La selección mexicana: sin rumbo y sin dirección.


La marca de Juan Carlos Osorio con la selección nacional mexicana de fútbol es, si se trata de sólo números, un síntoma positivo para el combinado mexicano. El récord es el siguiente: de los 29 partidos disputados tiene 20 ganados, 5 empates y 4 derrotas (una en tiempo extra); nada mal la efectividad del entrenador colombiano. Sin embargo, si el fútbol se tratará sólo de números, este texto y el fútbol per se no tendrían sentido.

El pasado jueves 29 de junio la selección mexicana fue eliminada de la Copa Confederaciones 2017, y el trago amargo en esta ocasión no se siente tan mal; la estadística lo decía: México nunca le ha ganado a Alemania en un juego oficial, por estirpe era lo presupuestado y por lo visto en el despliegue futbolístico de ambas naciones en la copa era algo natural. Pero esta selección, ¿no le podía competir a Alemania? ¿Cuál era el objetivo de México en la Copa Confederaciones, más allá de ganarla o ganarle a los mejores equipos de esa competición?

Comencemos con la primera pregunta. Claro, el equipo mexicano le podía ganar a la selección alemana. Un juego de fútbol si no lo ganas por un gran juego en conjunto lo puedes ganar por circunstancias: un gol tempranero, una expulsión en contra, por un penal marcado a favor, por un buen o mal día de algún jugador; aunque lo cierto es que apegarse a una de estas circunstancias atípicas para ganar un partido es algo mediocre. También es cierto que aquellos mismos once que entraron al terreno de juego el jueves pasado, en otros momentos han desarrollado un mejor despliegue futbolístico.

Ya no hablemos de la participación de México en copas y eliminatorias de CONCACAF (en donde debería ser rey, pero en dónde también ha sufrido). Yo, a reserva de lo que usted piense querido lector, cuando veo a la selección participar en torneos internacionales como Copa América, Copa Confederaciones y Copas del mundo, espero ver avances con respecto a otras selecciones.

Avances en un sentido futbolístico, tanto en la forma y en el entendimiento dentro del campo de juego por parte de los once que entran al terreno de juego. Creo, y soy fiel creyente, que solamente con un funcionamiento mejor se puede esperar que México juegue de tú a tú con las selecciones del top mundial. Sí, a México se le debe de exigir competir de igual con las selecciones de la élite futbolística, ojo, que no se confunda el competir con el jugar. Todos sabemos que México no tiene los jugadores de la talla de Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, pero eso no debería ser ningún motivo para no competir. El futbol en su naturaleza de juego de conjunto te permite competirle de tú a tú a cualquier nación.

En esta Copa Confederaciones existieron lapsos rescatables del nivel futbolístico que corresponden al nivel que debe demostrar el máximo representativo nacional, si bien no se trata quizá de exigirle que replique la forma de juego de las grandes potencias, sabemos que se puede desarrollar un futbol de mayor calidad que le permita competir de frente contra cualquiera del mundo durante noventa minutos, y no sólo durante lapsos del juego. Desarrollar un estilo de juego, es apremiante.

Desde mi punto de vista, la era de Juan Carlos Osorio, aunque con más victorias que derrotas (una catastrófica contra Chile y esta contra Alemania que pone en su justa dimensión el futbol actual de nuestra selección nacional), ya no se trata de ganar o perder, como pasó contra los teutones este jueves o los portugueses el pasado domingo, se trata de que este proceso lleve al futbol mexicano (hablando de selecciones) a otro nivel.

Es decir, un nivel futbolístico pensado, desarrollado y llevado a la práctica que nos permita competir con argumento, tal como lo hemos visto con destellos en la selección de Mejia Baron (Copa América 93), de la mano de Manuel Lapuente (en el mundial de Francia 98), con Ricardo Lavolpe hace 11 años en la misma competición), y que dé el salto definitivo, constante y firme de entendimiento y funcionamiento en el terreno de juego a través del cual se le pueda competir sin temor a un España, a un Alemania o a un Italia.

No tengo duda de que es la forma de juego lo que le dará el salto de nivel superior al futbol mexicano a nivel selección, no sólo noventa minutos de un partido de octavos de final de copa del mundo o de una copa confederaciones para después regresar al futbol de nivel de CONCACAF.

Por eso a algunos nos molestaron tanto las rotaciones de Osorio en este último mes (y algunos en todo su proceso), porque lo único que le puede llevar a ese nivel futbolístico que se espera de México es la constancia en el juego del mismo grupo de individuos. Es decir, que el equipo titular juegue no una, ni dos veces, sino que juegue la mayor cantidad de partidos posible para crear una competición interna y que el suplente sólo pueda quitar del puesto al titular hasta que éste último haya llegado a un nivel superior. Es el constante juego entre los mismos jugadores lo que hace posible que se mande un balón al área sin ver y saber que alguno de tus compañeros llegará al punto en donde lanzaste la pelota porque sabes que así será, que allí habrá algún compañero. Y ese instinto que te permite un entendimiento sin mediar palabra sólo se logra a través de la competencia interna y del juego constante. Sólo así se pueden ver cosas notables como Chile presionando en todo el terreno de juego sin perder la compostura, y así como ese, los ejemplos sobran.

