#TodosSomosZombies: Un fetiche de la democracia. (Parte 3.4)


A Juan Soria, con quien dejé pendiente una charla sobre este tema.

El que ha gustado las entrañas humanas, desmenuzadas junto con las de otras víctimas, fatalmente queda convertido en lobo… Y así cuando el jefe del demos, contando con una multitud totalmente dócil, no sabe abstenerse de la sangre de los hombres de su tribu… ¿No será necesario que perezca necesariamente a manos de sus enemigos, o bien que se haga tirano y que de hombre se transforme en lobo?  Platón, República (565d).

En los últimos artículos he resaltado los mecanismos de defensa que nos permiten seguir por la vida ante la ola de violencia que nos envuelve. Precisamente porque la víctima es infrahumanizada, ya sea responsabilizándola por el crimen que ha sufrido; convirtiéndola en un animal (supuestamente inferior al ser humano) o cosa ―como vimos con la propaganda nazi― o bien, transformándola en un número dentro de las estadísticas. También señalaba que la impunidad imperante acarreaba una justificación del Estado de Excepción, pero ¿Y si el Estado de Excepción fuera en realidad la norma en nuestros días?

 

 

Basado en la filosofía política, Agamben (2005) rescatará tres Estados para desarrollar su teoría del Homo Sacer: 1) Naturaleza, 2) Derecho y 3) Excepción.1

1) El estado de Naturaleza corresponde al supuesto momento original del ser humano, anterior incluso a la organización de la sociedad y sus correspondientes leyes. Desde el punto de vista de los diversos autores que han abordado el concepto, podemos inferir la propia condición natural del hombre: Para unos será perverso per se por lo cual se hará necesario insertarlo en un estado fuerte que lo controle a través del monopolio de la violencia. Para otros, la condición humana será regida por las leyes naturales y éstas a su vez por la razón, por lo cual, cada individuo será libre y sabrá gobernarse sin perjuicio hacia los otros. Habrá otros más que sugieran que el hombre es bueno o malo de acuerdo a la sociedad que lo eduque.

2) El estado de Derecho se entiende como aquel en el cual todos los sujetos se encuentran inmersos dentro de un marco legal. En teoría, hasta el poder soberano debe apegarse a la norma jurídica. Para los pesimistas, este estado serviría para controlar la guerra que el ser humano mantendría en contra de sus pares. O en otras palabras, para evitar que los Caínes sigan asesinando a los Abeles. Para los optimistas, el estado de derecho coarta la libertad del hombre. Para los últimos, será el contrato social que los pares firmarán para que la libre convivencia no desemboque en el caos.

3) El estado de excepción o de emergencia es aquel en el cual el soberano trasciende al estado de derecho con el fin de preservar el estado de cosas. Agamben afirmará que el estado de excepción da fundamento al estado de derecho sobre el estado de naturaleza.

Freud (1975), por su parte dirá que la ley se fundamentará en la culpa. En un principio ―Estado de Naturaleza―, se encuentra la familia por parentesco (o lo que en la Roma arcaica se entendía como gens2) cuyo líder (o Pater Familias) gobierna de forma autocrática, estableciendo el poder soberano y prohibiendo a los hijos (sobre quienes ejercerá el derecho de vida y muerte) reproducirse con las mujeres que pertenecen a la misma gens. El padre entonces gobierna como el hombre lobo del que hablaba Platón en su República (1986). Agamben (1998) también encontrará relación entre el poder soberano, el Homo Sacer y la figura mítica del licántropo, aquél que se encuentra entre el hombre y la bestia.

Volviendo a Freud, los hijos intentarán terminar con la tiranía del padre asesinándolo ―Estado de Excepción―, e incluso alimentándose de su cuerpo, con el fin de obtener parte de su vitalidad. De ahí se desprende que uno de los mayores tabúes de la civilización sea la antropofagia. Pues una vez muerto, el padre no pierde su poder, por el contrario, su fuerza trasciende del plano de Lo Simbólico (dado que su autoridad se fundamenta en la creencia de que es el padre biológico, de donde podemos inferir que la prohibición del incesto cumple la función de dar certeza a dicha autoridad, puesto que nadie más puede ser padre dentro de la gens) al plano de Lo Imaginario. Y cuando los asesinos infieran que aquel que tome el lugar del patriarca correrá con la misma suerte, decidirán establecer una serie de leyes que regularán la vida dentro de la gens Estado de Derecho― incluso más severas que las impuestas por el Pater Familias ―entre ellas, la prohibición del incesto― mientras que el soberano muerto padecerá a su vez una especie de apoteosis que lo convertirá en el Tótem de la gens, el “Padre de la Patria” o hasta en el Dios patrono. Si recordamos que en la segunda entrega Jesús le dice a su seguidor que, al morir su padre, deje que “los muertos entierren a sus muertos”, entendemos que lo que aquél hace es transferir la figura paterna simbólica (la del padre en esta vida) hacia una figura paterna imaginaria (la del Dios Padre), reafirmando el monopolio de la fe referido en esa misma entrega.

https://www.facebook.com/psicoanalistajuanmanuelmartinez/videos/1395627560526757/

Si con la muerte del Soberano se establece el Estado de Derecho y la figura del Dios Padre… ¿Qué ocurre cuando Caín sube al cielo y derroca a ese Dios? Si la “civilización” se fundamenta en la culpa, la muerte de Dios debería entonces liberarnos de aquella, y sin embargo ocurre lo contrario.

