Lo complejo de dejarte.


Y no te preocupes, dicen que la persona que busca está destinada a encontrar, pero ¡en serio, te aseguro! Que yo era sólo un cúmulo de miedo a acertar todo aquello en lo que me pudiste lastimar y acerté una y otra vez, y así decidí quedarme buscando justificarte en cada fallo. Hoy estoy segura de que no hice nada mal, pero estoy enfurecida conmigo misma por haberme decepcionado, por haberme callado, por haber utilizado la última arma de mi stand: mi dignidad. Tampoco voy a reprocharte ya que yo decidí que me hicieras todo el daño que permití. Pero tampoco soy culpable, ni quiero que me sigas haciendo sentir responsable. Tal vez esperabas a que algo dentro de nosotras se descontrolara para encontrar la justificación perfecta para irte y acabarlo todo (como siempre).

Descubrí que no estoy loca, siempre hablaste con ella, incluso hubo ocasiones en que estando con ella, me regalabas palabras bonitas, muchas veces pudiste mirarme a mí y preferiste que ella se involucrará en tus reuniones con amigas. Sea ella o alguien más, lo tuyo es un juego que poco a poco permití que extinguiera mi propio amor, al grado de mirar tu cuello con huellas que no eran mías y aceptarlo porque ¿cómo iba a dudar de ti?, ¿cómo iba a arriesgarme a perderte? Tú sabes bien lo que conmigo tenías, pero es momento de irme.

¿Logras sentir algún alivio al leer eso? Qué difícil es que la persona que amas te cuestione tanto, te cele en exceso y en ocasiones te asfixie, pero cuando las mentiras comienzan y las historias no concuerdan, surge todo lo demás. Mi corazón está cansado y mi mente desgastada por todas esas ocasiones que decidí esperarte cuando desaparecías, de implorarte amor, de buscar tu apoyo, de desear algo de ti, siempre supe que no estabas donde decías estar, ni hacías lo que decías hacer.

Al final del día nada te llena y siempre tu orgullo acaba con todo. Quise cuidar de ti, darte todo de mi. ¿Tú qué hiciste? En vez de luchar, luchaste a medias. ¿Querías espacio? ¿Para qué? ¿Para jugar? Se necesita mucho más que eso para encontrarse con uno mismo.

¡Sí! Claro que te sigo amando, pero en vez de hacernos brillar, sucedió lo contrario. Sigo aquí esperando a que vengas tras de mí, sabes bien dónde encontrarme, tú quisiste hacerlo mal aunque nunca lo admitas. ¿Qué se siente tener a alguien que te ame así? A pesar de sentir miedo de ser ignorada, de no ser correspondida, de que llegue el día siguiente y no saber de ti.

No soy ninguna mártir, pero en cada fallo aprendí, acepté y te pedí perdón. No debimos hacernos daño, sé el temor tan grande que sientes de perderme, de que sepa cada mentira, cada fallo, pero lo sé.

Kathya Hernández

(Saltillo, Coah. México, 1992) Ingeniera en tecnologías de la información y comunicación, ejerciendo como ingeniero de manufactura. Egresada de la Universidad Autónoma de Coahuila.

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