Tláloc ¿Dios de la lluvia?


Durante los últimos dos meses, en el centro del  país y en diferentes estados de la Republica Mexicana, hemos recibido la temporada de lluvias. En algunos días ocurrieron tremendos aguaceros y seguramente, entre nuestras pláticas y otras formas de comunicación cotidiana, salió a colación una referencia o broma hacia Tláloc y sus impulsos por inundar la ciudad, pues, como nos dijeron desde la educación básica, es el “dios de la lluvia”. Sin embargo, esta es una idea muy general, por ello, el propósito del siguiente texto es mostrar que Tláloc, dentro del pensamiento mesoamericano, no era definido solo a través de esa categoría.

Referencia en la red social Twitter sobre la lluvia y granizada del 17de agosto de 2017

Referencia en la red social Twitter sobre la lluvia y granizada del 17de agosto de 2017

 

Comicidad en las redes sociales sobre Tláloc y las lluvias

Comicidad en las redes sociales sobre Tláloc y las lluvias

Las fuentes escritas del siglo XVI y los códices prehispánicos y coloniales, nos indican la tácita relación de Tláloc con las corrientes y cuerpos de agua. Por ejemplo, Bernardino de Sahagún señala  que: “Tenían que él daba las lluvias para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas y mantenimientos: también tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos y rayos, y las tempestades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar”.1

Estas primeras nociones de los autores del siglo XVI, corresponden a un intento por comprender al otro. Así, los cronistas al enfrentarse a un desarrollo histórico distinto, tanto en su forma de aprehender como de representar y entender el mundo, tuvieron que recurrir a analogías y nociones propias de su cultura para explicar las manifestaciones indígenas.

Algunos investigadores, como Sergio Botta y Guilhem Olivier, han analizado este fenómeno y éste último señala que: “se trataba de ofrecer al público culto europeo modelos conocidos que se plasmaban sobre una realidad ajena difícil de comprender”. 2 Es decir, el problema es producto de un modelo analógico e interpretativo, 3 en palabras de Botta, son “definiciones sintéticas” sobre el panorama cultural, religioso y político de los dioses indígenas. 4

En el caso del dios Tláloc, su “definición sintética” tiene por base sus atributos como dios acuático en general y, en algunas definiciones, con el fenómeno agrícola. Sin embargo, gracias al trabajo de numerosos mesoamericanistas en el estudio riguroso de las fuentes documentales y el trabajo etnográfico, hoy sabemos que el papel de Tláloc y el fenómeno de la lluvia son más complejos, al igual que la estructura y concepción de la religión mesoamericana, más allá de la simple categoría de politeísmo.

De manera general, siguiendo al historiador Michel Graulich, podemos señalar que el pensamiento religioso mesoamericano y el carácter dinámico de los dioses obran en correspondencia a los diferentes tipos de ciclos rituales, temporales y de carácter mítico; éstos cambian e interactúan en el mundo por causa de la unión, separación y equilibrio de contrarios.5 Debido a esta dinámica, en la cosmovisión mesoamericana existen relaciones entre los dioses y diversos fenómenos que ante nuestros ojos no son obvias, pero que guardan su propia lógica cultural. En el caso del dios Tláloc, dicha estructura de pensamiento lo relaciona con diversos fenómenos y dioses. A continuación, mostraremos algunos ejemplos sobre la idea anterior, lo que nos ayudará a conocer más de este dios, fuera de su “definición sintética”.

Como palabra, “Tláloc” se ha traducido de diversas maneras, sin embargo, la interpretación etimológica de Thelma Sullivan es la más aceptada por los investigadores; según la traductora, el nombre de la deidad significa: “el terroso, el que está hecho de tierra, el que es encarnación de la Tierra”6 o “calidad de la tierra”.

“Tláloc  encarnado el territorio”, Códice Vaticano Latino 3738, f. 48v.

“Tláloc encarnado el territorio”, Códice Vaticano Latino 3738, f. 48v.

