Efraín Huerta y su Luneta de cuatro pesos (1952-1953).


Efraín Huerta y la crítica cinematográfica de mediados del siglo XX.

Durante mediados del siglo XX el cine formó parte medular de la cultura popular en México; desde los inicios de la exhibición de cine en nuestro país hubo personalidades que dedicaron a la crítica cinematográfica y que fue publicada en distintos periódicos y suplementos culturales. Los ejemplos sobran: Cube Bonifant, fémina sinaloense que fungió como crítica de cine en El Universal Ilustrado, por otro lado, el mismo Xavier Villaurrutia tiene páginas de crítica de cine en la revista Hoy desde el año de 1937. Así, durante la primera parte del siglo pasado otras plumas destacadas de la literatura mexicana se acercaron a la escritura del cine fueron Ramón López Velarde, Amado Nervo y Salvador Novo, entre otros.

Hacia la segunda mitad del siglo XX existían secciones especializadas en cine como “Luces” de Fernando Morales en Esto; en Excélsior, Álvaro Custodio redactó su columna “Cinema”, Justo Rocha en La Prensa nos presentó “Vestíbulo” y “Máscaras y perfiles”; por su parte Arturo Perucho escribía “El Cine” en El Nacional. A su vez, había revistas especializadas en espectáculos y cine como Celuloide, Cinema Reporter, El Cine Gráfico y El Cartel.

Entre todas estas figuras de la pluma cinematográfica hay una que destaca por su humor y que escribió, por lo menos, una veintena de años en diferentes publicaciones periódicas, hablo de  EfraínHuerta. Si bien ya se han recopilado algunas de sus críticas cinematográficas en diferentes publicaciones como en el libro Close Up y Cine y anticine: Las cuarenta y nueve entregas, ninguna de las anteriores ha recopilado los textos de Efraín de la publicación llamada El Fígaro; la cual tuvo una vida de 1952 a 1982 y estaba dedicada al mundo del entretenimiento popular.

Huerta se consolidó como una figura y referente de la escritura cinematográfica, además de El Fígaro, ejerció su oficio como crítico de cine en columnas como “Radar fílmico” en El Nacional, “Ases y estrellas” en Nosotros y “Llamado a las siete” en Cinema Reporter. En 1945, Efraín Huerta como se cuenta en el prólogo de Cine y Anticine junto a Marta Elba, Edmundo Valadés, Eda Ortiz Villacorta, Enrique Rosado y Carlos Bravo y Fernández fundó PECIME (Periodistas Cinematográficos y de Espectáculos de México), con el fin de estudiar los fundamentales problemas en la industria fílmica nacional y así, aportar fórmulas para su solución.

Huerta publicó textos en una gran cantidad de periódicos, suplementos y revistas utilizando ya sea su nombre o en algunos casos pseudónimos. Cada columna tenía su propio perfil y objetivo; algunas analizaban a fondo diferentes temáticas del cine nacional a manera de ensayos, otras eran notas breves de un corte más ligero sobre temas puntuales que había visto en las películas como la que comentamos aquí; las cuales eran más una guía semanal para el público en general. Para entender mejor la labor del otrora poeta, en este texto -que es una breve recopilación- presentaré un año de sus críticas en el semanario El fígaro y así conocer un poco más el panorama de la industria del cine entre 1953-1952.

***

El Fígaro y la “Luneta de cuatro pesos”

El Fígaro fue un semanario popular también conocido como “El moradito de los domingos”, dado que su venta se daba en el séptimo día de la semana, e inició su vida a principios de la mitad del siglo XX,  [1] el cual  era un compendio y guía semanal de los espectáculos ocurridos en la ciudad de México, poniendo cierto énfasis en la Lucha Libre, ya que el pancracio se llevaba gran número de páginas centrales llenas de fotografías de cada contienda, por otra parte, dentro de las páginas del semanario también encontramos los espectáculos de cabaret, de teatro, de música y de deportes en general. El cine por su parte no podía faltar, formaba un complemento más en el entretenimiento de aquellos días en tanto que el así como la lucha el cine era un entretenimiento popular, ya sea por su bajo costo de entrada o ya sea por su facilidad de entendimiento a través de imágenes que acaso cualquier persona pudiese entender, en este semanario se podía observar la cartelera semanal, una columna de reseña cinematográfica y la mencionada revisión de Efraín Huerta.

