¿La LA Land es la salvación del género musical?

La La Land: ¿La salvación del género musical?


La película de la que todo mundo está hablando es La La Land, del nobel director Damien Chazelle, quien nos presenta su tercer opus. De estética única y formidable, La La Land lo mismo es una oda a Los Ángeles, que una oda a obsesiones musicales como el jazz, al tiempo que homenajea al género musical de los años cincuenta y sesenta, y lo mismo es una película de amor agridulce, pero bellamente filmada. Este texto contiene spoilers.

La estética es un detalle importantísimo, desde la apertura se nos específica que veremos una película en Cinema Scope, (así es, otra cinta vuelve a acudir a la nostalgia) la cual abre con una secuencia espectacular en donde se plantea una temporalidad universal. Si bien el filme se ubica en el presente, a partir de ese momento sabemos que tomará detalles prestados de todas las décadas, por ejemplo, vemos desde coches de los años cincuenta hasta personas con celulares en la mano, una saturación de colores pasteles y brillantes que nos proporciona una mirada, por una lado nostálgica, hacia el cine del Hollywood clásico, pero también nos previene que este es un musical único, como no se habría hecho en ninguna otra época si no en el presente.

La historia versa sobre la vida de dos personas, Mia y Sebastian, cuyos caminos en la vida, por motivos inexplicables, se cruzan. Ambos viven en Los Ángeles, la ciudad de los sueños, y como buenos habitantes, ambos están en la búsqueda de sus sueños profesionales. Mia por su parte busca y anhela ser una actriz reconocida en cine o TV. Mientras que Sebastian, un pianista de jazz, está en la carrera por dejar de ser un simple pianista de jingles para buscar instalar su propio night club.

¿Por dónde empezar, querido lector? En el fondo la película plantea una pregunta sencilla en estructura, más no en respuesta: ¿qué amor te va a mover más? ¿Un amor artístico por lo que haces? ¿O un amor personal? Si bien esa es una idea que Chazelle ya había explotado con anterioridad en Whiplash ―con un resultado mucho más violento―, aquí no hay una violencia y brusquedad en su resolución de esa índole, se intenta maquillar la crudeza con ternura y encanto.

En ese sentido, este filme es una negación del musical clásico, ya que si bien se desarrolla en el mundo imaginado y en el mundo real, en La La Land las historias de amor se parecen más a cómo las vivimos la mayoría y no cómo las vivirían los personajes de los musicales de décadas pasadas. Existe una tensión maravillosa durante toda la película porque es una historia agridulce y los personajes no se permiten vivir una vida de película como se haría en el musical clásico.

La química que existe entre Ryan Gosling y Emma Stone es increíble, ya lo habíamos visto en otras películas como Crazy, stupid love y Ganster Squad, sin embargo, aquí llega a niveles espectaculares. Emma Stone canaliza a todas las grandes actrices de otras épocas, en una escena es Judy Garland, en otra escena es Natally Wood, en otra es Sandy Benis, en otra es Audrey Hepburn o Shirley McLane o Ingrid Bergman. Las referencias al cine clásico están a la orden del día como se puede ver en siguiente video.

Hablando de evocar películas, las alusiones más importantes en La La Land son dos y son muy obvias: Cantando bajo la lluvia y Los paraguas de Cherburgo. Además tiene elementos como los números de baile de Busby Berkeley de los años veinte, el estilo de producción de Harold Prince, y los números de danza de Bob Fosse de los años 60, lo mismo que referencias a Henry Mancini como a Cole Porter.

Pero aun con todo esto, La La Land es una cinta demasiado calculada para estar a la altura de la emotividad de las películas a las que celebra; se siente artificial y no puede estar exenta de cuestionamientos. Si bien la manufactura es espectacular, carece de un guion con la hondura suficiente para captar a la parte del público melodramático al que intenta llegar en la segunda mitad de la cinta. La simpleza de los diálogos, las situaciones burdas y todo lo que se ha construido con meticulosos deseos por gustar se viene abajo largo trecho de la película hasta la llegada de la secuencia del final.

Por otro lado, comparto la opinión de que existe algo en el discurso de La La Land que fastidia: Damien Chazelle, así como el jazzista de la cinta, se ve como un salvador del cine del género musical y del jazz. Desgraciadamente y a pesar de los esfuerzos ni uno ni otro objetivo se logra, pero es claro e innegable que existe una evolución en cuanto al género. Está presente en la cinta y es muy visible la ñoñez de Chazelle al haber revisado los grandes musicales y saber en cuántos cortes están hechas las secuencias del milenio pasado, mostrando su inteligencia al saber adaptar cada secuencia y dándoles una fluidez que sólo la tecnología actual puede brindar.

¿Por qué existen haters de La La Land? ¿Cómo una película tan calculada para gustar puede ser odiada? ¿A qué fenómenos de colectividad nos estamos enfrentando una vez que ya nada puede ser amado en su totalidad? La La Land se desarrolla en Los Ángeles, en el lugar de los soñadores, en una ciudad hecha a partir de rechazos como la vda de nuestros protagonistas. Quizá lo mismo le pasa a Chazelle, quien se proyecta en los personajes y quien mantiene un interés por la gente que tiene una pasión desbordada por el arte ―que se conecta con las obsesiones de Whiplash―, convirtiéndose en un soñador que intentó hacer una obra perfecta, pero que de momento se enfrenta a un sector rígido y meticuloso de exigencia desbordada que ya no conecta de manera tan fácil con la fantasía del musical, hace falta más sustancia para lograr ese cometido. Vaya, con sus reservas, al igual que sucedió con Whiplash, La La Land deslumbra y vale la pena.

Fernando Teodoro Gabino

Egresado de la Licenciatura en Historia por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Únete a la conversación en Twitter: @AlfaVinyl

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