Foro de la Crítica Permanente en #FICUNAM7.


Desde hace varias ediciones, en el marco de FICUNAM, además de las proyecciones habituales, eventos especiales y presentaciones de libros, se ha abierto un espacio al diálogo en torno al cine y su relación con diversos temas. Gracias a la colaboración de la Cátedra Ingmar Bergman de Cine y Teatro, desde 2013 surgió el Foro de la Crítica Permanente.

Eva Sangiorgi explicó cómo, inicialmente, se le conocería como Foro de la Crítica; la palabra “Permanente” le sería añadida para su segunda celebración, en 2014, porque la labor de pensar y leer el cine requiere justamente la práctica constante, además de que es un espacio invaluable para la formación de públicos y la reflexión, objetivos importantes del Festival.

#FICUNAM7 encaminó esta edición del Foro al tema de la crítica y su relación con la historia. Dos mesas distintas tomaron como éste el principal motivo de diálogo.

Mesa 1: “La prepotencia del presente y la presencia del pasado”

Se contó con la participación de Michael Pattinson, crítico inglés que ha publicado en MUBI y Reverse Shot; Iván Pinto, docente chileno que además edita y colabora en distintos medios; Malena Suoto, investigadora y programadora argentina; y la crítica mexicana, Fernanda Solórzano. Fue moderada por el programador y crítico argentino Roger Koza.

Para abrir el diálogo, Koza señaló la contemporaneidad de los participantes del panel, factor a considerar dada su familiaridad con los formatos actuales. La charla comenzó a tomar su rumbo cuando se hizo notar cómo impera la crítica cinematográfica del presente, en donde urge abordar las producciones de cartelera o de los festivales y no se permite la reflexión, el buen entendimiento de lo que se consume.

Con respecto a la crítica con la historia, tema medular de esta edición, se señaló la mínima revisión que existe en el campo acerca de la relación que puede darse entre lo que se está viendo y el pasado del cine, tiempo al que cada vez se vuelve más accesible su acercamiento. Para abordar esto, se tomó como ejemplo el caso de La La Land, cuya apreciación varía de una persona a otra dependiendo el bagaje cinematográfico que ésta posea del género en cuestión.

A lo largo del debate se continuó discutiendo el papel que el pasado tiene en la cinematografía, acerca de la forma que toma, “como de un monumento”, se mencionaba, como una pieza de museo que se adora pero no se toca, cuando en realidad puede volver a ser pensado, destruirse y volver a construirse, según señala Pinto. Como ejemplo citó el trabajo del realizador Luiz Rosemberg Filho, que atraviesa un redescubrimiento en Brasil y que, precisamente, para esta edición de FICUNAM tendría una retrospectiva.

Suoto secundó la relevancia de una visión crítica y deconstructiva sobre la historia del cine, mientras que Solórzano, única conocedora en la mesa de lo que sucede dentro de la crítica mexicana, señala que la función de éstos resulta un tanto romántica y toma como uno de sus objetivos primordiales salvar la cinefilia mediante la creación de contenido relevante, de una agenda que destaque.

Los participantes concordaron con la noción de la tiranía del presente, de sus exigencias que no permiten que los profesionales de la crítica se desempeñen de la mejor manera en que podrían hacerlo. Factores como los medios digitales, el clickbait y la necesidades que demandan los públicos –como calificar las películas en un rango de estrellas–, deforman su labor intelectual y la convierten en un acto de escritura mecánica inmediata cuando, en cambio,  la crítica bien ejercida “aspira a la erudición”, señaló Pattinson, y el papel que adquiere un crítico es el de referente, y formador de públicos.

Mesa 2: “Escribir la historia del cine”

Su desarrollo corrió a cargo de tres figuras de trayectorias en extremo distintas pero igualmente notables: también moderada por el programador y crítico argentino, Roger Koza, el panel se conformó por Merhnaz Saeed-Vafa, iraní que ha ejercido como profesora, teórica del cine, productora, conferencista y consultora; Ela Bittencourt, polaca de nacimiento, crítica, curadora y escritora; y Jorge Ayala Blanco (¿es que acaso necesita presentación?), que durante esta misma charla Roger llamaría “arqueólogo de la cartelera mexicana”.

