El nuevo logo del gobierno de México, la recuperación de la historia de bronce.


La llamada “4ª transformación” se ha caracterizado por utilizar la historia de México para vincularse ideológicamente con los movimientos revolucionarios más importantes de la historia del país. Un vínculo, hay que decirlo, que no se había visto tan fuerte —al menos por la generación educada en la década de 1990— desde la alternancia de poder en el 2000.

La historia siempre ha sido utilizada como legitimadora de gobiernos y como creadora de identidad entre las sociedades humanas, por lo que no debe de extrañarnos el uso que hace de la historia el nuevo gobierno federal. Lo extraño recae en que desde la decáda de los 80s ningún gobierno federal había creado un vínculo tan estrecho con el pasado mexicano, pues siempre se buscó mirar hacia el futuro, hacia la globalización y el primer mundo. Por supuesto, que la relación entre gobierno e historia se ha mantenido, pero se había debilitado conforme a cada sexenio (cabe recordar las patéticas y carentes de contenido fiestas del bicentenario de la independencia y del centenario de la revolución de 2010).

Esta relación entre el gobierno y el pasado no es para menos, pues  para los gobiernos que aplicaron el modelo económico neoliberal desde los 80s, con las transnacionales y los bancos como rectores de la economía, así como el impulso de la tecnología desmedida como referente de progreso (sea lo que sea que las élites económicas entienden por “progreso”), ha sido incompatible con los ideales revolucionarios que formaron a esta Nación. Por ello, la mejor forma de alejarse de este proyecto de nación fue la adopción de figuras cuyos ideales representaron, durante mucho tiempo, el espíritu de la lucha por la democracia, la independencia, la soberanía y la justicia. Morelos, Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas aparecen, sin duda, como estos grandes referentes nacionales y vale la pena soltar algunas opiniones al respecto.

Morelos e Hidalgo: ambos representan el movimiento de independencia. El primero desde la legalidad, al ser promotor de la Constitución de Apatzingán en 1814 para otorgarle legalidad a las regiones controladas por los insurgentes. Hidalgo, por otra parte, se vincula con el inicio del proceso de independencia en 1810 —aunque ya desde 1808 las élites económicas novohispanas veían con descontento al gobierno metropolitano— y con una visión idílica del movimiento popular que apoyó esta primera fase, más que de las élites intelectuales, comerciales y militares que después terminarían por finalizar el proceso en 1821. Por lo tanto, el mensaje es simple: la Independencia fue un movimiento popular y fundacional de creación de instituciones independientes y soberanas. Tanto Hidalgo como Morelos representan los ideales libertarios que han acompañado la ideología de los diferentes proyectos de nación durante toda la vida del México independiente.

Benito Juárez: al centro, sosteniendo la bandera de México. No debería ser sorpresa, pues este personaje fue referente histórico de López Obrador desde mucho antes de que iniciara su campaña por la presidencia. El Benemérito de la Patria siempre ha figurado en la simbología del país; podríamos arriesgarnos y sugerir que no hay personaje más retratado, identificado con gobiernos, citado, repensado y vuelto a pensar, como Juárez. Su historia, no carente de épica, ha quedado plasmada en el imaginario del mexicano: indígena, de orígenes más que humildes, logró acceder a altos cargos políticos por medio de la determinación y de la educación. Tras la revolución de Ayutla en 1854, una nueva generación de liberales tomó las riendas del país y buscó sacar a México de los conflictos armados, políticos y sociales, de igual manera, se buscó terminar con las injusticias cometidas por la Iglesia y el Ejército Santaanista. Juárez representa, de nuevo, la justicia y las leyes como medio de transformación, pero también la lucha intestina que ha divido a México desde sus inicios: liberales y conservadores, y después republicanos y monarquistas. Referente de las Guardias Nacionales, el pueblo organizado en armas, contra el ejército que eran más medallas y simbolismos que defensa nacional. Sin duda, el gobierno de la cuarta transformación se encuentra a sí mismo en la figura de Juárez y de su generación, así como los ideales encarnados en torno a estos personajes soberanía y respeto a ley.

Francisco I. Madero: Madero dio inicio al movimiento revolucionario el 20 de noviembre de 1910 a las 6 de la tarde con el plan de San Luis, en contra de un gobierno dictatorial que había primado el progreso antes que la justicia social. Triunfó, pero su proyecto de nación no terminó por cubrir las necesidades de los grupos más radicales que se habían levantado en armas. Su insistencia en perdonar a sus enemigos al final terminó por ser contraproducente, pues generales porfirianos se alzaron en su contra durante la decena trágica. Al final fue asesinado, al no poder gobernar para todos. Para este nuevo gobierno representa la idealización de la democracia, “el sufragio efectivo y la no reelección”, situación que no es menor tomando en cuenta el largo historial de fraudes y triquiñuelas electorales sufridas a los largo del siglo XX y en lo que va del XXI, así, la figura de Madero trae a cuenta el ideal de elecciones libres y limpias, verdadero fundamento de todo gobierno democrático.

Lázaro Cárdenas: el último de los personajes que aparece en la simbología del gobierno. Heredero directo de la Revolución Mexicana impulsó la expropiación petrolera, a través de la cual se regresaban los recursos naturales a la administración del gobierno mexicano. La segunda imagen en importancia de Andrés Manuel y último referente de “izquierda” en el gobierno de México. Durante la Segunda Guerra Mundial fue llamado a servir en la defensa de la nación y a impedir la intervención de Estados Unidos en las políticas militaristas de la región. Su imagen representa el rechazo total al neoliberalismo y a la intromisión política y económica del extranjero. Representa el nacionalismo, la reafirmación de la soberanía del pueblo mexicano sobre sus recursos naturales, la industrialización como motor de la economía nacional, la autosustentabilidad y la lucha contra las ideologías de extrema derecha del siglo XX que hoy renacen con asombrosa fuerza en algunas partes del mundo.

Dos hechos resaltan de la presentación del nuevo logo de gobierno federal: 1) el hecho de que no se tome en cuenta el periodo colonia ni mesoamericano, como si aquellas etapas históricas no fueran parte del México decimonónico, imposibles de compaginar con un proyecto nacionalista-republicano, aún queda por estudiarse con mayor profundidad ambos periodos y todavía falta integrarlos al discursos histórico público, pues constituyen momentos claves de la historia nacional; 2) destaca también la ausencia de personajes femeninos (ya bastante señalado desde la presentación del logo), ante ello cabe decir que el propio gobierno federal ha asegurado que en los próximos días se darán a conocer logos de otra dependencia de gobierno que incorporan a los personajes históricos femeninos de la historias nacional.

Estamos ante un gobierno federal que, a diferencia de los gobiernos priistas del siglo XX o de los panistas del XXI,  se sustenta a sí mismo en las grandes luchas revolucionarias del México independiente, entendiendo las semejanzas y difrencias de cada una de ellas; que tiene un gran sentido de la trascendencia histórica de los acontecimientos del presente; que comprende el valor de los símbolos y del simbolismo. El nuevo gobierno federal nos invita a la relfelxión colectiva, como mexicanos, de nuestro pasado.

Por Francisco Vera Pizaña y Eduardo Orozco

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