La deconstrucción de la historia.


Al decir la historia queremos referirnos al pasado, la expresión “ya es historia” se interpreta como algo que ya fue, que ya es tradición y que por el hecho de ser pasado puede ser considerado como absoluto, y a su vez viene con toda una tradición que transmite y  conserva en el tiempo; Collingwood menciona “la filosofía de la historia consistía en el descubrimiento de las leyes generales que gobiernan el curso de aquellos acontecimientos cuyo relato corresponde a la historia”  (Collingwood, 1972: 59).

La historia de manera tradicional puede ser entendida como la ciencia que estudia, organiza y reconstruye aquellos hechos de los cuales no fuimos testigos, encontrando en esta reconstrucción e indagación del pasado, antecedentes, causas y consecuencias con la intención de entender el presente, ayudándose de la historiografía pues gracias a la escritura   la cultura trasciende al permitir documentar la historia, de ahí que Zermeño afirme que “las escrituras sobre el pasado producidas por los historiadores constituyen una suerte de memoria histórica” (Zermeño, 2010, 23)

Pero considero que las palabras mismas nos enseñan que la sociedad no siempre ha sido la misma, pues las palabras tienen dimensión cultural, y a partir del lenguaje expresamos nuestra manera de observar el mundo, lo cierto es que el conocimiento que se tiene del mundo esta mediado por el lenguaje. Con el lenguaje podemos comprender cómo las sociedades a lo largo de la historia construyen su saber y cómo enfrentan sus problemas, las palabras crean relaciones sociales y a su vez crean cultura.

Las palabras cambian, sus significados evolucionan en el tiempo, por ello no poseen un significado preciso, lo cual dificulta una verdad absoluta, las palabras cambian según su contexto, tienen significados históricos-conceptuales que nos ayudan a entender la cultura así como las diferencias entre sociedades; “hay  cultura e historia desde que la humanidad existe, su uso diverso nos enseña que la sociedad humana no siempre ha sido la misma” (Zermeño, 2010: 22).

Ante esto me pregunto, ¿cuál es el sentido de la historia? En Giambattista Vico podemos encontrar que en la historia se desarrolla la conciencia humana donde los hombres crean su propia humanidad, pues sin acciones humanas no hay historia, considerando la pluralidad y singularidad de cada época, así como que se sale de la libertad natural del estado de naturaleza y se adquiere cultura. También es importante cuando dice que “la norma de lo verdadero es haberlo hecho” siendo esto parte de su idea de historia, pues el ser humano conoce aquello que ha fabricado.

En este sentido, para Vico el ser humano es el sujeto de la historia, es quien a través de sus acciones puede mejorar la historia. Entonces el progreso en Vico no es un progreso lineal,  sino son etapas que tienen patrones, es un progreso cíclico con recaídas donde algunas cosas se repiten pero otras cambian, encaminado a una idea de historia ideal.

En Kant el ser humano hace la historia desde la libertad de la consciencia moral, desde su autonomía, desde el uso de la racionalidad práctica, pero el sentido de la historia es un conjunto de acontecimientos dirigidos hacia un fin, con un hilo conductor, con un plan de la naturaleza, progreso lineal donde no hay bien o mal sino arbitrariedades.

Para Hegel, el espíritu de un pueblo es como un individuo en el curso de la historia universal, y este espíritu universal aparece en las diferentes épocas de los diferentes pueblos que representa la conciencia de la época. Pues cada pueblo tiene tendencias individuales reflejadas en lo moral relacionadas con la religión; existe una racionalidad en la naturaleza y en la historia.

En Marx el materialismo histórico afirma que la producción de bienes materiales, así como el sistema de producción, es lo que condiciona toda la historia de la humanidad, pues la vida material condiciona el proceso de la vida social, espiritual y política; es decir, las condiciones materiales determinan la historia y la historia de la humanidad es una lucha entre hombre libre (amo) y esclavo, siendo esta dialéctica el motor de la historia, entre las fuerzas productivas y los propietarios de los medios de producción, y esto lleva a la lucha, pues esta dialéctica implica supresión de unos por otros.

