#TodosSomosZombies: Un fetiche de la democracia. (Parte 3.1)


A Gogo González, maestro, compañero y poeta.

“Yo,  como  el  archidemonio,  llevaba  un  infierno  en  mis  entrañas;  y,  no  encontrando  a  nadie  que  me  comprendiera,  quería arrancar  los  árboles,  sembrar  el  caos  y  la  destrucción  a  mi  alrededor,  y  sentarme  después  a  disfrutar  de  los  destrozos.” 

Mary Shelley Frankenstein.

Hasta aquí he hablado de la Universalidad y de la Anarquía como características del arquetipo “zombi”; así como de la Globalización y el Desorden como sus opuestos-complementarios. Además de la importancia que tiene el fetiche como encubrimiento de éstos sobre aquéllas. Un chiste nos ayudará a comprender este velo.

En cierta ocasión, Pepito tenía por tarea investigar qué era la política. Para ello le pidió a su padre que le ayudará. Éste, claramente emocionado le dijo: “La política, hijo mío, es como esta familia: Yo, como el proveedor, soy la burguesía o empresariado; tu mamá, como aquella que administra el dinero que entra a la casa, es el gobierno; la chica que nos ayuda con la limpieza es la clase obrera o proletariado; tú, que nunca paras de hablar a la hora de la comida, eres la opinión pública; y tu hermanito, que aún ni siquiera ha aprendido a hablar, es el futuro… ¿Te quedó todo claro?” Pepito afirmó con la cabeza y se fue de ahí sin preguntar nada más.

En la madrugada, mientras todos dormían ―o parecían dormir― Pepito escuchó un ruido y se levantó para averiguar de dónde provenía. En el cuarto contiguo al suyo, dormía su madre plácidamente, pero su padre no estaba con ella. Al abrir la puerta, se percató de que un olor desagradable se respiraba en el ambiente y descubrió que el hedor era a causa de que su hermano había hecho ya sus necesidades. Como el ruido continuaba escuchándose en otro sitio, Pepito cerró la puerta de aquella habitación y continuó buscando. Al abrir la puerta del cuarto de servicio se percató de que su padre estaba teniendo relaciones sexuales con la muchacha y, al no saber qué hacer; decidió mejor irse a dormir y no decir nada.

A la mañana siguiente, el profesor preguntó quién había hecho la tarea y Pepito alzó la mano ávidamente. Cuando el maestro, sorprendido, le pidió que le dijera qué era la política, Pepito respondió: “La verdad, prof, es que no entendí bien, pero lo que sí me quedó claro es que mientras el gobierno está roncando a pierna suelta, la burguesía se chinga al proletariado, la opinión pública no dice nada y el futuro está hundido en la mierda…”

Mientras que el padre de Pepito expresa el discurso liberal de las funciones que desempeña cada estrato social, Pepito comprende, durante la noche, lo que ocurre realmente. El primero encarna Lo Simbólico mientras que el segundo, desempeñando el papel de los medios de comunicación, “la opinión pública”, decide guardar silencio hasta que pueda, frente a otra autoridad (la del maestro) expresar Lo Real. En el mundo multicultural en el que vivimos, con su lenguaje “políticamente correcto”, de lo que carecemos es precisamente de la capacidad de enunciar Lo Real del discurso que nos rodea. En cambio, lo “políticamente incorrecto” se convierte en algo disidente porque confronta el discurso castrante de nuestra moral infundada en la nada (como ya vimos anteriormente). Entonces caemos en la trampa de la inversión de la pirámide que se podría ejemplificar en aquel comercial de frituras:

 

En una versión perversa de la tríada hegeliana (tesis, antítesis, síntesis) hemos optado por invertir el discurso antes que desenmascararlo. Por ejemplo: el término peyorativo “indio” ha sido sustituido por el eufemismo “descendiente de pueblos originarios” aunque en Lo Real, se le siga desdeñando y despojando de sus tierras. Entonces, si llamar a alguien “indio” es políticamente incorrecto, aquel que ridiculiza esa castración se considera disidente, cuando en realidad sólo perpetúa el lenguaje de lo simbólico. El humor negro cae muy a menudo en esa trampa, creando las condiciones para el clasismo, el racismo y la xenofobia.

