Reflexiones colectivas, esa intermitencia.


El pasado diciembre asistí a un encuentro de artistas escénicos en la ciudad de Pachuca, Hidalgo. Como me sucede habitualmente en estos eventos, salí confundido. No me malinterpreten, agradezco las experiencias y he conocido personas entrañables en cada uno de los encuentros a los que he ido, pero tarde o temprano me vuelve la angustia.

En esta ocasión me invitaron para que escribiera una crónica de la cuarta emisión de Encuentro Catapulta 2016. Durante la semana de actividades publiqué una breve reflexión en Traffic On Stage preguntando: ¿Dónde es posible reflexionar colectivamente?

Recurrí a una convicción urbana para mi insinuación: las luces intermitentes nos permiten evidenciar diversas incertidumbres desde el auto:

  • Estoy parado, pero no me voy a estacionar
  • Estoy parado, pero ya me estoy yendo (aunque aún no me he ido)
  • Al irme, olvidé quitar el aviso de que, sin estacionarme, paré mi auto brevemente

Tenía clara mi intención de propiciar reflexiones a partir de lo que iba sucediendo durante el encuentro. Era parte de mis responsabilidades. Sin embargo, el cómo se va construyendo en presente, no antes.

Dicho de otro modo, el estar atento puede ser una especie de paradoja: un modo de alerta-estable donde sabemos –o creemos saber, es hacia allá a donde quiero ir– que el riesgo es inofensivo o estará, más pronto que tarde, bajo control. Por ejemplo, asumir que por el mero hecho de juntarme con otros artistas escénicos lograremos reflexionar nuestro oficio colectivamente.

La realidad de redes de colaboración no está dada por el mero hecho de pertenecer a un mismo ámbito profesional, sino que hay que irla construyendo en colaboración. Lo cual implica, entre tantos silencios más, estar abierto. Encontrarse y discrepar como los autos que, sin estacionarse, de repente se paran.

Las cuatro preguntas-ventanas

La apuesta no fue nueva –ni pretendía serlo–, pero sí insistente y los argumentos para ello, al menos los míos, siguen siendo muy básicos: visibilizar puntos ciegos posibles.

Se propusieron cuatro preguntas, una por día:

Cada pregunta se compartía al inicio de las actividades en la fecha correspondiente. Se hacía la invitación a participar –no necesariamente había que responder– y al final se tomaba la foto como registro. Acompañar talleres, asesorías y conversaciones de Catapulta 2016 con esta dinámica buscaba también generar indicadores –simbólicos y concretos– de algo que me inquieta particularmente durante los encuentros artísticos: la reflexión compartida.

Mejor dicho, ¿hasta qué punto nos es posible como artistas, reflexionar en voz alta y en grupo?

Por supuesto que cuatro preguntas detonadoras no están ni cerca de argumentar una conclusión. Pero, ¿reflexionar es concluir?

En un primer comentario editorial llamé a estas preguntas: “Ventanas”, como otra pista: si reflexionar puede ser concluir, no es lo que ahora nos ocupa, sino la posibilidad de que dichos diálogos –en conjunto con los talleres, las asesorías y los cafés– nos vayan revelando las miradas desde donde reconocemos nuestro trabajo, el de otros y el contexto donde interactuamos como artistas escénicos con inquietudes diversas, que viven en ciudades distintas y se juntan durante algunos días para compartir y aprender.

Quizás sea precipitado hablar de marcos, pero siento que los encuentros artísticos son espacios propicios para esbozarlos colectivamente y decir, ¿y si abrimos una ventana aquí donde dice “disciplina, cuerpo o emoción”, qué pasará? Si tenemos suerte y somos precisos –exactos, diría Hemingway–, no se abrirá una sino varias ventanas. Dicho de otro modo, reflexionar es una habilidad para mirar y orientarnos que vamos desarrollando a través del encuentro con otros.

En otras palabras, la intención es visibilizar inquietudes comunes, abrir huecos en lo que creemos fijo o cerrado de nuestras convicciones, posturas y modos de abordar la escena.

Reflexionar en voz alta y en grupo es una manera de referirnos al ejercicio de abrir nuestros procesos de trabajo; al desarrollo de una habilidad de pensamiento-acción para contribuir, entre otras cosas, a la desmitificación del trabajo artístico dogmático, que se hace en soledad y a puerta cerrada.

Reflexionar es una habilidad para mirar y orientarnos que vamos desarrollando a través del encuentro con otros. En esta ocasión, las diversas actividades fueron apuntando hacia un esfuerzo compartido por identificar inquietudes comunes, abrir huecos en lo que creemos fijo o cerrado de nuestras convicciones temáticas, técnicas y estéticas, todo con el desafío de materializar transformaciones en cada obra para las funciones finales.

¿Y la crónica?

Se titula: Catapulta 2016, una transformación silenciosa. Resulta de un diálogo entre la directora del Encuentro y yo, quienes resolvimos publicar dos versiones. La primera se publicará en su sitio web y se enfoca en describir cronológicamente la experiencia. Y la segunda, publicada en Traffic On Stage, complementa dichas descripciones con preguntas y reflexiones que fueron surgiendo durante el encuentro.

 

 

Bonus track:

Daniel Alvarez Gorozpe

Daniel Alvarez Gorozpe: artista escénico, director de TrafficOnStage, donde con proyectos como Cuerpo Inquieto y Tree Issues, apuesta por la investigación artística y sus relaciones con lo cotidiano. Escribe lo que puede sobre artes escénicas, educación, comunicación digital e imprudencias. En mayo de 2016 se publicó Moist, su primer libro de poemas. Zurdo.

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