25 años de ti


La cruz debe de saber algo, recuerdo que siempre que la miraba solía despertar una serie de emociones difíciles de describir que me golpeaban con la intensidad similar a la de una turba enfurecida pero estoy seguro de que soy capaz de reconocer una emoción de entre toda la maraña, solo una. Aquel sentimiento que aparenta ser triste pero provoca felicidad, como traer a la mente un recuerdo tan reconfortante que nos hace sentir extasiados y  felices aunque a la vez sentimos esa pesadumbre de saber que resulta ser simplemente una evocación. Desdichado el hombre que continuamente tiene la oportunidad de ser feliz pero sigue eligiendo el tormento porque solamente entonces comprende lo que siento.

Mis ojos, tu semblante. El fuego ardiente de la juventud en esa piel clara y fresca como la de una mañana fría de invierno. Tu cara, un eterno enigma que parece incapaz de reflejar cualquier tipo de emoción.

La personalidad resulta ser un centro de expresión del espíritu y a la vez el arte es la manifestación de la personalidad. Tu arte es genuino, pero a la vez triste, existe una magia transformadora sorprendente emanando de tu guitarra. Fuerza desgarradora. No es música lo que escucho cuando el instrumento esta en tus manos, son sentimientos tan palpables como si fueran objetos físicos. Tú y la guitarra, parecen tan cómodos al estar juntos que parece que solían ser una sola persona y ahora están condenados a vivir separados siendo que al encontrarse de nuevo lo único que quieren es permanecer juntos. La divina providencia decidió que fuera yo el único espectador de tu concierto y al ver el aura brillante llena de armonía que cubre tu rostro me pregunto si realmente soy digno de esto. Mientras cantas tu voz taciturna invade todos mis pensamientos y en ese momento comprendo que estoy condenado, tanto como lo estuvo mi alma cuando la encerraron en esta vestidura física, estoy perdido.

Una gélida corriente arrasaba con todo lo que se topaba y disminuido por el viento solo se escuchaba el rumor de unas voces, a lo lejos se podía vislumbrar solo una luz en la penumbra de la noche. Aquí adentro solo escucho tu respiración, solo percibo tu aroma y solo distingo tu silueta. No lo puedo soportar, las nauseas dominan todo mi estomago y las siento fluir hasta mi garganta. Salgo y un torbellino de aire me golpea la cara, ya no queda ningún rastro de tu aroma en mí. Hincado me dedico a vomitar con el fuerte sonido de la alarma de un coche detrás de mí y lo único que puedo sentir son tus manos sobre mi chamarra buscando con ansias.

¿Que es lo que buscas? –

– Tu llave –

Al día siguiente solo hay nieve, nieve que me recuerda tu rostro.

Un par de años más  y seguimos aquí, nunca dejamos de jugar. Tirando alcohol por todo el balcón y gritando como si fuera imposible que los vecinos nos escucharan. Inventando bebidas que realmente tienen un sabor espantoso y hablando de todo y nada a la vez.

Bebíamos tan asiduamente aquel día de Diciembre y parece incluso que teníamos prisa por entrar al maravilloso estado de embriaguez. Los que gustamos de beber en exceso lo hacemos por nostalgia del paraíso, nos hace recordar ese divino paisaje en donde no existen las penas ni los lamentos y donde no existe ninguna atadura a circunstancias superficiales. Yo realmente evoque el edén  pues vagando por los confines de mi propia mente sumida bajo los efectos de los shots de tequila fue como tuve el valor de acercarme. Mis manos sudaban y temblaban de una manera indescriptible, mi corazón latía a un ritmo desenfrenado y de una forma tan fuerte que estaba seguro que todos en el salón podían escucharlo, podía percibir las voces nítidas de mis colegas de trabajo que seguramente estaban al pendiente de mi situación como si se tratase de un drama shakesperiano. Cuando mis labios se acercaron a los tuyos mi alma lanzo un grito como el rugido de un león y entro en un profundo estado de catarsis, la mujer es perversa por naturaleza pero cuando se alza a un estado de gracia resulta ser el mejor vehículo para el transporte de la divinidad. Me matas cuando a la misma vez me das vida, y terminas tratando de entrar a tu casa por una ventana cuando sabes que es imposible.