Pero dentro de este campo de la historia surge el debate de hasta qué punto se separa la historia de las meras opiniones y hasta dónde es un saber cierto, pues como menciona Zermeño, “el problema central que enfrenta una epistemología centrada en la conciencia es su incapacidad para dar cuenta fehaciente del mundo social e histórico a partir exclusivamente de percepciones individuales” (Zermeño, 2010: 27); entonces, en esta reconstrucción de la historia, ¿hasta qué punto viene de una conciencia individual? Es decir, hasta dónde esa historia reconstruida es el reflejo de una memoria colectiva.

 Me parece interesante la postura de Descartes respecto a la historia, pues se inclina hacia el pirronismo histórico donde los relatos históricos no son narraciones exactas de lo ocurrido, por lo tanto no pueden ayudarnos a comprender lo que ocurre realmente; “la historia no es en absoluto una rama del conocimiento […] las más fieles historias su puesto que no cambien ni aumenten el valor de las cosas, para hacerlas más dignas de ser leídas, omiten las circunstancias más bajas y menos ilustres” (Collingwoood, 1972: 124). Entonces las fuentes a partir de las que se reconstruye no pueden admitirse sin ser sujetadas a un proceso crítico, pues se suele desfigurar el pasado para traerlo y presentarlo al presente, lleno de acontecimientos heroicos, de sacrificios en busca del progreso y hasta me parece que podría ser considerado un pasado tan digno que quiera ser repetido.

Considero que los materiales a partir de los cuales se documenta la historia permiten recuperar la memoria colectiva, materializar la historia, para regresar al pasado, recuperarlo, reconstruirlo, y ver cómo se ha transformado, pero esto pone en duda una historia lineal, mostrando que la historia es rebelde a una ley única, por lo tanto no hay un modelo general de la historia que lleve hacia el progreso.

Al respecto Derrida, siguiendo la influencia de Foucault, opina que la deconstrucción es un instrumento crítico de lectura de textos para demostrar que toda escritura ha estado llena de contradicción y confusión, pues la deconstrucción es la fragmentación de los textos en donde se detectan las rupturas y lo reprimido por un discurso hegemónico.

“Se ha señalado la necesidad de rehacer la historia, prescindiendo de la historia tradicional” (De Peretti, 1998: 86), es interesante dado que la historia tradicional ha venido buscando una totalización del conocimiento, y al deconstruir siguiendo la idea de Derrida, se deja la noción de inamovible e inalterable de las estructuras tradicionales, entonces al deconstruir se otorga otro sentido al interpretar, excavar en las ruptura e interrupciones, siguiendo palabras de Foucault en el método arqueológico, para encontrar las condiciones a partir de las cuales se ha constituido el saber, pues estas rupturas que llevan a lo discontinuo ponen en duda la totalización.

Creo que las lecturas de manera heterogénea y fragmentada son refrescantes pues las cosas son lo que son porque así las hemos definido según ciertos parámetros, entonces al deconstruir cada nuevo sentido es un acto creador, al seguir el ejercicio derridiano de detectar lo “otro” en los tradicionales discursos homogéneos.

Al respecto de la concepción metafísica de la historia que rechaza Derrida “privilegiando el ahora-presente como conciencia fundadora del sentido de la historia, caracterizada como realidad ultima, como fuente de verdad” (De Peretti, 1998: 86), por eso hay que desquebrajar el pensamiento occidental, pues la historia ya no puede plantearse como una historia absoluta que funda el presente de manera total, pues esta concepción metafísica de historia es todo lo contrario a la deconstrucción que es buscar otro sentido y dejar la idea de que la historia es inalterable.

Pero la historia podía ser fijada como siempre la misma debido a textos impresos y escritos, que tradicionalmente deben mantener el mismo significado. Derrida menciona que la historia aparece como escritura porque nosotros los presentes reconstruimos el pasado a partir de objetos ya sea arquitectónicos, ruinas, excavaciones, pinturas, objetos y documentos, pero en este caso la pregunta es: ¿Quién hace los documentos? Es importante analizar en este sentido quien es responsable de recrear el pasado resultando como constancia un documento, pues estos documentos que describen el pasado son la base en la que se mueve el presente, “la preocupación por el origen aparece como movimiento de fundamentación de lo originario, ofreciendo así una imagen de acabamiento perfecto” (De Peretti, 1998: 87)

Zermeño también hace una observación sobre los documentos que recuperan la memoria historiográfica, pues a partir de donde está marcada la distancia entre lo ideal y lo ordinario, lo objetivo y lo subjetivo al recrear la historia que esto influirá en la construcción del saber “podría ser útil para enfrentar los retos de como pensar históricamente a la historia […] la distancia que separa a lo que son meras opiniones y la posibilidad de establecer un saber cierto” (Zermeño, 2010: 26).

