#TodosSomosZombies: Un fetiche de la democracia. (Parte 3.2)


Al Dr. Jorge Alberto Rivero, que hace del cine el mejor objeto historizable.
¡Ah, raza de Abel, tu carroña
Abonará el humeante suelo!
 
Raza de Caín, tu tarea
Todavía no la cumpliste;
 
Raza de Abel, mira tu oprobio:
¡La lanza al hierro venció!
 
Raza de Caín, sube al cielo,
¡Y arroja a Dios sobre la tierra!
Charles Baudelaire, Las Flores del Mal

En una metamorfosis similar a la de Barney, el Hombre Nuevo se ha convertido en un hombre que se cree muerto. Cuando Nietzsche criticaba la moral de su época, cuando Freud cuestionaba la castración sexual en la que se veían envueltos los seres de su tiempo, y cuando Marx resaltó la explotación que se hallaba inmersa en el modo de producción capitalista jamás se imaginaron que la respuesta dada por El Sistema a sus críticas sería la inversión de esos valores: El Capital se lee en las universidades casi como un manual de explotación; la liberación sexual trajo a su vez una castración simbólica que se hace notoria en la constante insatisfacción sexual que nos produce no ser el mejor objeto de deseo, autocosificándonos; y la muerte de Dios anunciada por Nietzsche nos envuelve en una ola de incertidumbre que, en lugar de convertirnos en hombres nuevos, nos ha hecho adorar otros fetiches (o los mismos, pero en nuevos envases).1

Si el siglo XIX soñó con el Superhombre y/o el Hombre Nuevo; el XX se encargó de llevarlo a cabo, pero ante el supuesto fracaso de la ideología, hemos caído en el sitio de confort que nos brinda la indiferencia, tan característica de la postmodernidad. En lugar de despojarnos del Amo, lo hemos sustituido por otro más perverso:

La desintegración de la autoridad simbólica patriarcal, del Nombre-del-Padre, da lugar a una nueva figura de Amo, que es, al mismo tiempo, nuestro semejante, nuestro prójimo, nuestro doble imaginario, y que, por ese mismo motivo, está dotado fantasmáticamente con otra dimensión del Genio Maligno. (Zizek, 2011)

El paradigma del padre autoritario ha subvertido en la imagen del padre ausente o bien en la representación de la autoridad como un Gran Hermano que nos vigila; o si queremos, al que le mostramos nuestras aspiraciones, deseos… etiquetas. ¿Qué son Facebook, Twitter o Google sino ese Gran Otro que nos muestra lo que queremos ver y nos envasa en un “mercado definido”? Porque en el universo de las redes sociales somos aparentemente individuos, aunque en el fondo, no somos más que consumidores etiquetados.

Y es en este punto en el que la imagen del Gran Hermano nos recuerda un tanto la historia mítica de Caín. De acuerdo con el relato bíblico, Abel era pastor de ovejas y Caín cultivaba la tierra, como habían ordenado a Adán. Ambos le entregaron un tributo al dios insatisfecho del Génesis; aunque éste sólo aceptó el regalo de Abel. Su hermano, enojado porque su dios no era equitativo, es advertido por éste para que no deje que la envidia lo haga cometer algún pecado. Y a pesar de la advertencia, o quizá por esta misma, Caín asesinó a su hermano por lo que fue condenado a no volver a cultivar ni cosechar; y a vagar por el mundo sin que nadie pudiera vengar a su hermano. Para esto, el dios hebreo colocó una marca en la frente del fratricida para que no osaran asesinarlo. Algunos afirman que dicha marca era la letra ט hebrea (tet), correspondiente a la letra τ griega (tau), la cual inspiró, a su vez, la imagen de la cruz (Graves, Patai; p.68). Por lo tanto, podríamos afirmar que la marca de Caín es muy similar a la que se colocan los católicos en la frente el miércoles de ceniza. La tradición hebrea toma esta idea del libro de Ezequiel (IX, 4-6), pues sólo los que tengan la ת (tav) hebrea se librarán de la destrucción de Jerusalén. Otra versión afirma que:

Dios  impuso  a  Caín  siete  castigos  peores  que  la  muerte  misma,  a  saber: un  cuerno  vergonzoso  que  le  brotaba  de  la  frente;  el  grito  “¡Fratricida!”  que repetían  las  montañas  y  los  valles;  una  perlesía (parálisis)  que  lo  sacudía  como  la  hoja  de  un álamo;  un  hambre  voraz  que  nunca  se  saciaba;  la  decepción  en  todos  sus  deseos; una  perpetua  falta  de  sueño;  y  la  orden  de  que  ningún  hombre  lo  protegiera  ni matara. (Graves, p.65)

Más adelante me permitiré hablar de los otros castigos que recibió Caín, por el momento me centraré en la marca. Según esto, lo que Caín tenía en la frente era un cuerno, referencia por demás polémica puesto que también Moisés es representado de esta manera. Independientemente de cuál fuera la señal, lo cierto es que Jehová (Yahvé o como quiera llamársele) estigmatiza a Caín. Pero: ¿Qué es un estigma? Según Goffman, son “los signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo o poco habitual en el estatus moral de quien los presentaba.” (Goffman, 1968, p.11). Como podemos apreciar a simple vista, le perdona la vida a cambio de que lleve el estigma de su delito. Pero aquello no es tan sencillo como aparenta. En realidad la marca tiene la función de segregarlo, de separarlo del resto. Recordemos que Caín se indigna porque dios hace una distinción entre él y su hermano. Y en esta indignación radica el primer pecado del fratricida: la búsqueda de la igualdad. El conocimiento no sólo sirve para ejercer el poder, también es útil a la hora de dividir a los que no lo ejercen.