Hoy fue el día más feliz de mi vida o el más triste, la verdad ni siquiera lo recuerdo ¿existe si quiera alguna diferencia? Si fuera el más feliz me haría miserable después saber que jamás lo viviré de nuevo a la vez que si fuera el más triste me haría dichoso de saber que ya no existe algo peor que aquel momento. Me siento como un Bogart moderno al ir en un taxi en solitario a las cuatro de la mañana y llorando por aquel amor imposible, no existe mujer que no pueda ser olvidada con un buen trago de jim beam y agua mineral. Esa noche lamente todas mis experiencias contigo, suplique a la suprema voluntad que me diera lo necesario para poder ser suficiente para ti y viví las emociones mas contradictorias  jamás existidas. Como el valeroso hidalgo corrí hacia ti armado solamente con mis más profundos sentimientos y llevando solamente como escudero la bendición del poder de vida pero tú, mi molino de viento, me destrozaste sin piedad.

Cualquier objeto en las manos de un hombre valeroso resulta ser un arma mortal, una manzana por sí sola no representa un gran peligro pero contigo a mi lado resulto ser un blasón mortífero contra la casa hacia la que la arrojamos. Corrimos como si nuestra vida dependiera de eso.

Se respiraba adrenalina pura en ese concierto y detrás de nosotros la montana se recortaba contra la oscuridad de la noche, por encima de ella un par de sublimes nubes ocultaban la luna. Hacia tanto frio que muchas personas iban cubiertas con cobijas pero aun así saltaban y gritaban al ritmo de la música. Nunca vuelvas a mi lado, tu lugar ya está ocupado… cantábamos con una pasión inigualable. Extendiste tus manos y te precipitaste a ese caótico círculo de gente en movimiento, salvajismo y éxtasis.

El destino sabía que nosotros no estaríamos juntos pero soy tan terco que lo engañe para poder conocerte y en una vida anterior fuiste mi complemento solo eso podría explicar la extraña conexión que emana cada vez que pienso en ti y esa profunda confianza que siento cuando estoy a tu lado, mi determinación fue tan grande que nunca estuve resignado a perderte.

Después de todos estos años comprendo lo que significa la cruz con su halo de pálida luz azul, ahora alcanzo a distinguir que es un faro que llama a todos los adoloridos del alma que buscan terminar con su tormento y los conduce directo al santuario, aquel lugar de esplendorosa magnificencia con un hermoso púlpito, altos muros diseñados al estilo barroco y con un brillante demagogo que rinde honor a la guadalupana y que predica una vida superior a esta. La cruz también me guía pero no a ese templo pues mi santuario esta en ti, tu cuerpo es mi canal de conexión con lo etéreo. Si cierro los ojos lo puedo vislumbrar, dos columnas tras de ti y te veo sentada apaciblemente en medio sobre un brillante cubo blanco. La suprema sacerdotisa que rinde culto a la luna.

Si me esfuerzo arduamente tal vez pueda recordar tu nombre, vaga continuamente en mis pensamientos y resulta difícil creer que lo haya olvidado. Tu nombre representa felicidad y a la vez la tristeza de no ser dueño de la misma…

Las palabras santas escritas y pronunciadas invocan tormentos inimaginables, debe ser por eso que no soy capaz de recordarlo, tu nombre quedo varado en el olvido al igual que aquella pronunciación del nombre sagrado de la única voluntad. Aunque si lo pienso detenidamente creo que tu nombre es el mismo de aquel sentimiento del que soy víctima constantemente, es una fortuita casualidad porque creo que ese si soy capaz de recordarlo. Te llamas melancolía.

 

 

 

 

 

 

Victor Fernández

Victor Fernández nacido el 19 de enero de 1992 en Saltillo, Coahuila. Egresado de la facultad de Sistemas de la Universidad Autónoma de Coahuila en la carrera de Ingeniería en Tecnologías de la información y comunicaciones. Actual profesionista en el área de software para telecomunicaciones. Amante intenso del Cine especialmente del film noir y obras de Woody Allen, voraz lector con un denotado gusto por obras existencialistas. Adepto del Jazz y el Rock.

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