La entrega pasada concluyó con una cuestión en torno al pánico que nos produce la idea de renacer como hombres nuevos. ¿Qué nos lo impide? Tal vez el cortometraje realizado por Barney Gomes para el festival de cine de Springfield nos pueda dar una idea:

 

Analicemos cada escena con el fin de entender cómo se transforma el hombre nuevo en el hombre muerto.

I. “Mi nombre es Barney Gomes; tengo 40, soy soltero y soy ebrio”: La obra comienza con una declaración completamente íntima por parte del autor. Para el AA, el primer paso es la aceptación, pero… ¿por qué no funciona en este caso? La ficción no tiene cabida en esta confesión, y sin embargo, se escenifica para poder hacerla digerible. Desde este momento, el alcohólico ha sido enajenado (no es él sino su imagen, la que habla).

II. “Una línea de Otelo sobre un bebedor…”: Barney es un hombre talentoso: ha sido la voz principal de “Los Borbotones”, estuvo a punto de ir al espacio en un proyecto de la NASA, pero su mayor “defecto” es su alcoholismo. Al igual que la mujer de los gatos, la realidad ha sobrepasado a estos “genios”, convirtiéndolos en unos fracasados. “Un hombre sensible, por la bebida, se convierte en bestia. Eso lo explica todo.” Pero: ¿no es acaso su figura de héroe trágico lo que los hace especiales y no su talento en sí?

III. “Es brillante, muy honesto y tierno. Tiene el alma de poeta”: ¿Han notado cómo vemos a los “poetas malditos”? En la mayoría de las ocasiones nos importa más su vida que su obra. Pongamos como ejemplo a Bukowski. La mayoría lo recuerda más por ser un escritor alcohólico que por lo que escribió.

IV.-”Es muy amable, señora”

-“¿Disculpe?, ¿Algo se le atoró en la garganta y está muerto?”

-“No he muerto”:

Este diálogo ambiguo presenta la situación paradójica de quien admira a lo lejos al poeta maldito. Cuando se encarna en Lo Real, sería mejor que lo mantuviéramos a la distancia. Además, la frase de la espectadora se presta para una doble significación: algo se le atoró en la garganta y…

a) Está muerto aquello que se le atoró.

b) El poeta está muerto a causa de aquello que se le atoró.

Barney responde a la segunda opción, pero su respuesta nos lleva a una nueva contradicción… (VI)

V-“Me llamo Barney y soy alcohólico”

-”Señor Barney, es una reunión de exploradoras”

-“Es eso, ¿o es que no pueden admitir que tienen problemas?”

Barney hace nuevamente su declaración, sólo que ahora en un sitio poco o nada adecuado (la reunión de scouts). Pareciera que el alcohólico no es hierba mala, sino que no encuentra su lugar; pero… ¿No será que en realidad Barney tiene razón al encarnar en lo real la función de los AA (una función de convivencia social en la cual cada uno puede ser sí mismo)? ¿No es algo similar a la manera en que nos desagradan las personas que ventilan sus problemas en Facebook porque están mostrando su rostro real en el sitio en el cual uno finge su Ideal del Yo, su imagen narcisista? Y esta máscara de éxito que nos inventamos todos nos lleva de nuevo a una insatisfacción permanente que sólo puede ser cubierta con más hedonismo… Por eso nos molestan las indirectas de nuestros contactos hacia su pareja; la persona que pide likes para que su familiar pueda sobrellevar una enfermedad terminal; aquel que exhibe lo mal que le va en el trabajo o la inconformidad y frustración que le producen que el mundo no sea como él lo esperaba… Más allá de la queja ajena, la respuesta más habitual es de indignación: “¿A mí qué diablos me importa que a ti te vaya mal?”