Para arrancar, Koza señaló la diferencia de edades los ponentes de esta mesa y los de la mesa anterior; “no es azaroso”, explicó, pues el propósito era hacer notar la relación del presente con los críticos más jóvenes y su escritura, al contrario de estos tres partícipes, veteranos que sí establecen un diálogo con la historia y que su trabajo –desde la escritura, la investigación hasta la programación–, en palabras del argentino, constituye parte de la nueva historia del cine.

Cada uno de ellos narró a los asistentes bajo qué contexto se ha dado su trayectoria, así como la manera en que han podido desempeñarse en el campo y los más grandes méritos de su carrera.

De los extensas y nutridas intervenciones de cada participante, hay mucho que rescatar. Bittencourt, quien dio inicio al diálogo, platicó de la preponderancia que tiene la Historia en el campo del cine en Polonia. Es parte de cómo se crea la identidad nacional, como sucede como el lenguaje, por ejemplo (“Our language is our home; our country is our language”), y explicó la cercana relación entre el cine, la historia del cine y la Historia, evidentemente, tomando en cuenta el papel de dicho país europeo en las guerras, capítulos que forman parte indeleble de su memoria colectiva y que, en su cine, constituyen prácticamente un género en sí mismo.

Merhnaz, mayor que Bittencourt, carga con un background distinto. Aunque actualmente ejerce gran parte de sus actividades en Chicago, Estados Unidos, el hecho de haber nacido en Irán, un país de Medio Oriente, y tener que mudarse a nuestro continente durante uno de los capítulos clave de la historia contemporánea, la haría pasar por una situación nada cómoda en la que, pese al entorno, conocía su identidad y se sabía representante de su patria. Bajo su propia experiencia de vida, entonces, un buen crítico cinematográfico sería aquel capaz de vincular el cine que ve con otros aspectos psicológicos, sociológicos, políticos, económicos; siempre bajo una perspectiva personal.

Saeed-Vafa es una de las referencias inmediatas actuales si se busca un acercamiento con el ya fallecido realizador Abbas Kiarostami; en conjunto con Jonathan Rosenbaum, Merhnaz publicó un libro en torno al trabajo del director. Tomándolo como guía para su percepción del cine, Vafa explica la manera en que Kiarostami rompió estereotipos a nivel global y dejó un legado de filmes que brindan algo para pensar y no se limitan únicamente a entretener. La crítica, pues, debería trabajarse del mismo modo, siempre persiguiendo dar algo más al lector.

Finalmente, Ayala Blanco, la enciclopedia viva y su placer infinito por pensar la historia del cine. El mexicano hizo lo propio y narró algunas de las anécdotas que han forjado su carrera: habló del “delirante” trabajo de investigación que le tomaría décadas y de su faceta como crítico de distintos medios, misma que ha ejercido por más de 50 años. En su opinión, el ejercicio de la crítica conlleva amor y odio, y debe mirar al presente y al pasado, de tal modo que un crítico de cine es un auténtico esquizoide que trata de descifrar las historias que se narran en la pantalla.

En la sesión de preguntas y respuestas, en donde los micrófonos se abren para que el público aporte algo al diálogo ya entablado, uno de los ahí presentes era Iván Pinto, crítico que habría conformado la mesa del diálogo del día anterior. Sus cuestionamientos –uno planteado para cada panelista–, fueron el cierre exacto de la mesa: Merhnaz pudo explicar un poco del entorno local del cine iraní, de la violencia de género y discriminación que aún imperan. Que si bien las mujeres pueden trabajar como directoras –documentalistas, en su gran mayoría–, tienen que padecer algunas limitaciones que no se presentan con los varones, y,  si quieren ejercer del otro lado de la pantalla, no tienen visibilidad a menos de que se trate de papeles que emanen una imagen de víctima, de madre sometida, de mártir.

Ela, por su parte, habló de cómo el tema de la guerra puede llegar a cobrar tintes incluso monstruosos, mas se trata de un tema que el país, dentro de su quehacer cinematográfico, no se atreve a ignorar. Finalmente una guerra, en sentido literal o metafísico, no conduce más que a apreciar el verdadero valor de la vida.

Ayala Blanco fue cuestionado acerca de las tradiciones dentro de la crítica mexicana. El también docente del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), dijo que cada generación se inventa sus propias tradiciones pero que, al igual que como sucede con las reglas, las tradiciones sólo fueron inventadas para violentarse.

Karla M. Ricalde

Karla M. Ricalde (1992). Lic. en Comunicación y Periodismo. Ha colaborado para Indie Rocks!, Chilango y Tierra Adentro.

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