Su primera columna fue publicada hasta el número tres de la vida del semanario,  el día 28 de julio de 1952. Sin firma de Huerta, años después sabríamos que este escritor fue el autor de dicha columna, como bien lo ha mencionado su hija Raquel Huerta-Nava y Jorge Ayala Blanco en distintas entrevistas.

Entre 1946 a 1952, el incremento en la producción fílmica nacional tuvo un despliegue exponencial -solo comparado con el de hoy día en el sentido de cantidad de filmes hechos- que se mantendría hasta los años setenta y que se vio reflejado en la columna de Huerta. En ese sentido, la primera columna inicio de este modo “Esta semana hubo bastantes estrenos en numerosos cines de primera categoría. Y como sería largo y fastidioso dar a usted señalada noticia de cada una de las películas que entraron en el cartel, nos referiremos ligeramente a ellas, dando datos de temas, actores, dirección, etcétera que a lo mejor le ayudan a hacer su programa para este domingo. Así que con su permiso…”[2] y las películas de las que dio cuenta fueron las siguientes: Junto a mi corazón, Rostros olvidadosUna noche en París, Novios último modelo, Parsifal y Te veré en mis sueños. Cada semana a manera de costumbre Huerta reseñaba todas las películas que se exhibían en cartelera capitalina.

El cine, sabemos, es un producto cultural que sirve como un reflejo de la realidad en que vivimos, Efraín lo sabía, esto lo podemos apreciar en la columna del 25 de agosto, en la cual Huerta reseñó la cinta de Roberto Rossellini que se desarrolla en plena segunda guerra mundial,  de la que dice en la parte final de su texto: “Pues bien, esto es Alemania año cero: una acusación, un testimonio de lo que el hombre puede hacer, cuando el miedo, el desprecio y el horror lo convierten en una bestia de las cavernas. Como cine no se lo pierda, como documento humano, ¡estúdielo!”[3] Cómo leemos, para Huerta el cine no sólo es un divertimento sino un espacio de reflexión sobre el acontecer diario.

Siguiendo la línea de las películas históricas en el número 23 de la revista el 15 de diciembre Huerta escribió una cantidad mayor de líneas de las que regularmente dedicaba a las reseñas, esta atípica situación fue a causa del estreno de ¡Viva Zapata! protagonizada por Marlon Brando, la cual adjetivó de la siguiente manera: “Claro que no faltará quien le diga que los personajes de esta película, llevan los nombres de algunos héroes mexicanos, tales como Emiliano Zapata, Francisco I. Madero, el sinvergüenza de Huerta y otros. Pero esto es simplemente coincidencia; en realidad, no se trata de los héroes mexicanos. Si se tratara,  Hollywood,  habría mostrado mayor tacto y habría puesto a sus escritores a LEER la Historia de México y no a inventarla”[4]

Si bien en el anterior observamos el desacuerdo total con Hollywood y su manera de llevar a las pantallas grande historias con trasfondo histórico mexicano, tampoco dudó en sacar las tijeras y acusar a Hollywood en cualquiera de sus aristas, por ejemplo; Cantando en la lluvia fue reseñada de manera que deja entre ver lo que Huerta pensaba sobre el conservador Hollywood: “Magníficos bailes de (Gene) Kelly y (Donald) O’Connor, bella música. Pero, sobre todo, valiente, aunque suene rara la valentía en una película musical. Sí, aquí, Hollywood ha tenido el valor de reírse a carcajadas de… ¡Hollywood! Se ridiculiza la época del cine mudo,  formada por rutilantes estrellas que no vean más que gesticulantes figuras.”[5]

Además en México ese año llegó el abuelito de las muestras de cine francés conocido simplemente como “La semana de cine francés” celebrada del 1 al 9 de junio de 1953, misma que fue reseñada por Huerta y sin embargo lo que más llamó mi atención es el comentario de Efraín hacía el cine Hollywoodense en comparación al francés: “Hay cosas que no puede hacer y ésta es una de ellas:  la pintura realista de los bajos fondos de la sociedad, el progresivo caer de una mujer por las pendientes de la sexualidad y el vicio, serán cosas que hay allá pero que de plano no pueden hacer su cine puritano, excesivamente trabado con amarras de cien censuras. Y el espectador que sabe esto ve la película sin conmoverse y llega al final sin interesarse usted sabe”.

