August Spiess. Tristán e Isolda en el jardín, (1881).

El amor en el ciclo artúrico.


Choque de ideas en una misma época.

La sociedad medieval estaba regida por las leyes de la Iglesia, así que los conceptos de amor, sexo y matrimonio tenían otro sentido muy diferente al que actualmente se tiene. El matrimonio sólo era una unión cuyo objetivo era la alianza entre dos familias ―en lugar del amor entre dos personas― para lograr el incremento de bienes o riquezas, y así con un heredero asegurar la fortuna. Aunque ágape es un término de origen griego, fue muy  utilizado por el cristianismo para referirse al amor divino, el cual era el único tipo de amor que existía para esta institución. El fin último del ser humano era alcanzar la divinidad y la redención. En cuanto a la sexualidad, era vista como un obstáculo para la unión del alma con Dios, ya que el cuerpo era la cárcel de ésta y, por lo tanto, sus necesidades se consideraron una distracción en el camino del alma hacia lo divino.

Sin embargo, existió una vida secreta para aquellos que estaban enamorados, que contradecía y enfrentaba a la misma institución eclesiástica: el amor cortés o fin’ amor, acuñado por Andrés el Capellán en su obra De arte honeste amandi. Este código fue  abanderado por los caballeros cortesanos, se caracterizó por los buenos modales del varón y el cortejo paciente que llevaba a éste a una total sumisión por su dama. También se decía que el amor sólo se podría encontrar fuera del matrimonio, una vez que los amantes expresan sus sentimientos irremediablemente terminarán por consumarlo en el acto sexual. No obstante, amor y sexo se compactan en una costumbre o juego llamado asag; que consiste en caricias y miradas sin llegar a consumir el coito a pesar de estar desnudos, lo que le da un toque de pureza al sexo. Finalmente, se hablaba de un amor que no llegaba a realizarse del todo.

El amor perdido antes de Arturo

Ahora bien, es verdad que la literatura es un reflejo de nuestros ideales, nuestros sentimientos, de  nuestra fragilidad humana y también de lo que queremos ser. Para la época medieval reflejaba todo aquello que se vivía o se contaba pero no se admitía.

A lo largo de la Edad Media, respecto a la literatura, las epopeyas más antiguas describen a unos héroes concentrados exclusivamente en la lucha, la guerra y la fama para lograr vivir por siempre a través de los siglos. Para algunos de los héroes medievales, el tema del amor es poco significativo pues es considerado un asunto de mujeres. Ellos se muestran indiferentes, por ejemplo, en el caso de Beowulf, el héroe no tiene un interés amoroso, ni siquiera una dama con la cual procrear; en el Mio Cid, el protagonista, quien a pesar de tener a su esposa Jimena, éste le da poca atención y la tiene en un segundo plano, pues Rodrigo se preocupa más por sus hazañas y muestra una devoción desbordante a su rey o al mismo Dios.

Todo cambió en los siglos XII y XIII, cuando el héroe comenzó a manifestar afecto y devoción por su dama. El amor cortés tomó mayor fuerza gracias a la influencia de los trovadores, cuyos poemas y canciones hablaban acerca de un gran amor hacia la mujer. Entonces, se presentó una verdadera revolución en el modo de declarar el amor. De esta manera, poco a poco los conceptos de amor, sexo y matrimonio se ligaron entre sí, a pesar de la problemática que presentan las relaciones extra maritales con respecto al amor y el sexo.

La obra culminante que reúne todas estas problemáticas es el gran Rey Arturo, sus caballeros de la mesa redonda y sus mujeres.

La tabla redonda.

 

La fuerza de las mujeres más allá de Camelot

La revaloración del papel de la mujer en la Edad Media se dio gracias al culto mariano, es decir, la figura de la virgen María divinizó e idealizó a la mujer, resaltó su castidad, sus virtudes y belleza. En pleno siglo XII la mujer tuvo fuerza dentro de esta sociedad, ejemplo de ello son Leonor de Aquitania e Hildegarda de Bingen. (Torrico, 2014, pp. 3-5).