IV -”No lloren por mí, ya estoy muerto”: ¿Por qué si Barney le respondió a la espectadora que no había muerto, aquí lo afirma como una sentencia? ¿Cómo se resuelve dicha contradicción? Al final, Barney está consciente de que es un alcohólico, pero ¿por qué el saberse enfermo no basta para sanar?

En El sublime objeto de la ideología, Slavoj Zizek (2003, p.64) afirma que la creencia no es individual, como normalmente se afirma, sino colectiva, y para explicar su argumento se vale de un chiste en el que un hombre se cree un grano de maíz. Luego de pasar muchos años en el manicomio, por fin se convence de que es un hombre. Curado, el médico firma su alta y éste se retira, volviendo inmediatamente agitado y tartamudeando. Cuando su terapeuta le pregunta qué ocurre, el hombre responde: “es que allá afuera hay una gallina”, el doctor, tranquilamente, le dice: “¿pero estará de acuerdo en que usted no es un grano de maíz?”. “Sí, doctor, ¿pero la gallina lo sabe?”

A pesar de que el Sr. Burns soborna a los jurados para ganar con una película que repite los esquemas del cine comercial, su película empata con la de Barney, así que el que tendrá que decidir el triunfo será Homero Simpson, quien a su vez entró como juez por un capricho que le hizo a Marge. El empate entre la corrupción comercial y la película independiente intimista debe ser resuelto por alguien que considera que la mejor película es aquella en la que se exhibe a un hombre recibiendo un balonazo en la entrepierna. Al final, Marge influye para que Homero logre apreciar la belleza en el filme de Barney, y así le dan el premio que consiste en… una dotación de cerveza Duff de por vida.

¿Por qué si Barney ha decidido no volver a beber, pide que le den la cerveza directo en las venas? Porque todos los demás esperan que él siga siendo un alcohólico, pues de lo contrario, estará perdido. Incluso, cuando Homero ve en solitario la película de Barney, se dice que no volverá a probar una gota de alcohol, para inmediatamente después, pedir 10 cervezas. En este caso, la culpa que le produce beber le genera a su vez el deseo de embriagarse. En cambio Barney sabe que ya no beberá, ¿pero los demás lo saben? ¿No es ese el motivo por el cual todos recuerdan a José José, quien un día como hoy, pero de hace muchos años, andaba pedo?

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José G. S. García

[@Xose_G_S_Garcia]. Aprendiz de escritor y prófugo de la academia de historia en la FES Acatlán-UNAM, ha sido y es profesor freelance.

Referencias

  1. Badiou, Alain, El siglo, Buenos Aires, Manantial, 2005.
  2. Baudelaire, Charles, Las Flores del mal, México, Planeta, 2014.
  3. Bauman, Zigmunt, La Globalización: Consecuencias humanas, México, FCE, 2001.
  4. Benjamin, Walter, Dirección Única, Madrid, Alfaguara, 1987.
  5. Dubiel, Helmut, Teoría crítica ayer y hoy, México, Plaza y Valdés, 2000.
  6. Fromm, Erich, Y seréis como dioses, Barcelona, Paidós Ibérica, 2011.
  7. Foucault, Nietzsche, Freud, Marx, Barcelona, Anagrama, 1981.
  8. Marx, Karl, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Barcelona, Alianza Editorial, 2009.
  9. Ranciere, Jaques, El odio a la democracia, Buenos Aires, Amorrortu, 2006.
  10. Sloterdijk, Peter, El Desprecio De Las Masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. Valencia, Pre-Textos, 2002.
  11. Zizek, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.
  12. Zizek, Slavoj, En defensa de la intolerancia, Madrid, Sequitur, 2008.
  13. Zizek, Slavoj, En defensa de causas perdidas, Madrid, Akal, 2011.

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