Seductor


Me encuentro en la tina

mientras fumo un cigarrillo;

uno de los tantos efectos colaterales.

Abro mi mente hacia los recuerdos

como si fuera un álbum,

repaso con cuidado cada detalle

que me ha traído aquí…

Jamás habría pensado enamorarme

de la maldad, la debilidad e incertidumbre

de un alma perdida; todo eso fue tu brillo.

Aquello que me hizo volver a amar,

y al mismo tiempo perderme.

 

Fue tu mano la invitación al amor y a la fatalidad;

nuestros dedos entrelazados, el pacto;

esos  tristes ojos marrón, mi razón.

Tu voz, la melodía y el ruido. Tu cuerpo, el placer.

 

Seductor, ahora no estás, pero no lo lamento.

Aunque muero por saber si piensas

en el daño y la fuerza en mí después de ti.

 

Soy un océano en tempestad,

lleno de dudas, miedos y rencores;

debo calmar el terror de las olas,

y los latidos de mi angustiado corazón,

antes de que ya no exista remedio.

 

Seductor, convertida en una guitarra que

sólo vibraba con cada momento junto a ti,

con cada beso letal, siempre regrese por

más de esa música que sólo tú sabías tocar.

 

Abrí mi corazón a ti, un nuevo amor;

mi cuerpo y el tuyo, un rompecabezas ideal;

este amor fue un nuevo continente.

 

Mas tus mentiras, miedos, largas ausencias

y la manipulación a mi alma, terminaron por

consumirme. Destruiste todo a tu paso,

nunca quisiste construir un camino conmigo.

 

Seductor, creo que no viste

al sentimiento cuando era puro.

Tuvo que volverse negro,

sólo así reaccionó tu corazón, y te fuiste

sin escuchar, explicar o entender.

Ni siquiera vi cuando el final llegó,

nuestro amor se rasgó por la mitad,

nosotros nos evaporamos y nada quedó.

 

Pongo todo en la balanza:

lo bueno, lo malo,

las tristezas y alegrías,

y las profundas lecciones que dejaste.

Miro el cigarrillo entre mis dedos; lo analizo.

No quiero ser como tú, no amarme a mí misma

y no poder ver el amor que otros me dan;

no quiero esconderme ni destruir.

 

Seductor, fuiste oscuridad

y al mismo tiempo  luz.

Señalaste hacia el cielo,

contigo vi mis alas por primera vez;

creí que volarías conmigo, pero no fue así.

Las escondí bajo mis omóplatos

con miedo a mostrarlas de nuevo…

Me dolió mucho, seductor, mucho…

 

No puedo dejarme seducir por tu recuerdo,

me voy… sin esta triste historia a mi lado.

Ya tengo las fuerzas y las ganas;

tiro el cigarrillo, sumerjo mi rostro en el agua,

salgo de la tina. Me preparo contra

un mañana, nuevas personas,

y una nueva oportunidad para ser feliz.

Adiós por siempre…

mi querido  y temible seductor.

Krizia Fabiola Tovar Hernández

(Estado de México). Actualmente estudio el cuarto semestre de la licenciatura en ciencias humanas en Centro Universitario de Integración Humanística.

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