En aquellos años de la década de los cincuenta en la cartelera mexicana se exhibían los grandes clásicos del cine mundial, -o al menos los que hoy día consideramos así- siguiendo esa línea,  Huerta en su papel de crítico y analista lo mismo podía hablar del cine Hollywoodense o bien del más exquisito cine de autor oriental, por ejemplo,  el texto sobre Rashomón de Akira Kurosawa deja entrever ese toque de humor del poeta mexicano, el cual nunca dejaba de lado, esa fluidez narrativa y ese sentido de persuasión para el lector: “Y todos cuentan la cosa de modo distinto. ¿Quién dice la verdad? Es el argumento en pocas palabras. Pero, con tan poco los señores de Japón han hecho una señora película. En serio,  perderse Rashomon es como ser aficionado al béisbol y perderse la serie mundial. Palabra”[6]

Y ya que hablamos de un gran director del cine a nivel mundial, veamos lo que Efraín dice sobre un muy conocido Luis Buñuel, ya que en 1953 se pudo observar El bruto onceavo opus del director español, a lo que Efraín comentó: “Lo que un director puede hacer en una película, ya debíamos dejar de discutirlo. Buena prueba de esto es lo que se ha hecho Luis Buñuel con este argumento de Luis y Raquel Alcoriza: desarrollado en los bajos fondos de la capital, presenta un tipo fornido y tonto, de instintos primarios que mata sin querer y sin darse cuenta ama. Magnífica interpretación de Pedro Armendáriz, que está como en sus mejores tiempos. Brillante Katy Jurado, que aquí se manifiesta con un temperamento y naturalidad que debe tenerla muy, pero muy satisfecha. En general, la película le tira muy poco impresionar a las mayorías: pero dentro de un plano muy serio, muy cinematográfico y muy bien hecho. Véanla.”[7] En este apunte podemos observar que Huerta ya no sólo se enfoca al director o al argumento de la cinta sino que también destaca el trabajo todas las estrellas mexicanas de aquellos tiempos.

continuando con la línea anterior, debemos mencionar que durante la década de los cincuenta la exportación de estrellas cinematográficas era muy poca, uno que otro iba al extranjero (Estados Unidos) a probar suerte, hacía una o dos películas y con más pena que gloria regresaban a México a continuar con su carrera de manera local. Acaso, una excepción a la regla fue María Félix, quien intentó realizarse como actriz, no en Estados Unidos, sino en Europa (Italia y Francia fueron sus objetivos), lo anterior no pasó desapercibido para Huerta y en su “Luneta de cuatro pesos” se soltó escribiendo así del primer largometraje de Félix en Italia, La Mesalina, la cual transcribo tal cual aparece en el semanario.

En Europa se ha pensado que María Félix es parte de la escenografía de una película y nada más; por lo visto nadie ha descubierto allá, que la señora es capaz de actuar, y actúa bien, como lo demostró en varias películas mexicanas. Esta vez Cesáreo González, propietario del contrato de María, hizo un consorcio hispano-italiano para filmar, dirigida por uno de los buenos directores de la tierra de Mussolini; pero, aunque el director sea bueno, todavía no lo es lo bastante para descubrir que debajo de la extraordinaria presencia de María Félix, hay una actriz que bien conducida sabe lograr magníficas escenas. Desde que la cinta comienza hasta que termina, se ve que no hay más guapos y tuvo qu e lucirla como mujer. El argumento es decir la adaptación que narra el hecho histórico (?) de la cinta es muy malo, muy pedante, lleno de palabra hueca y absurda. En cuanto al doblaje será el sereno, pero cuando vemos a un romano hablando como un español de los que abundan en México nos dan unas ganas tremendas de reírnos de Mesalina, de los centuriones,  del circo romano y de todo el glorioso pasado de la época de los césares[8]