Si Caín hacía lo que su dios le ordenaba, ¿por qué rechazaba su ofrenda? Ahora bien, si es bueno, omnisciente y todopoderoso, ¿por qué no evitó que Adán y Eva comieran del fruto prohibido; o que Caín asesinara a su hermano? Aunque se apele al libre albedrío para justificarlo, nada perdía con intervenir. Eso, por lo menos, se llama omisión… (Saramago, 2009)

En el resto de los castigos impuestos a Caín se pueden notar algunas de las características de lo que será, en última instancia, nuestro moderno modo de vida. A excepción del grito de las montañas y los valles; pareciera que la parálisis; el hambre insaciable; la decepción permanente; el perpetuo insomnio; así como la inmunidad pero indiferencia hacia/de los otros; junto al desarraigo; son características del hombre (pos)moderno.

Pero es en la imposición de ser un sempiterno caminante donde podemos encontrar la mayor similitud de nuestro héroe caído con el zombi: ¿No es precisamente ese apelativo (caminante) con el que se le nombra a los zombies en la serie más famosa sobre el tema?

La trashumancia y el nomadismo son dos de las condiciones que regularmente nos causan escozor, dado que somos desde hace mucho, sedentarios. En Caín yace quizá el origen del mito medieval del judío errante.2 Éste relata la historia de un hombre que por burlarse de Cristo fue condenado a vagar de por vida. Este fue el relato que justificó la diáspora judía y el origen de la etiqueta antisemita del “judío apátrida”. Y es que si la modernidad se caracterizó por la consolidación de los estados-nación; los judíos por carecer del mismo se convirtieron en el blanco fácil para la estigmatización nacionalista. Basta recordar el caso Dreyfus para entender esta situación. De lo que se le acusa a este general francés de origen judío es de no ser lo suficientemente patriota para evitar la derrota de su ejército en la guerra franco-prusiana. Igualmente en la Alemania nazi se arguyó que los judíos no eran patriotas y que sólo obedecían a un amo: el dinero. Así, en El eterno judío (Der Ewige Jude) de Fritz Hipler, este pueblo es representado como una horda de animales que sólo buscan el enriquecimiento a toda costa. Es interesante esta afirmación, ya que según los propios mitos hebreos (Graves, p. 66) Caín es el inventor del sistema de pesos y medidas así como de la separación de la tierra en lindes. En otras palabras: es el creador mítico de la propiedad privada y de las fronteras. ¿No fue el mismo que asesinó a su propio hermano en búsqueda de la igualdad? ¿No es como aquellos viejos lobos de Marx que terminan creando empresas en las otrora repúblicas socialistas soviéticas? ¿No es irónico que ahora el estado de Israel haga algo semejante a lo que los nazis hicieron con los judíos pero con el pueblo palestino?

En los movimientos sociales circula una frase de Salvador Allende que alude a esta disyuntiva. La primera parte de dicha cita es la que todos conocemos: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica…” Hasta aquí todos estamos de acuerdo. Pero es en el resto de las palabras del ex presidente muerto en La Moneda donde la cita cobra otro sentido: “…pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil.”

Caín sube al cielo y derroca al amo, pero al hacerlo no sabe qué sigue y decide, como el Indescriptible del Zaratustra nietzschiano, adorar un asno antes que superarse a sí mismo. He ahí una de las causas de la muerte del Hombre Nuevo. Al final, la globalización nos ha convertido en seres desarraigados que sólo pueden mirarse entre sí a través de sus propios estigmas o etiquetas.

Notas:
  1. Foucault los llamará “los Padres de la Sospecha”, y serán la base ideológica del Siglo XX, aunque hayan vivido en su mayoría, en el Siglo XIX.
  2. Acerca del judío errante existen diversas versiones y obras literarias; de éstas últimas, las dos más importantes son: Sue, Eugene, El Judío Errante, Madrid, Imprenta de D. José Gaspar, 1844; y Apollinaire, Guillaume, “El paseante de Praga”

 

 

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José G. S. García

[@Xose_G_S_Garcia]. Aprendiz de escritor y prófugo de la academia de historia en la FES Acatlán-UNAM, ha sido y es profesor freelance.

Referencias

  1. Badiou, Alain, El siglo, Buenos Aires, Manantial, 2005.
  2. Baudelaire, Charles, Las Flores del mal, México, Planeta, 2014.
  3. Bauman, Zigmunt, La Globalización: Consecuencias humanas, México, FCE, 2001.
  4. Benjamin, Walter, Dirección Única, Madrid, Alfaguara, 1987.
  5. Dubiel, Helmut, Teoría crítica ayer y hoy, México, Plaza y Valdés, 2000.
  6. Fromm, Erich, Y seréis como dioses, Barcelona, Paidós Ibérica, 2011.
  7. Foucault, Nietzsche, Freud, Marx, Barcelona, Anagrama, 1981.
  8. Goffman, Erving, Estigma, la identidad deteriorada, Buenos Aires, Amorrortu, 1968.
  9. Graves, Robert; Patai, Raphael, Los mitos hebreos. El libro del Génesis, Buenos Aires, Losada, 1969
  10. Marx, Karl, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Barcelona, Alianza Editorial, 2009.
  11. Ranciere, Jaques, El odio a la democracia, Buenos Aires, Amorrortu, 2006.
  12. Saramago, José, Caín, Alfaguara, Madrid, 2009?]
  13. Sloterdijk, Peter, El Desprecio De Las Masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. Valencia, Pre-Textos, 2002.
  14. Zizek, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.
  15. Zizek, Slavoj, En defensa de la intolerancia, Madrid, Sequitur, 2008.
  16. Zizek, Slavoj, En defensa de causas perdidas, Madrid, Akal, 2011.

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