Es revelador que la traducción no se centra en su relación con la lluvia, con los fenómenos que dependen de ella ni con los cuerpos de agua, sino en asociación con la tierra (tlalli), situación que a primera instancia nos parecería poco clara, sin embargo, existen referencias en los mitos y la iconografía mesoamericana que indican una correspondencia entre Tláloc y Tlaltecuhtli, “El dios o diosa de la tierra”.

En algunos fragmentos de los mitos conocidos como Historia de los mexicanos por sus pinturasHistoire du Mexique, los atributos que describen a Tlaltecuhtli son los que conocemos principalmente para Tláloc, es decir, su asociación con la lluvia y su carácter fundador del mundo.7 Esta situación podría excusarse en una simple confusión por parte de los recopiladores de la tradición oral al texto, pero no es una casualidad,  puesto que conocemos la relación de ambos dioses con base en otras fuentes de información. En este sentido, a través de la arqueología y el análisis iconográfico, contamos con una escultura que Eduardo Matos Moctezuma llama Tláloc-Tlaltecuhtli. El arqueólogo concluye que cada uno de los dioses posee su propio dominio y su asociación responde a un momento en particular por el cual estas deidades se juntan, es el período cuando la tierra se fecunda, “que da la vida, de ella nacen las plantas que son el alimento del hombre”,8 es decir, la producción agrícola el principal motor de la economía mesoamericana.

“Tláloc-Tlatecuhtli”, parte de la Colección del Museo del Templo Mayor. El de abajo es un Tláloc y el de arriba tiene el rostro de este dios con cuerpo femenino, Tlatecuhtli.

“Tláloc-Tlatecuhtli”, parte de la Colección del Museo del Templo Mayor. El de abajo es un Tláloc y el de arriba tiene el rostro de este dios con cuerpo femenino, Tlatecuhtli.

Continuando con la relación de Tláloc con la tierra, es necesario referir que no sólo se atañe a la labor agrícola, sino que este vinculo se manifiesta en el carácter geográfico y político, como señala el especialista José Contel: “los dioses de la lluvia mesoamericanos son autóctonos por excelencia y, a semejanza de Tláloc, encarnan la Tierra, es decir, el territorio”.9 Esto toca a la denominación de los pueblos, el altepetl, difrasismo que hace referencia al agua y al cerro, concepto de la entidad político-social prehispánica. 10

Asimismo, en referencia a la cuestión de los cerros y Tláloc, podemos también contar el Tlalocan, el paraíso o lugar de Tláloc, donde van todos aquellos que mueren por situaciones vinculadas al agua; entre las concepciones sobre este destino destaca su posición como un sitio subterráneo y bodega.11 Esta última idea ligada con los cerros, nos lleva al dicho de que son el lugar donde se acumula o contiene riqueza de los mantenimientos de la tierra para los cultivos, es decir, el agua. En ese sentido y hasta cierto punto, las montañas son concebidas como contenedores de agua y también son parte del dominio de Tláloc. De esta forma no es de sorprender que una de las dieciocho fiestas rituales del año, Tepeilhuitl (la fiesta de los cerros), sea dedicada a los cerros y supeditada directamente al fenómeno de la lluvia y a Tláloc.

La relación de Tláloc con la tierra, como hemos visto, se expresa en distintas asociaciones históricas, culturales y religiosas, que a través de las diversas fuentes podemos estudiar y dar cuenta de ello. Como notamos, este vinculo del dios fuera de su definición general como dios de la lluvia, guarda su propia lógica, de tal manera que pudimos referir el accionar de Tláloc más allá del fenómeno pluvial y las aguas.

Los teocalli del Templo Mayor. Tomada de Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra firme.

Los teocalli del Templo Mayor. Tomada de Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra firme.

