los europeos, Siria e Irak se vieron envueltos en guerras civiles e internacionales, además de otra muy particular: el terrorismo.

Las primeras raíces del Estado Islámico (Bardají, 2015) radican en un jordano llamado Abu Musad al-Zarqawi, un enamorado de ALQAEDA  y de la Yihad que en 2003 tomó ventaja de las condiciones que atravesaba Irak: la invasión estadounidense acompañada de la opresión y marginación del pueblo sunnita ante el nuevo gobierno chiita de Nouri al- Maliki, quien sustituyó a Saddam Hussein. (Dawod, 2016, pp. 53-54).

Abu Musab al-Zarqawi asentó las bases ideológicas de la organización ALQAEDA en Irak (primer nombre de ISIS; paulatinamente, a lo largo de su evolución, cambiaría de nombres). Por ejemplo, su prioridad era tomar control territorial de los mismos pueblos musulmanes, trabajar desde el espacio cercano, lo cual, después de todo, sí le funcionó. Aquello sólo causó discrepancias con Osama Bin Laden, y, finalmente, terminaron por tomar distancia. (Urrutia, 2015, pp.70-71).

Así, con cada contexto político débil, el Estado Islámico de Irak ganó terreno, con los mismos ingredientes que conocemos de opresión, marginación, inestabilidad social, acoso y supresión de las minorías étnico-religiosas, como los yazidíes, el pueblo de Nadia Murad.

Años después, el Estado Islámico tomaría una forma más definida y de pronto en los canales de noticias el mundo se quedaría inmóvil y estupefacto ante esos colores lúcidos de negro, naranja y el fondo amarillo que se quedarían en nuestras mentes. La propaganda yihadista de sus decapitaciones harían eco para aterrorizar y frenar no sólo a sus adversarios, sino a todo el mundo. Sin embargo, aún logran cautivar a jóvenes occidentales que se sienten desplazados por sus propias sociedades y terminan uniéndose a las filas de ISIS.

Las ideas arcaicas que quiere reestablecer el EI para traer de nuevo a la luz el imperio árabe perdido de los siglos VIII y XV juegan en paralelo con la tecnología de las redes sociales del siglo XXI (Debray, 2016, p.36). Es un choque de épocas que  tiene consecuencias brutales: es un arma para reclutamiento, alimento para el miedo y, con descaro, para el comercio de mujeres convertidas en esclavas sexuales, siendo las yazidíes las principales víctimas. Cabe señalar que ésta es una de las formas de autofinanciación de esta organización, aparte del 50 por ciento de ganancias que reciben del petróleo sirio vendido en el mercado negro, la extorsión, el robo de piezas arqueológicas, secuestros, el cultivo de algodón y el chantaje. (Paulic, M. y Vince, P,2016, pp.165-166).

La abogada de Murad, Amal Clooney, expresa en el prólogo del libro YO SERÉ LA ÚLTIMA, Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico, que las jóvenes víctimas de la trata de personas son vendidas en Facebook por la escalofriante cantidad de 20 a 30 dólares.

Se señala también que los militantes del EI venden a estas niñas y mujeres también mediante Whatsapp y Telegramm. Además de encontrarse en Facebook y en Twitter —como lo describe Nadia en su libro— una cuenta llamada pro-EIIS, se encontró un panfleto con las reglas para los militantes del EI y su convivencia con las esclavas, donde figuran preguntas tales como “¿está permitido golpear a la esclava?”, cuya respuesta era afirmativa, al igual que en el caso de “¿está permitido tener relaciones sexuales con una esclava que no ha alcanzado la pubertad?”. (Hatzad Hazsheni, 2014).

Nadia Murad y su lucha.

El año 2014 es crucial en la historia de EI y de Nadia Murad. El 10 de junio de ese año, el nuevo líder al-Baghdadi toma la ciudad de Mosul y se autoproclama califa. Luego daría prisa al asedio a la Kojo.

Con sólo 21 años de edad, en agosto de 2014,  esta joven yazidí vio cómo se llevaba a cabo un genocidio hacia su pueblo, y perdería a sus seis hermanos y a su madre; el pueblo yazidí fue protagonista de un genocidio más. Murad y otras chicas serían víctimas, precisamente, de la violencia sexual como arma de guerra; las convirtieron en sabiyya o sabaya, es decir, esclavas sexuales de DAESH. Además de verse expuesta a maltratados y diversas humillaciones.

Finalmente, después de tres meses en cautiverio, y ante un descuido de su captor, Nadia pudo escapar, y gracias a la bondad de una familia de Mosul pudo llegar hasta uno de sus hermanos y reencontrarse con los pocos parientes que le  quedaban. Empezó su trabajo por la reconstrucción de la paz.

“Mi historia narrada con sinceridad y con objetividad es la mejor arma que tengo contra el terrorismo, y pienso seguir utilizándola hasta que esos terroristas se enfrenten a un juicio”. (Murad, 2017, p. 298).

Hasta noviembre de 2015, contó su historia en un foro de Naciones Unidas dedicado a las minorías. Empezó a trabajar con YAZDA, una organización conformada por otros yazidíes alrededor del mundo dedicada a defender a las mujeres y niños víctimas de genocidio. Así también, Nadia logró que la ONU reconociera tal delito y la apertura de investigaciones contra los militantes del EI. Canadá  y Francia abrieron sus fronteras a refugiados yazidíes y, un año más tarde, Murad creó su propia fundación, “Iniciativa de Nadia”, dedicada a ayudar a supervivientes de genocidio y trata de personas, así como a apoyar a los yazidíes a la reconstrucción de sus comunidades.

Esto es lo que ha logrado Nadia con sólo contar su historia y no quedarse callada: darle una voz a su pueblo para que el mundo los tomara en cuenta, para decir que están presentes y hacer al mundo consciente de las injusticias que sufrieron, buscando que a nadie le sea ajeno lo que sucede en esa parte del mundo.

La lucha del bien y el mal, de la guerra y la paz, continuará, pero se puede diluir el mal si acciones como las de Nadia prevalecen y se imponen con fuerza para la reconstrucción de la paz y de la humanidad. Para recordarnos que todavía hay esperanza, y, sobre todo, que la acción debe imponerse sobre la indiferencia.

<b style=”display:none;”>123Anonimo, (s/año) Alfred Nobel y la Creación de los premios. Recuperado de: http://bvs.sld.cu/revistas/his/vol_2_99/his03299.pdf[/note]4</b>

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Krizia Fabiola Tovar Hernández

(Estado de México). Actualmente estudio el cuarto semestre de la licenciatura en ciencias humanas en Centro Universitario de Integración Humanística.

<b>Referencias</b>

  1. Fottorino, É. (2016). Qué es ISIS, Ensayos para comprender el terrorismo. Paris, Francia; Paidós.
  2. Murad, N. (2017) Yo seré la última, Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico. Barcelona, España; Plaza & Janes.
  3. De Pamela Urrieta(2015)ISIS, Más allá de la Barbarie. Recuperado de:rubisolidari.org/wp…/11/ArticuloISIS_-PamelaUrrutia.pdf ‎, pp. 68-81
  4. Bardají, R. (2015) Las raíces del Estado Islámico. Recuperado de: https://www.fundacionfaes.org/file…/news/…/20151127134223.pdf

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