En el ciclo artúrico las mujeres son todo menos recatadas y sumisas, tienen su propia voz y buscan su libertad en los temas del amor y el sexo. Estos conceptos se alejan del enfoque platónico, es decir, los amantes no se contemplan en la distancia como siempre, las mujeres en la historia del Rey Arturo son las encargadas de tomar la iniciativa y llevar el asunto hasta sus últimas consecuencias. La mujer se vuelve más activa y el hombre más pasivo.

Isolda siente una pasión desbordante por Tristán, tiene un poderoso control en su amante e incluso se siente con el derecho de reclamarle acerca de su boda con otra y pedirle que regrese a su lado, pues cabe añadir que la fidelidad sólo existe entre los amantes, por lo que, Tristán se lo piensa bien y decide no consumar su matrimonio por fidelidad al amor de Isolda. Sin embargo, este caballero se  ve constantemente inmerso en esos juegos, en donde varias damas lo quieren envolver; por ejemplo, la dama del lago que envía a su sirviente enano para pedirle una cita a Tristán y después llevarlo al acto sexual; o Belisenda, que lo  chantajea para llevarlo a su lecho.

 

Tristán e Isolda bebiendo la pócima de amor.

Tristán e Isolda bebiendo la pócima de amor.

 

Morgana, quien hace todo para que su amante se quede con Excalibur, la espada de su hermano Arturo, y así convertirlo en rey.

Ginebra, por otro lado, no ama a Arturo como hombre y esposo, sólo se limita a admirarlo como el rey que es, pero no experimenta atracción o amor hacia él. A diferencia de su relación con Lanzarote, si bien no lo lleva al acto sexual inmediatamente, en un inicio existen las miradas y complicidades entre ambos.

Un caso interesante es el del duque de Cornualles, porque contradice la idea del matrimonio sin amor, pues ama profundamente a su esposa Igraine. Esto se puede ver en el momento en que él se lo demuestra al creerle cuando ella le cuenta las insinuaciones que le hace el rey Uther Pendragon; sin acusarla, le da su lugar y se retira del castillo de su anfitrión, también ella le muestra amor incondicional y fidelidad, aunque al final termina por ser engañada y ultrajada por Uther.

El amor  de un caballero.

Por otro lado, el caballero demostrará su amor a la dama mediante las justas, aventuras, proezas y en el mismo campo de batalla. Pero deberá encontrar equilibrio entre sus obligaciones de caballería y su doncella.

En El cuento de Graal, Chrétrien de Troyes junta de manera maravillosa ―por medio del protagonista Perseval― la aventura, el amor de la dama y la búsqueda del santo grial, el cual representa el amor a Dios, ya que contiene la sangre de Cristo. Todos estos elementos se unen tanto en el aspecto espiritual como con el amor cortés.

Respecto a cómo los caballeros de la Tabla Redonda llevan el amor cortés, lo ejemplifica una situación muy interesante en el transcurso de la historia. Una vez que Tristán es desterrado por su tío a causa de su adulterio con Isolda, llega a la corte de Londres a pedir consejos a los caballeros de la Tabla Redonda. Éstos le dicen que debe superarla y buscar otro amor, pero, Lanzarote le aconseja que debe serle fiel a su amor por Isolda. “Los caballeros responden de acuerdo a la razón, Lanzarote contesta según las normas del amor cortés”. (Cuesta, p108).

Sin embargo, su relación con Ginebra ocasiona que no le permita ver y conseguir el santo grial, por lo tanto, no alcanza lo espiritual, pero si la fama y las grandes hazañas, gracias al amor que le tiene a su amante. El primer caso es reprobado según el cristianismo y lo segundo es aprobado según las normas del amor cortés.