Zizek (2008, II), recurriendo a Lacan y a Dostoievski, dirá que “Dios no ha muerto, sino que es inconsciente”. Contrario a lo que afirma Dostoievski en Los Hermanos Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”, la aseveración correcta sería: “Si Dios no existe, nada está permitido”. En una situación similar a la que ocurrió con la muerte del padre, la muerte de Dios reafirma su autoridad “fantasmática”, pero en esta ocasión como un Gran Otro aún más represivo.

Pensemos en la Yihad o Guerra Santa; la Inquisición o Tribunal del Santo Oficio; o incluso en las Guerras Floridas (y no, nada tienen que ver con la narcoviolencia en la absurda relación que cierto político-intelectual liberal hizo con el tzompantli). Si algo tienen en común, además de lo atroces que parecen ante nuestros ojos modernos, es que se fundamentan en la Voluntad Divina. Dios entonces permite e incluso fomenta los crímenes en su nombre. Cuando un religioso me argumenta que en realidad ésa es una mala interpretación que se ha hecho de dicha voluntad, basta remitirlo a sus propias sagradas escrituras para refutar su punto. Y al decir que no es Dios sino el error humano quien comete los crímenes, nos recuerda a esos defensores del positivismo que dirán que la ciencia nada tiene que ver con el mal uso que se le dé con fines ideológicos. Habrá que preguntarles a ambos: ¿Quiénes inventaron a Dios y a la Ciencia?

Pero entonces, ¿por qué si Díos fomenta la destrucción del Otro, su muerte no alivia las atrocidades cometidas en el mundo, por el contrario, éstas se incrementan en número e intensidad? Porque la muerte de Dios no garantiza la libertad del hombre, si éste sigue en busca de un Amo. Si queremos entender por qué nuestras redes sociales están repletas de gente ofendida por cualquier comentario, habría que revisar quién es el Gran Otro que nos gobierna.

 

 

Ya en otra parte hemos hablado de la paradoja en torno al capitalismo que todo lo devora, incluso a quienes lo critican. Por ello no resulta extraño que en la actualidad la izquierda liberal recurra a eufemismos o palíndromos para referirse al enemigo. Apelativos como “La Mafia del Poder”, de lo único que nos habla es de la incapacidad que tenemos de llamar a las cosas por su nombre. La izquierda liberal ataca a la corrupción pero no habla de la plusvalía; habla de aumento del salario mínimo pero se queda callado ante la explotación laboral, Citan las tesis de Marx pero les da miedo que los vinculen con Venezuela, por “el costo político que ello implica” ―eufemismo para ocultar que ven a los ciudadanos como simples estadísticas electorales―.

Lo que ocurre es que el Capitalismo es ese Gran Otro al que está velado criticar ―haciendo evidentes sus contradicciones― sin esperar a cambio, una contra crítica conservadora o cínica. Y es precisamente en los terrenos de las luchas posmodernas donde cualquiera puede indignarse en un ambiente profundamente controlado. Tiene derecho a sentirse ofendido por lo que los demás digan, mientras nadie se atreva a tomar en serio la crítica al capitalismo y hacer algo en consecuencia. Aún en ese caso, este nuevo Gran Otro tiene a su disposición innumerables defensores suyos como mecanismos inmersos dentro de sus propias contradicciones para neutralizar a quienes lo denostan: desde el que grita a los cuatro vientos la falacia ad hominen “Chairo”, hasta quien cree que si no estás de acuerdo con el “sistema” bien podrías vivir aislado en tu cueva como monje eremita.

Al final, nadie quiere enfrentarse a sus propias contradicciones, y como la esposa del alcohólico que culpa a todos los demás de que su marido le pegue; tememos enfrentarnos al monstruo que habita en nuestro interior.

Seamos valientes.

Notas:

1 Agamben da por hecho que conocemos las características de cada uno de dichos Estados. Para facilitar la comprensión y utilizando un recurso al alcance de todos, he resumido a grandes rasgos y comentado las definiciones que existen de éstos en Wikipedia (Estado de Naturaleza, Estado de Derecho y Estado de Excepción).

2 Para la siguiente explicación me permito utilizar los términos de la Roma arcaica sólo con fines didácticos, aunque no hayan sido utilizados originalmente por Freud o pertenezcan a la temporalidad ni a la sociedad que se pretende explicar. De antemano me disculpo por los anacronismos y las analogías que puedan parecer innecesarias para los especialistas.

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José G. S. García

[@Xose_G_S_Garcia]. Aprendiz de escritor y prófugo de la academia de historia en la FES Acatlán-UNAM, ha sido y es profesor freelance.

Referencias

  1. Agamben, Giorgio, Homo Sacer I: El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos, 1998.
  2. Agamben, Giorgio, Estado de Excepción. Homo Sacer II, I, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2005.
  3. Badiou, Alain, El siglo, Buenos Aires, Manantial, 2005.
  4. Bartra, Roger, La Jaula de la melancolía, México, DeBolsillo, 2014.
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  9. Freud, Sigmund, Obras Completas, 13 (Tótem y Tabú), Buenos Aires, Amorrortu, 1975.
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  14. Graves, Robert; Patai, Raphael, Los mitos hebreos. El libro del Génesis, Buenos Aires, Losada, 1969
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  22. Zizek, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.
  23. Zizek, Slavoj, En defensa de la intolerancia, Madrid, Sequitur, 2008.
  24. Zizek, Slavoj, Cómo leer a Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2008, II.
  25. Zizek, Slavoj, En defensa de causas perdidas, Madrid, Akal, 2011.

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