Para concluir, tenemos que señalar que la asociación de Tláloc con la tierra y el territorio no es la única ligada a la deidad, existen distintas representaciones en códices, por ejemplo, la imagen principal de este articulo, de Tláloc con el atavío de diversos dioses, cuestión que podemos marcar como el fenómeno de “fisión y fusión” que propuso Alfredo López Austin.12 En un tenor similar, tenemos que mencionar también la aparición del dios y posiblemente los tlaloques en representación del quincunce de los cuatro rumbos y el centro del universo.13 Una asociación más que conocemos, es la relación dual de Tláloc con Huitzilopochtli, ejemplificada en el mismo Templo Mayor, en algunas historias míticas y otro tipo de referencias, de donde conocemos estos dioses guardan parentesco y diferentes vínculos más.14

Estos ejemplos de relaciones de Tláloc, distintas a su categoría general con la lluvia, que dejamos a la curiosidad e iniciativa del lector por investigar un poco más, son algunas de las circunstancias que nos dan razón de la muy interesante cosmovisión de los pueblos indígenas, ideas que tienen presencia también en nuestro pensamiento, situación que denota su importancia y trascendencia.

Omar Tapia Aguilar

Omar Tapia Aguilar (Estado de México). Historiador por la FES Acatlán-UNAM. Especializado en estudios mesoamericanos, sus líneas de investigación son la historiografía sobre Mesoamérica (autores, contextos e interpretaciones) y el fenómeno conocido como las fiestas de las veintenas.

Referencias

  1. Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, México, Porrúa, 11ª edición, 2006, p.30.
  2. Guilhem Olivier, “El panteón mexica a la luz del politeísmo grecolatino: el ejemplo de la obra de Fray Bernardino de Sahagún” en Studi e Materiali di Storia delle Religioni, vol. 76(2), 2010, p.389.  http://www.humanindex.unam.mx/humanindex/fichas_pdf/detalle_articulo.php?id=30891
  3. La aplicación clara de esta situación es la manera en como Sahagún presenta a los dioses mexicas en el capitulo primero de su obra. Se basa en dar analogía de éstos con los dioses de la antigüedad grecolatina por similitud de atributos. Por ejemplo, del dios Tezcatlipoca dice “es otro Júpiter” o de Tlazolteotl “otra Venus”.
  4. Sergio Botta, “Los dioses preciosos. Un acercamiento histórico-religioso a las divinidades aztecas de la lluvia” en Estudios de Cultura Náhuatl, México, UNAM, núm. 35, 2004, p. 92.
  5. Michel Graulich, Mitos y rituales del México Antiguo, Madrid, Ediciones Istmo, 1990, p. 287-300.
  6. Thelma, Sullivan, “Tláloc: A new etymological interpretation of the god´s name and what it reveals of his essence and nature”, Citado por Guilhem Olivier en “Tláloc, el antiguo dios de la lluvia y de la tierra en el Centro de México”, en  Arqueología Mexicana, México, Editorial Raíces, marzo-abril de 2009, vol. XVI, núm. 96, p. 43.
  7. Ángel Ma. Garibay, Teogonía e historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo XVI, México, Porrúa, 1965.
  8. Eduardo Matos Moctezuma, “Tlaltecuhtli: Señor de la tierra” en Estudios de Cultura Náhuatl, México, UNAM, 1997, núm. 27, p. 30-36.
  9. José Contel, “Los dioses de la lluvia en Mesoamérica” en Arqueología Mexicana, México, Editorial Raíces, marzo-abril de 2009, vol. XVI, núm. 96, p. 25.
  10. Para profundizar al respecto: Sergio Botta, De la tierra al territorio. Límites interpretativos del naturismo y aspectos políticos del culto a Tláloc en Estudios de Cultura Náhuatl, vol. 40, México, UNAM.
  11. Alfredo López Austin, Tamoanchan y Tlalocan, México, FCE, 2011.
  12. Alfredo López Austin, “Nota sobre la fusión y la fisión de los dioses en el Panteón mexica” en Anales de Antropología, vol. 20, núm. 2, México, UNAM-IIA, 1983, p. 76.
  13. Johanna Borda, “La fiestas del Posclásico a los dioses de la lluvia” en Arqueología Mexicana, México, Editorial Raíces, Marzo- Abril de 2009, Vol. XVI, Núm. 96.
  14. Alfredo López Austin y Leonardo López Luján, Monte Sagrado- Templo Mayor, México, INAH-UNAM-IIA.

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