El último encuentro entre Lanzarote y Ginebra en la tumba de Arturo por Dante Gabriel

El último encuentro entre Lanzarote y Ginebra en la tumba de Arturo por Dante Gabriel

 

El amor adultero predomina en la materia artúrica y es sólo dentro de este tipo de relación donde se puede encontrar amor y placer. Los traductores de la Edad Media estaban preocupados por el impacto que las historias de Arturo pudieran causar, trataron de darle un toque de humor al amor y al sexo dentro de estas relaciones fuera del matrimonio. En las descripciones se buscaba que el lector no se las tomara tan enserio, y se justificaba o se le daba una pretensión moralista; por ejemplo,  Morgana y los otros seres mágicos eran los que más practicaban este tipo de relaciones carnales pecaminosas, pues por ser paganos se relacionaban con el demonio.

Las mujeres adulteras en la leyenda artúrica son por lo general perdonadas por sus maridos, o ellas mismas se someten a un castigo por la pérdida de su honra, lo que las lleva a retirarse a un convento para expiar sus pecados, como es el caso de la reina Ginebra.

En el ciclo artúrico ninguna relación termina bien o es completamente dichosa en el amor. Sin embargo, esto es acertado debido a que una de las características fundamentales del amor cortés era que los amantes no llegarán a tener un final feliz; por ejemplo, las parejas adulteras tan famosas del mundo artúrico, Ginebra y  Lanzarote; Tristán e Isolda. Para ellos la única manera de estar juntos es la muerte.

 

August Spiess. Tristán e Isolda en el jardín, (1881).

August Spiess. Tristán e Isolda en el jardín, (1881).

El impacto de la literatura de Arturo

Hemos visto como los conceptos de amor, sexo y matrimonio son desarrollados en la historia del Rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda, en la que los amantes confiesan sus sentimientos y prosiguen con el acto sexual. También vimos las motivaciones para llegar al lecho cuando no hay amor de por medio, así como la manera en que el matrimonio sólo es una institución del cristianismo y los cónyuges encuentran amor fuera de éste. De igual manera, el pequeño caso del duque de Cornualles y su esposa Igraine, en el que sí existe amor dentro de la relación marital. Y por último, vimos que los caballeros en la literatura a partir del siglo XII están envueltos con mayor fuerza en el mundo del amor y son devotos a su doncella, sin dejar de lado el amor a Dios al que estaba tan entregada la sociedad medieval.

Sin duda, el mundo del Rey Arturo fue trascendente en la magia que esparció el amor cortés durante el Medievo en la literatura. Tanto franceses como ingleses le dieron forma a la historia de este rey, pero particularmente Chrétien de Troyes en el siglo XII le hizo parte del mundo del amor, hasta Thomas Mallory que recopiló los grandes relatos de Arturo. Cabe decir que las historias de amor que presenta la materia artúrica han hecho suspirar a millones de personas que lo han leído durante todos estos siglos, pues aún hoy nos identificamos con ellas; llenas de celos, pasión, matrimonios arreglados, entrega e incluso hemos hecho proezas, llamadas hoy como locuras, por alguien a quien amamos. Por eso y otras razones el ciclo artúrico sigue funcionando hasta nuestros días. Aunque hemos dejado a un lado las armaduras y los vestidos largos, no han cambiado nuestros sentimientos y pasiones.

 

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Krizia Fabiola Tovar Hernández

(Estado de México). Actualmente estudio el cuarto semestre de la licenciatura en ciencias humanas en Centro Universitario de Integración Humanística.

Referencias

  1. Verdon, J. (2008) El amor en la Edad Media, la carne, el sexo y el sentimiento. Barcelona. Paidos
  2. Casado-Gutiérrez, M. (2014) El mundo sentimental en Tristán de Leonis. Recuperad de: tauja.ujaen.es/bitstream/…/TFG_CasadoGutirrez,MariadelPilar.pdf
  3. Cuesta- Luzdivina, M. () Fidelidad amorosa en la materia artúrica hispánica. Recuperado de : dspace.uah.es/…/ Fidelidad%20e%20Infidelidad%20Amorosa%20en%20la%20Mate
  4. Torrico,D. (2014) La mujer en el amor cortes. Recuperado de: http://historiaconmayusculas.wordpress.com/
  5. Ibañez, T. (2016) El mundo artúrico y el ciclo del grial .Recuperado de: https://www.ucm.es/…/621-2016-12-28-El%20mundo%20artúrico.pdf

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