Por otra parte y continuando en la línea actoral y mientras unos triunfaban en el extranjero -o al menos lo intentaban- Huerta veía el inicio de la debacle de la carrera cinematográfica de algunas estrellas nacionales, por ejemplo, Tin-Tán fue víctima de Huerta, quien describió el argumento de la más reciente cinta del cómico mexicano La isla de las mujeres como “una tontería deshilvanada y absurda. Que sólo sirve de pretexto para que el simpático cocodrilo haga de las suyas y Lilia del Valle muestre las suyas (usted sabe de qué hablamos) entre otros atractivos, la cinta tiene varios bailes hechos por los hermanos Silva y bailados por guapas chicas que da gusto verlos… y verlas”[9]

Y observamos que Huerta no dejaba cabo suelto y bien podía alabar o destrozar a un actor, el que sea, para muestra la que considero la mejor crítica de todo el año cinematográfico aquí reseñado, no sólo por la película sino porque como ya lo vimos Huerta era un crítico férreo, en ese sentido las pleitesías que veremos, no son gratuitas, la cual le hace a Candilejas de Charles Chaplin,  cinta que no sólo significó un hit en la taquilla mexicana sino que además fue el regreso a la pantalla grande del mimo más famoso de la historia del cine, crítica que también transcribo al calce:

Después de varios años de ausencia vuelve a la pantalla la figura mágica del rey del cine, Charles Chaplin. Esta vez el mimo genial no ha recurrido a satirizar el medio en el que vivimos, no se burla ahora de nuestra descomposición social ni fustiga la criminal manía de las naciones de matarse en guerras horrorosas. No, esta vez, Chaplin tomó un argumento sencillo lo que se llama un melodrama, lo metió en el cuarto sorprendente de sus corsos. Y ese tema que, en manos de otro no pasaría de ser una película sensiblera, se convierte en una cinta extraordinaria, medida prodigiosamente en la que una escena de patetismo sigue a otra de comicidad admirable. Que es un maravilloso cómico ¿quién no lo sabe? pero cuando se piensa que el concierto en la cinta es tocado por él. Que es de él todo el montaje, que él la dirigió y que por él fueron redactados los diálogos, no hay más remedio que decir: ¡Charles Chaplin, saludamos en usted al máximo representante del arte cinematográfico! Y nos alegra que, pese a la malévola campaña yanqui, el público de este cine, en cuanto sale el nombre del artista rompe aplauso. Bello ejemplo.[10]

Entre los años de julio de 1952 julio de 1953, Efraín Huerta público 320 críticas en el semanario El Fígaro, su columna no hizo falta cada semana -recordando que a partir del número 33 el mes de febrero de 1953 el semanario se convierte en bisemanario con un costo de 20 centavos- analizando todas las cintas en cartelera, a excepción del número 31 y 41 en la cual no hubo tal columna o bien algunas veces en las que sólo referenciaba a una cinta ya que no hubo ningún estreno nacional (cosa atípica en esos días).

Podemos decir que en la exhibición de cine de aquellos años, existía un vasto compendio de temáticas. El cine nacional ofrecía una cantidad considerable cintas y la oferta extranjera se hacía presente de una manera más que saludable en la cartelera nacional. Inclusive podría decir que haciendo el balance general 60% de las películas que se reseñaban en “Luneta de cuatro pesos” eran películas extranjeras.

***

Los textos de Huerta son imprescindibles para la cabal comprensión de la historia del cine nacional, las diversas publicaciones tanto como crítico, periodista, ensayista y analista del tema cinematográfico, nos dan un panorama vasto de las diversas temáticas a través de las cuales el cine puede ser estudiado, tanto el sistema periodístico como histórico.

