Prosa esquizofrénica.


Para Marifer y Elena:

por el caos de la vida y los días de septiembre.

Un hombre danza con el rostro detrás de una máscara.

Las blancas paredes te recuerdan que debes volver al psiquiatra.

Un pensamiento como una espiga de fuerte madera lastima tu memoria.

El árbol frente a mi departamento luce limpio. Sus hojas brillan con la escasa luz del atardecer. No hay aves sino ranas cantando en la barranca. Recorro las calles descuadradas y encuentro en la basura que la lluvia arrasó, la fragilidad de mi existencia.

Un sábado de nostalgias: para aliviar la resaca moral un hombre lee a Nietzsche “Ideas fuertes”. Se dice que no es para tanto. Algunos hombres cometen peores actos. Los débiles van a misa. Los que piensan no buscan salvación.

¿Qué es la voluntad? Ahora no existe.

El hombre con la máscara se debate contra un oponente sin perder el paso de la danza. Algo nos dirá esta noche.

Una mujer y un hombre permanecen acostados bajo un gran árbol vigilados por una cámara de seguridad. Ambos piensan en la soledad compartida. El incendio. La caja de fósforos. El cadáver de los cigarros. Los cuerpos caídos sobre la limpia y negra madera lamida por la lluvia.

El hombre detrás de la máscara imita rugidos. Es un héroe antropológico que se expone a la gravedad del vulgo tras una máscara de jaguar.  

Dos cuerpos del mismo sexo tumbados bajo un cielo raso apenas y se tocan.

_Qué vanidad más erótica_

La lluvia resbala por el cristal de las ventanas.

En esta ciudad no hay gallos que canten el despertar.

Salgo de mi departamento con la escena del hombre angustiado.

Y el hombre de la máscara danza en mi cabeza.

Las luces se apagan en esta parte de la ciudad.

Suenan balazos de un calibre 9 milímetros.

Aún hay luciérnagas guiñando sobre húmeda la hierba.

El cielo es un océano obscuro de metálicas miradas.

Una mujer duerme en mi recuerdo.

Sueña que es feliz con el hombre de su vida.

Yo sueño con olvidarla.

Suena un tlacolol y el hombre detrás de la máscara ruge como un jaguar.

El asesino disparó tres veces.

La primera bala atravesó triunfante la mandíbula de la víctima, dañando lengua, voz y dientes. Un cuerpo cae como el ocaso.

Sangre de su sangre, yo soy. Y la sangre que brotó.

Sin retórica la segunda bala fue directa a la frente.

Los músculos languidecen. La mirada vaga en los momentos difíciles.

La vida atraviesa el espacio tangente como un astro que muere al caer.

No hay amor en la última escena, no tristeza, no temor.

Abraza la nada. Las voces se apagan. Los cantos, los ríos, las palabras.

En la recámara de la pistola calibre 45 descansa el tiro de la desgracia.

Dos segundos después despierta, accionada por la aguja interna obediente al dedo índice de la mano derecha.

Un hombre termina su historia de acero inoxidable embarrado de carne y sangre.

Arriba una parvada de zanates pasa volando. Bajo este cielo desierto que pocas veces me detengo a mirar descansa el cadáver de mi pasado.

El hombre detrás de la máscara danza sobre un charco de sangre y cuerpos mutilados.

La mujer que duerme en mi recuerdo despierta aturdida por el ¡boom! de los disparos.

           Un frío esquelético le recorre la espalda, el corazón y las piernas.  

 

 

De “AUSENCIA” (poemas y prosa esquizofrénica) Inédito.

 

18/Septiembre/2017 Chilpancingo, Gro. México.

Yosh G. Maceda

Yosh GM

Yosh Dracol (Yoshimar Gerardo Maceda) 25 años. Nació en Ometepec, Guerrero. México. Egresado de la Universidad Autónoma de Guerrero: Lic. En Historia. Es un escritor rústico. Su prosa está basada sencillamente en la vida pura y sagrada de un viajero. Es autor de dos ‘poemarios’ inéditos “Nada Permanece” y “Pájaro Yoloxóchitl”, este último está pensado cocinarse de manera rupestre este año. Ha publicado en “Periódico de Poesía” editado por la Universidad Nacional Autónoma de México y en “Círculo de Poesía” Editado en Puebla, Pue. E-mail: aides.dracol@gmail.com FB: https://www.facebook.com/nada.permanece (Yoshimaru Gerard Mac)

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