Felices Platón y Maluma: Filosofía del reggaetón.


Recientemente me encontraba desempolvando mis Diálogos de Platón y me puse a hojear El Banquete. Fueron buenos recuerdos los que me provocó eso, recordé mi época adolescente de la filosofía, cuando aún no era capaz de pensar nada fuera de lo indicado por la academia. En fin, recordé lo bella que era la concepción griego-platónica acerca de los problemas filosóficos, en este texto, particularmente, el problema del amor.

En El Banquete el amor es analizado a partir de ciertos discursos en los cuales se pretende dilucidar cuál es su naturaleza, es decir, cómo es que el amor es. Se parte de presumir que el amor es aquello que nos motiva a ser mejores, un catalizador para nuestras buenas acciones; se dice que por miedo a decepcionar a nuestros amantes, somos capaces de realizar las hazañas más increíbles. Después se habla sobre las distintas formas de amor, es decir, no todo amor te inspira a realizar los más bellos actos, también hay un amor que sólo busca realizarse carnalmente; es como dividir el amor entre un amor vulgar y un amor sublime.

El discurso consecutivo, que es el que levantó el interés de mi reflexión, es el del ser andrógino, el cual detallaré más adelante mejor, por ser el centro de atención e inspiración de este artículo. Por último, se habla de un amor intelectual, el cual es el clímax del diálogo. Después de haber establecido la diferencia entre el amor por necesidad animal y el amor por necesidad espiritual, podemos ver que el amor intelectual se deriva del segundo tipo de amor, del espiritual; éste es el que trae consigo las bellas obras del espíritu, llámense obras musicales, obras plásticas, obras de la literatura, etc. El amor intelectual se encuentra en la cima de la concepción de este texto platónico, lo cual tiene sentido si consideramos que para Platón lo divino está conformado por la triada de lo bueno, bello y verdadero.

Volviendo al mito del andrógino, éste relata que los dioses antiguamente crearon a tres seres que eran perfectos, seres redondos con dos cabezas, cuatro brazos y cuatro piernas. Uno de esos seres tenía dos cabezas de hombre, otro tenía dos cabezas de mujer y el último tenía una cabeza de mujer y otra de hombre. Un día estos seres, que eran bastante fuertes, se sintieron tan poderosos que quisieron atacar a los dioses; debido a esa insensatez, los dioses decidieron castigarlos. El andrógino y los otros dos seres sufrieron el castigo de ser partidos por la mitad. Después de que los partieron, los dioses procedieron a coserlos como una bolsa por el centro del estómago y escondieron las costuras, es justo en el lugar que ahora conocemos por ombligo.

Estos seres ahora se sentían incompletos y pasaban la vida buscando a su otra mitad entre la multitud de hombres y mujeres. El ser hombre buscaba a su otra mitad hombre, el ser mujer buscaba a su mitad mujer y, por último, el ser andrógino buscaba a su hombre o su mujer, dependiendo de su género. Cuando un ser encontraba por fin a su mitad se apresuraba hacia ella y se abrazaban fuertemente para no volverse a soltar hasta la muerte, porque los dioses habían puesto sus órganos sexuales a sus espaldas, así que no podían unirse ni tener satisfacción de aquella unión. Los seres morían de tristeza al no poder unirse a su otra mitad. Los dioses, al ver que su creación moría de tristeza, decidieron cambiar al frente sus órganos sexuales, así los seres hombres y mujeres podían frotar sus órganos y sentir satisfacción, y después seguir con sus tareas. Los dioses pensaban que partirlos por la mitad había sido una buena forma de hacerlos escarmentar y amenazaron con volverlos a partir por la mitad cuando ellos se atrevieran a ponerse en su contra nuevamente. Si los volvían a partir por la mitad, ahora serían seres con un solo pie, un solo brazo y la mitad de cabeza; serían cuatro seres que se estarían buscando incansablemente hasta por fin mantenerse juntos.

He aquí cuando la reflexión se torna sería. Cualquier día, mientras paseaba por la vida, por casualidad escuché la canción de Maluma, Felices los cuatro. Después de tantas veces de escucharla por todos lados, no pude evitar el ponerle un poco de atención. Lo primero que saltó de mí fue mi instinto moral que, debido a mi educación en casa, juzgó como aberrante la idea no monógama de tener una relación en la que participan más de dos personas. Después mi ser posmoderno me hizo pensar más allá del bien y del mal, entonces escuché con cuidado cómo Maluma cantaba que no le importaba si su pareja quería pasar con otro el rato, que él quería que después ella volviera a estar con él, y qué así serían felices los cuatro en una relación. Él está dispuesto a agrandar el cuarto, supongo para estar más cómodos en una relación de poliamor.

Inmediatamente vino a mi cabeza el mito del andrógino. ¿Una relación de cuatro? ¿Es acaso que una vez más nos hemos rebelado contra los dioses? Es posible que nuestras acciones contra natura hayan sido desafiantes a los dioses, creernos superiores a todos los seres, creer que estamos fuera de la naturaleza y el orden cósmico, y creer que todos los seres están a nuestro servicio y disposición. Es nuestra soberbia de querer ser creadores, jugar a ser dioses y dar a luz seres mediante nuestra ciencia, ahora los dioses nos partieron una vez más, ahora somos cuatro seres decadentes que buscamos nuestras tres partes restantes. ¡Ahora queremos un cuarto más grande para poder abrazarnos todos y no volvernos a soltar! Vamos a ser felices los cuatro pedazos de seres incompletos que somos. No sé… piénsenlo.

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