De igual manera Zermeño menciona que, “en la medida en que la historia se hizo depender del poder de la escritura y su conservación, se generó la ilusión de que el conocimiento sobre el pasado podía ser acumulativo y progresivo” (Zermeño, 2010: 29); mientras que Foucault sugiere no acumular el saber hacia alguna conclusión histórica, sino más bien analizar a través de esos conocimientos, excavando con un sentido crítico.

Es interesante el origen tachado del que habla Derrida que, se podría decir, es donde la deconstrucción entra, pues el rechazo al origen es al mismo tiempo rechazo de recuperación en el sentido de que permite recuperar “lo otro” olvidado por la historia monumental, entonces al hablar de origen se tiene que hablar de verdad y razón, dice Derrida.

La importancia en prestar atención a como se ha construido la historia es debido que las sociedades han creado su identidad, cultura, creencias y su pensamiento en base a esta memoria histórica heredada tras generaciones.

Foucault, siguiendo la línea de pensamiento de Nietzsche, menciona en Nietzsche, la genealogía, la historia:

deconstruccion2 “la genealogía es gris, meticulosa y pacientemente documental. Trabaja con pergaminos embrollados, borrosos, varias veces reescritos” […] al describir génesis lineales, al ordenar en función de lo útil, como si las palabras hubiesen guardado su sentido, los deseos su dirección, las ideas su lógica; como si este mundo de cosas dichas y queridas no hubiese conocido invasiones, luchas, rapiñas, disfraces” (Foucault, 1988: 11).

Es decir, la historia, en un sentido tradicional, se ha dedicado a la búsqueda racional y en forma lineal hacia el progreso, busca el origen de las acciones del ser humano, pero a su vez generaliza, universaliza, eliminando las individualidades.

Me parece que la genealogía de Nietzsche, así como el método arqueológico de Foucault y la deconstrucción de Derrida, a diferencia de la historia, no prestan su atención a los absolutos, a la universalidad, renunciando a una verdad absoluta, pues los criterios de validez para la creación de la historia también han cambiado.

Creo que esta búsqueda del origen, de lo universal y absoluto ha sido una de las principales causas del ataque y exterminio del hombre por el hombre mismo, ¿la razón? ¿El apego a la verdad y el rigor de los métodos científicos? “De la pasión de los sabios, de su odio reciproco, de sus discusiones fanáticas y siempre reanudadas, de la necesidad de vencer” (Foucault, 1988: 19); en este sentido la verdad historica está en función de las clases dirigentes.

Considero que la búsqueda de una historia global es para reducir todas las diferencias, a una única visión y organización del mundo, estableciendo un único sistema de valores, controlando así a las masas, totalizando para así no poner en duda todo el pasado histórico afectando el presente, tal como se propone al excavar en las rupturas de la historia. Los discursos están en función del contexto, el valor de verdad se transforma en un dispositivo de poder. La deconstrucción invita a buscar las condiciones que atraviesa una transformación en la episteme, observar cuál es el cambio en el pensamiento, romper con las categorías, con el sometimiento histórico, redescubrir, analizar los antepasados, reintegrar el conocimiento que fue descalificado de la historia, y así transformar las relaciones de poder actuales, porque creo que las ausencias o las omisiones a lo largo de la historia podrían decir más de lo que uno conoce en la historia tradicional. Esto me lleva a pensar ¿en función de quien está la historia? ¿Quién ejerce el poder a través de la historia?

 

12345

Elisa Fernanda Soledad Quintana

Nació en la CDMX. Estudiante del último año en Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM. Interesada en temas de estética, arte, filosofía política, género, filosofía de la historia, bioética.

Referencias

  1. Collingwood, Robin G. Idea de la historia. Fondo de Cultura Económica, México. 1972.
  2. De Peretti, Cristina. Jacques Derrida, texto y deconstrucción. Editorial del hombre. Madrid, 1998.
  3. Foucault, Michel. Arqueología del saber. Siglo XXI editores. Argentina, 1970.
  4. Foucault, Michel. Nietzsche, la genealogía, la historia. PRETEXTOS. 1988.
  5. Zermeño, Guillermo. La cultura moderna de la historia. El Colegio de México. 2010.

Comentarios