Apuntes como los presentados en este espacio me hacen preguntarme sobre la relación entre crítica y su aportación histórica. Es en este punto que confieso que para mi la distinción entre creador y crítico es cada vez más difusa en tanto que quien crea lo que hace es confesar una ausencia de algo que existe en la realidad; en ese sentido valdría la pena preguntarnos -desde los primeros años de la crítica- ¿Por qué valdría menos un ensayo crítico como el “Polífemo” de Alfonso Reyes que una novela que a día de hoy se presentan en  la mesa de novedades de las librerías más prestigiosas del país? Si pensamos a la obra crítica como el resultado de una visión del mundo desde ciertas coordenadas, es decir, como un producto cultural, entonces el análisis de los textos de Huerta -y de otros autores- no es en sentido menor, no por el hecho de hacerlo, sino que a partir de ello podemos entender mejor una visión específica del mundo ya que el crítico es la voz de una producción estética de un tiempo determinado. Naturalmente, hoy en día es menos palpable esa distinción porque cada vez avanzamos más hacia la hibridación de géneros en donde existen obras que van desde el ensayo, pasando por la autobiografía y que a su vez conjugan la narrativa creando visiones del mundo acaso más nutridas.  La crítica es de aportación invaluable para el conocimiento histórico; en donde se integran saberes, se integra experiencia y que dan como resultado líneas de hondura estremecedora.

***

 

-La publicación o publicaciones periódicas que abordarán como fuente histórica o como objeto de estudio.

Huerta, Efraín, Luneta de cinco pesos, El fígaro, Numero 1-57. México, 1952-1953.


-Bibliografía y otras fuentes que utilizarán en su trabajo.

-García Alejandro (compilador), Evelin Tapia (Colaborador), Close up, Volumen I, México, Ediciones La Rana, 2010, p. 285.

– _ _ _ Close up, Volumen II, México, Ediciones La Rana, 2010, p. 337.

-Huerta-Nava, Raquel, <<Cine y anticine>> Las cuarenta y nueve entregas. UNAM, 2012.

-García, Riera, Emilio, Breve Historia del cine mexicano, Primer siglo. 1897-1997, México, CONACULTA-IMCINE, 1998,  466 pp.

-_ _ _, Historia Documental del Cine Mexicano. Vol. 4. Guadalajara, México, Universidad de Guadalajara, Gobierno de Jalisco, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Mexicano de Cinematografía, 1993, 18 vols.

-Peredo Castro, Francisco, Martin, Cine e historia: Discurso histórico y producción cinematográfica (1940-1952),  México, D.F., Doctorado, UNAM-FFYL, 2000, pp. 517.

-García Gustavo (compilador) Viendo la luz… salas de cine en la literatura mexicana, 2012.

-Una pequeña marquesa de Sade, crónicas selectas (1921- 1948), Pertiga.

 

REFERENCIAS

[1] Editado en la ciudad de México, el director del mismo fue Federico A. Sandoval, su jefe de redacción Agustín Mora, las oficinas de redacción estaban ubicadas en Av. Morelos 45-301. El precio de cada ejemplar era de treinta centavos. Así mismo distribuido por Distribuidora de Periódicos. Libros y Revistas, ubicada en avenida Instituto Técnico 269. El semanario era impreso específicamente en talleres de Rotograbado S.A. Mercado Num. 52, México. DF.  esta información pueden encontrarla en el primer número de El Figaro: El Fígaro, Numero1, México, 14 de Julio de 1952, p.1

[2] Huerta Efraín, “Luneta de cinco pesos”, en El Fígaro, Numero 3, México, 28 de Julio de 1952, p12.

[3] Ibidem, Numero 7, México, 25 de agosto de 1952, p11.

[4] Ibidem, Numero 23, México, 15 de diciembre de 1952, p10.

[5] Ibidem, Numero 15, México, 20 de octubre de 1952, p.15.

[6] Ibidem, Numero 5, México, 11 de agosto de 1952, p12

[7] Ibidem, Numero 32, México, 5 de Febrero de 1953, p11.

[8] Ibidem, México, 5 de Enero de 1953, p12.

[9] Ibidem,  México, 20 de abril de 1953, p13

[10] Ibidem, Numero 50, México, 11 de mayo de 1953, p12.

 

Fernando Teodoro Gabino

Egresado de la Licenciatura en Historia por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Únete a la conversación en Twitter: @AlfaVinyl

Comentarios