Siga adelante. Reseña post-electoral: La doble vida de Jesús


Querido lector:

¿Alguna vez ha leído a Armando Alanís Pulido? ¿No? No se preocupe. Cuidado, no es de Alanís de quien voy a hablar; esto puede parecerle extraño, pero ya verá que no lo es, no se confunda. Me tomo la libertad de mencionarlo por lo que estoy a punto de contar, y porque no hay nadie más quien quiera meterle mano a este texto (eso espero):

En la colonia me respetan, saben de mis contactos, / de la cercanía que tengo con los que están lejos, / saben que yo controlo la zona / y que la chota me conoce y halconea / y me da el pitazo cuando es necesario, / saben que soy tan agradecido como agresivo. / En estas calles me dejan ser, en estas calles distribuyo.1

¿Nota los tejos de la corrupción? ¿No? No se preocupe, no pasa nada: siga adelante.

¿Conoce usted a Enrique Serna? ¿No? No se preocupe, para eso es esta reseña. No pregunto si lo ha leído, porque muchas veces no recordamos a los autores ni los títulos, como Meade. En fin: ¿qué tiene que ver Alanís con Serna? Ya lo verá.

Pero antes quisiera hablarle de uno de los libros de Serna (Ciudad de México, 1959), de La doble vida de Jesús —Alfaguara, 2014— específicamente, novela en la que el reconocimiento es el motivo principal de la narración. Reconocimiento personal, sin atravesar demasiado por la ontología, ni las hagiografías —¿acaso no le suena a usted de algo el nombre de Jesús en el título?—.

Jesús Pastrana, político morelense y aspirante a la Alcaldía de Cuernavaca, lleva una vida cuidada a detalle; carente de excesos, con una actitud precavida y aptitudes formidables, desempeña sus cargos (el de síndico y el de padre de familia) con honestidad y sinceridad —que no es lo mismo—. Y, sin embargo, desde la infancia lo ha perseguido la sombra de una vida que le hubiese deparado la dicha y el vertiginoso gozo que desenfrena el alma, desencadena las pasiones, aflora los sentimientos impasibles y descarrila del destino que dan la moralidad y la formalidad.

Una esposa con la que tiene malos tratos desde hace años, pues sabe que el amor se extinguió junto con el estira y afloja de la pérfida monotonía; descubrimientos intrigantes, sociedades, asociaciones, actores e instituciones políticas implicadas con el hampa; el descubrimiento de un intenso amor junto a la aceptación de un secreto que, de tanto esforzarse por ocultar, termina cediendo por la fuerza del recuerdo; una lucha por la reivindicación de la sociedad, junto con una campaña política plagada de incertidumbre, miedo, amenazas y la posibilidad de erigir una estructura de gobierno sana, que por fin logre encaminar a la sociedad de la mano con su salvador, Jesús Pastrana, a la tan anhelada paz social. Serna no pierde un segundo en satirizar la divinidad con la que se ufanan los políticos, llegando al nivel de la prosopagnosia si se quiere.

La doble vida de Jesús, pienso, no es la doble vida —pública y la privada— del político, sino la verdadera resurrección de un mesías, aunque mexicano y revolucionario; un Jesucristo encarnado en las marañas de un político confundido y soez, rodeado de sus doce inconfundibles; un “sacristán” de los tiempos modernos que pretende llevar a Cuernavaca al ostracismo de la política atrofiada y de sus titulares degenerados.

Es un fenómeno curioso el que le ocurre a la literatura mexicana, a la vez que triste e ineludible: la corrupción, el narcotráfico y los grupos de poder, coludidos con el crimen organizado, son temas recurrentes de nuestra literatura, que no puede excluir al narcotráfico de entre sus líneas, así como el gobierno de entre sus filas y la sociedad de entre su cotidianeidad.

La obra que nos atañe no es solamente un libro sobre narcotráfico, mucho menos de política, sino uno en el que Serna planteó la cuestión: “¿qué haría yo siendo un político?”, o en líneas más generales: “¿qué haría un político impecable dentro de un sistema ingobernable y una sociedad tan corrompida por la conformidad?”.

Pienso en que en las líneas que conforman a La doble vida (…) corre la sangre que dejó el paso del hampa por Cuernavaca, que se limpia con la impunidad, en documentos con páginas en blanco y párrafos cubiertos por cientos de trazos. ¿Quién está aquí para salvarnos? ¡Jesús Pastrana!, el político que explora las vejaciones de la decadencia moral y el fastidioso cruce de su verdadera identidad sexual, mientras el narco, que ya ha burlado todos los niveles del gobierno, pretende llegar a él, ponerle un cuatro y convertirlo en marioneta, dando por sentado que todo el aparato burocrático está a su merced mientras los patrones, sentados con un jaibol o un caballito de mezcal en la mano, enuncian: saben que soy tan agradecido como agresivo.

Un alto número de mexicanos hicieron efectivo su voto hace poco, se eligió al ejecutivo para otorgarle el alto mando. ¿Está tan seguro, querido lector, de que no hay nadie detrás de la persona a la que le entregamos el poder?, ¿de si tiene ésta las manos vacías y sólo la mente llena de ambición por el saneamiento del gobierno, por la paz nacional?, ¿de que no es controlado por el hampa, de que sus pasos y acciones están medidas con recelo? Mis preguntas, aclaro, son inocentes: no insinúo nada, no tengo certeza de nada.

Pero otra pregunta más certera: ¿Logra usted vislumbrar los remanentes de la corrupción por todo el país? ¿No? No se preocupe, siga con su vida; aquí no pasa nada. Es más: ¿quiere otra reseña, o qué es lo que quiere?, usted dígame. Al fin y al cabo, Mis aspiraciones son muchas: / Líneas suficientes (ahí no hay problema). / Tener un corrido (y que lo canten Los Tigres del Norte). / Eliminar a mis enemigos (que son todos, hasta mis amigos).2

César Eliel Huerta Romero

Estudios en curso: Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, especialidad en Periodismo en los Medios por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Sus intereses se centran en el periodismo cultural (difusión de la cultura). Tiene un blog, en WordPress, ‘La Isla de las Breves Ausencias’, en donde vuelca inquietudes personales, a la vez que ensayos y crónicas

Referencias

  1. Últimas palabras del Rodo, narco de mi colonia. – Palabras Emboscadas, de Alanís, quien es más conocido por sus libros de poesía y por ser el fundador del movimiento  literario Acción Poética, en 1996,  que consiste en llevar la poesía a los muros apretujados y solitarios de la urbe, distinguiéndose por el fondo del muro color blanco —simulando una página vacía— y letras negras. Su lema es “Sin poesía no hay ciudad”.
  2. Mis aspiraciones (carta a un amigo), de Alanís igualmente.

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