Columbus (2017)


“El elemento más minúsculo de su arquitectura se conformaba perfectamente al complejo conjunto del edificio.”

Yukio Mishima.

Kogonada (Seúl, Corea del Sur) debutó como director de cine el año pasado durante el Festival de Sundance donde presentó Columbus, tras haber generado altas expectativas desde el momento en que los medios internacionales se enteraron de que trabajaba en su propia obra fílmica. ¿La razón de tal hype? Antes de convertirse en cineasta, Kogonada había ganado fama internacional gracias a sus videoensayos de series de TV y de autores de índole mundial.

En Columbus —obra derivativa de su obsesión académica hacia Yasujiro Ozu—, Kogonada nos presenta a dos personajes que viven bajo la presión tanto de su figura paterna como materna: Jin (Jhon Cho) llega a Columbus, Indiana, después de que su padre —un ávido estudioso de la arquitectura de esa ciudad— ha quedado hospitalizado por un derrame cerebral. Es en ese tiempo en el que conoce a Casey (una hermosísima Haley Lu Richardson),  que es amante de la arquitectura, guía de turistas y vive en casa de su madre. Así, los dos entablan una amistad —y algo más— que construyen al recorrer la arquitectura de Columbus.

Que la película esté ambientada en tal ciudad —una mini metrópolis estadounidense— no es gratuito, ya que a partir de los años 50 comenzó a albergar una serie de estructuras modernistas de gigantes de la arquitectura como Eero Saarinen, IM Pei y Richard Meier; lo mejor de la Escuela alemana de Bauhaus, la influencia de Aalto, la escuela austriaca con Neutra, la influencia de Le Corbusier y más se juntaron en un solo lugar. De tal forma, Columbus se convirtió en una de las capitales mundiales del Movimiento Moderno.

En la cinta, los recorridos por los edificios de la ciudad —que se asemejan a los recorridos de la trilogía Before— son de lo más interesante. En estos paseos nuestros protagonistas encuentran las claves para esclarecer un poco su futuro y su presente —al mero estilo Lost in Translation— desde el primer encuentro en que los vemos en pantalla mientras los separa una valla metálica y comparten cigarrillos; el caminar lento, casi medido por relojero suizo, hace que la escena donde por fin los vemos el uno frente al otro sea una explosión de calidez desorbitante. Kogonada evidencia que no sólo tiene una habilidad especial para crear arte visual, sino también un oído muy peculiar para las conversaciones.

Mientras descansa, Jin revisa algunos apuntes de su padre y se nutre de los significados que residen en la fisionomía de la ciudad; Casey intenta mantener una estabilidad emocional al saber que su madre se ha enredado con un hombre que no le trae nada bueno a su vida. La química entre ambos actores se hace más que evidente, la sonrisa por demás resplandeciente de Haley ilumina toda la pantalla. Su relación a manera figurativa de la película se sostiene a través de la construcción de un entendimiento silencioso y poético con escenarios que contextualizan de manera excelente cada instante de la película. Por ejemplo, en un shot de la película podemos apreciar un diálogo entre los protagonistas en primer plano, y en segundo plano la forma hexagonal de la cúpula de la North Christian Church, que simplemente sintetiza la personalidad de Jin, de apariencia dura y fría por fuera, aunque en su interior sea cálido y acogedor, como el espacio del recinto religioso.

Históricamente, en Oriente menos es más. Por tanto, no es extraño que Kogonada haga de la sutileza una explosión de emociones. Visualmente la película es apabullante, no sólo por el hecho de estar filmada en una ciudad con una historia arquitectónica destacada, sino por la cámara de Kogonada hace lucir cada estilo arquitectónico de manera intensa y única.

Alejado del estilo de Bresson, a quien debe una epifanía al estar montando un videoensayo de él, el mayor logro del realizador fue la creación de composiciones precisas y geométricas que incorporaron la arquitectura moderna de la ciudad y las vidas de condiciones sociales distintas; distintos modos de ver la vida y todo esto mientras atrae al público hacia una historia emocional, en donde los personajes parecen estar sumamente quebrados.

 

                   “-Gracias por todo.

  -Gracias por haber estado aquí”

Columbus, 2017

 

 

 

Fernando Teodoro Gabino

Egresado de la Licenciatura en Historia por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Únete a la conversación en Twitter: @AlfaVinyl

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