España, con la clase de liga que tiene, con la infraestructura que tiene, siempre estaba a un paso de estar a la altura del top europeo, se quedaba en la línea, pero un día, ellos ganaron la Eurocopa y se convirtieron en el monstruo mundial del futbol actual. Pero para que ellos ganaran esa copa europea tuvo que pasar un proceso de años en donde se adoptó y adaptó a su selección a un estilo de juego que se desarrolló en un club de su liga. Lo dicho, el entendimiento y funcionamiento son la clave para llegar a un nivel superior.

El ejemplo hoy en día en América Latina es Chile, la selección chilena paso de dos años hacía acá a estar en los diez primeros equipos de la élite mundial. ¿Cómo lo logró? No fue un proceso fácil, más de ocho años lleva jugando una generación (dorada) dentro de la que tuvieron que pasar una cierta cantidad de jugadores y de entrenadores (tan sólo 3), pero los resultados son un bicampeonato de América y un segundo lugar de la copa Confederaciones.

Pero si México y Chile llevan jugando más de ocho años con un equipo base de jugadores, ¿por qué la diferencia es tan grande entre México y Chile? Lo cierto es que desde hace años sabemos que esta generación de jugadores “europeos” ya llegaron a un tope futbolístico y no fueron la solución para lograr cosas que otras selecciones han hecho. La diferencia con las selecciones antes mencionadas es que los jugadores “europeos” de Chile, por ejemplo, juegan cada ocho días en sus respectivos equipos, que están enrolados en equipos de futbol que en sus ligas correspondientes son siempre competidores de títulos. Claudio Bravo, criticado duramente por su temporada en el Manchester City, no se puede comparar con un portero de Granada que compite en la media tabla hacía debajo de la liga española, lo siento, pero no hay punto de comparación. Y hay que aceptarlo, mientras los once titulares de una selección mexicana no jueguen de titulares en sus respectivos clubes (ya no importa la liga), mientras no tengan un sentido de competencia interna por ganarse el lugar en el once inicial, mientras no tengan entendimiento mayor en el campo de juego, no se le puede competir a nadie del top mundial.

A un año de la justa mundialista con nuestras limitantes, y con nuestros pocos aciertos, uno puede esperar lo mismo que México viene haciendo desde los últimos seis mundiales, es decir, colocarse dentro de los primeros 16 equipos del mundo. ¿Ese ansiado nivel futbolístico lo podremos alcanzar en un año? ¿Son las rotaciones de Osorio la respuesta para encontrar esa forma de juego? Yo creo que lo máximo que podemos esperar de la selección de Juan Carlos Osorio es que con sus elementos disponibles intente implantar un estilo de juego que medianamente pueda competir en el mundial. Porque, claro, el futbol desplegado en esta Copa está por debajo incluso de lo que México mostró hace tres años en el mundial de Brasil.

Aquí lo grave es que después de esta Copa Confederaciones no sabemos a quién le rinde cuentas Osorio. ¿Cómo o quién le va a señalar los errores que cometió en esta copa? Un Decio de María que en tiempos de mareas altas esconde la cabeza. ¿Quién le hará ver a Juan Carlos Osorio la realidad futbolística de sus jugadores y lo desengañará de diagnósticos erróneos de lo que pasó en la cancha? El mismo grupo de poder que ilusiona a la gente cada cuatro años con que México logrará lo impensable, con periodistas paleros de Televisa, que lo único que le dan a la gente es una esperanza anclada en cosas sin fundamento.  Lo grave es que el objetivo para los Federativos y la gente del futbol de este ciclo mundialista es eso, llegar al mundial, lo cual Osorio prácticamente ha cumplido, y en ese sentido la ganancia y derrama económica a través de publicidad está más que hecha. A los cotos de poder que manejan el futbol mexicano no les importa lo futbolístico, no hay un modo de trabajo que dé resultados y eso no es un secreto, desgraciada y tristemente es algo que llevamos sufriendo más de cuarenta- cincuenta años.

Con muchos temas en el tintero que dejo abiertos a la discusión, la gestión de Osorio, más allá de objetivos como la Copa Oro, calificar al mundial y tener una digna Copa Confederaciones, desde mi punto de vista, debe enfocarse en crear un estilo que le permita a él o a sus sucesores formar un grupo con los mejores seleccionados de su momento (y no tipos que juegan cada mes en sus equipos), un estilo de juego capaz de ir con argumentos futbolísticos a cualquier competición y salir avante y no apelar esperanzados a un destello de futbol de alto calibre cada cuatro años.

Fernando Teodoro Gabino

Egresado de la Licenciatura en Historia por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Únete a la conversación en Twitter: @AlfaVinyl

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