Tengo ganas de hablarte de sexo y una pizca de amor


Tengo ganas de sentir una piel, sentir como se eriza y poder comenzar a notar cada milímetro de sus poros, excitados. Quiero sentir una respiración, una saliva, una lengua, algo erótico, que pueda predecir que se prolongará por unas horas, acompañado de música, sudor, y un buen ventilador, una shisha con tabaco de mango, una copa de vino, una pasta, silencios cómodos  y una charla versátil.

Quiero recorrer con mi boca un cuello, unos brazos, unos pechos, unos labios, quiero morderlos y que sean tan deliciosos que se conviertan en una adicción, una muy sensual como tu clavícula, unas pestañas y unas piernas entre abiertas, quiero pasar mis dedos sobre tu cabellera, y conforme pasen los minutos sentir como se humedece antes de lo húmedo de nuestro clímax, un cabello húmedo de tanto movimiento corporal, sensual , largo y suelto que aunque parezca un estorbo, me enamore de él cada segundo, de su aroma.

Quiero seguir recorriendo con mi boca tus orejas, tus lóbulos y acariciarlos mientras quito tu cabello de tu rostro. Luego pasar por tu nariz y sonreír, para que no creas que solo quiero excitarme de ti, de tu cuerpo sino de tu inteligencia, tu sonrisa, tu voz.

Quiero olvidarme del tiempo, quiero olvidarme del mundo, quiero un poco de transparencia al menos en tu piel, que me sostengas fuerte y beses mis pechos, mi abdomen y aprietes mis piernas mientras miras mis ojos y sigues tu camino hacia lo mas bajo, quiero sentirte sobre mí, sin nada que cubra esa piel morena, sin nada que la límite de la mía.

Quiero que sea lo más cerca que puedo tenerte, que sea la única manera de no tener misterios y secretos. Quiero que nuestra respiración sea el único sonido más puro y estremecedor que hay entre nosotras dos. Quiero hacer el amor contigo y desgarrarnos las almas, y fundir nuestra piel, que sea la única manera de ser libres y al mismo tiempo pertenecernos aunque realmente nadie pertenezca a nadie más que así mismo, la manera más clara de amarnos, la única que yo pudiera creer.

Quiero conocer el momento exacto donde te vienes, y tu respiración se agita, y colapsa, donde te llenas de ansias y me aprietas fuerte, donde sabes que vas a soltar cada musculo, donde sabes que quisieras volver a repetirlo una y otra vez, pero conmigo. Quiero que no desees que me venga tan deprisa, quiero que disfrutes cada etapa de extasío en mi, que quieras conocerlo todo y quieras tener el control de mi fisiología, como si solo eso faltara.

Quiero sentir como bailas sobre mí, como eres fuerte y frágil al mismo tiempo, ver tus ojos cerrados, y percibir tus pestañas en tus recorridos sobre mi piel. Quiero matarte por comenzar a rechazarme pero también decirte que siento como comienzas a mostrar una gota tras otra de deseo, y te avergüenzas siempre, que estás conmigo, como si no me pareciera maravilloso cada centímetro de tu piel, cada marca, cada cicatriz, ¡Podría matarte! Conociéndolas, una y otra vez, y al fin te rindes  y vas participando, nos vamos entregando, porque no hay porque tenernos miedo, abrir nuestras piernas ampliamente con placer, sin límites ¡Ah que deleite es el amor con una mujer amorosa y fuerte!

Así todas las mañanas nuestros ojos brillarían de felicidad, de vez en cuando quiero hacerlo a escondidas, fuera de casa, con el tiempo encima, de vez en cuando quiero decirte que tengo ganas, y otras cuantas que me hagas tenerlas, que me dejes hacer que tu las tengas, quiero bailar contigo en una cama, en un coche, en un elevador, en el suelo, en la arena de una playa, de vez en cuando escabullirnos en un hotel, y fingir que no conozco ni tu nombre.

Esas ansias de no volver a verte, de volver a verte. Esas ganas de volver a hablar contigo, de no dirigirte la palabra una vez más. Esa angustia de saber si todavía me quieres, indiferencia de verificar que nunca me quisiste. Esa certeza de saberme libre de la influencia que tenías sobre mí, la emoción que todavía me invade al ver alguna fotografía tuya. Ese saber que me hace reconocer que nunca más sentiré lo mismo, el alivio de saber que no volveré a tener un amor como el tuyo.

Piensame con los dedos.

Kathya Hernández

(Saltillo, Coah. México, 1992) Ingeniera en tecnologías de la información y comunicación, ejerciendo como ingeniero de manufactura. Egresada de la Universidad Autónoma de Coahuila.

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