Rick y Morty: Infinitos universos, infinita insignificancia.


Hace un buen rato que las caricaturas dejaron de ser un producto meramente infantil. Desde la década de los noventas hemos apreciado una gran cantidad de animaciones dirigidas a un público mayor, abordando temáticas importantes de una manera desquiciante y siempre muy colorida. Sin lugar a dudas éste campo se volvió un medio para hacer críticas sociales y promover la reflexión en distintos aspectos. Ya en Reflexiones Alternas vimos la riqueza de esa bellísima y sumamente profunda obra de arte que es Steven Universe, y también hicimos hincapié en el trasfondo filosófico en uno de nuestros episodios favoritos de Los Simpson. Si aun con esto, y la infinidad de ejemplos que hay para mostrar, hubiera alguien dispuesto a afirmar que las caricaturas son un montón de monos sin valor alguno, hoy día vengo a hablarles de la que probablemente sea la mejor serie animada de la década, y una de las mejores en toda la historia de la animación: Rick y Morty.

El siguiente análisis contiene una gran cantidad de Spoilers. Si eres de aquellos que no les temen y los utilizan como una base para juzgar nuevos contenidos, bienvenido.

Rick y Morty muestra las aventuras de Rick Sánchez, un genio científico ebrio, malhumorado, antisocial, egocéntrico, nihilista, hedonista y bastante cínico, junto a su cobarde y poco inteligente nieto Morty. Mediante la pistola de portales interdimensionales de Rick, así como una gran cantidad de aparatos de ciencia ficción, atraviesan diferentes situaciones en el multiverso, con lo cual se realiza una fuerte crítica social a las instituciones, convenciones y relaciones humanas. En una primera mirada, puede afirmarse que Rick y Morty son los herederos legítimos de South Park y Futurama: sin miedo a ser controversiales y directos con su crítica, profundamente filosóficos, al tiempo que manejan un humor exquisito, ácido, inteligente, lleno de sarcasmo e ironía, adornado con un sinfín de referencias culturales y un trazo excelso. Desde el primer episodio te bombardean con situaciones que te vuelan la cabeza y te hacen preguntarte ¿quién puede escribir algo así? ¿De dónde salió esto?

Los responsables son Justin Roiland, quien de paso hace la voz en inglés tanto de Rick como de Morty, y Dan Harmon, creador de Community, otra genial comedia que no repara en hablar de relativismo moral desde el primer episodio. Todo comenzó en el 2006, cuando Roiland realizó un corto animado que parodiaba al Doc y a Marty de Volver al Futuro, pero con un tono mucho más adulto y alocado: The Real Adventures of Doc and Mharti. Dan Harmon quedó encantado y comenzaron a trabajar juntos en una versión larga y más trabajada que vio la luz por primera vez en diciembre de 2013, en ese gran espacio para la animación que es Adult Swim. Con tan sólo dos temporadas han logrado hacerse de una buena cantidad de seguidores que piden a gritos el estreno de la tercera. Pero ¿por qué? ¿Qué hace tan genial a Rick y Morty?

La popularidad de Rick y Morty incluso llegó al universo de nuestra familia amarilla favorita.

 

Una de las razones principales es su alto contenido filosófico, que se desenvuelve en múltiples formas. Ya lo veremos. Lo que la gente nota antes que nada es el claro homenaje que hay a los clásicos de horror y ciencia ficción: A Nightmare on Elm Street (1984), Zardoz (1974), Inception (2010), Jurassic Park (1993), The Purge (2013), Ghostbusters (1984), Invasion of the Body Snatchers (1956), Lawnmower Man (1992), Rise of The Planet of The Apes (2011), sólo por mencionar algunos. En especial hay un tributo a H. P. Lovecraft desde el opening, y el horror cósmico es parte esencial en la serie. Rick y Morty constantemente juega con la idea de que no somos sino sólo una ínfima parte de un vasto universo lleno de entidades cósmicas y una suerte infinita de cosas que desconocemos, provocando esto en nosotros un horror particular, un horror por lo que está más allá de nuestro entendimiento y por lo absurdo, el así llamado “horror cósmico”. Más aun cuando entra la idea del multiverso: al haber infinitos universos, y con ello infinitas posibilidades, quedamos como entes infinitamente más insignificantes e infinitamente más ignorantes. En esta gran multi-inmensidad en la que somos prácticamente nada, ¿cuál es el sentido y el propósito de la humanidad? ¿Cuál es el nuestro como meros individuos? Esto inmediatamente nos refiere a las múltiples escuelas existencialistas y el terror angustioso de la vacuidad del sentido: como el Angst de Heidegger cuando la totalidad de lo ente se muestra en su radical insignificancia; o Nietzsche y el horror de encontrarse en la noche más obscura con la pérdida de sentido tras la muerte de Dios.

 

“Dios no existe Summer. Deberías saber eso. Me lo agradecerás”. (T01 E01).

Muchos intelectuales mantienen una postura de verdadero escepticismo ante ciertos elementos culturales a los cuáles se les atribuye un valor filosófico genuino, haciéndose preguntas del tipo ¿de verdad un filósofo se sentó a delinear un trasfondo filosófico en Batman ―por ejemplo―? ¿En verdad se pueden encontrar aspectos de la filosofía de Wittgenstein en Los Simpson? Puedo verlos dudando en este preciso momento sobre si una caricatura que comenzó como una parodia de una película ochentera puede manejar algo tan complejo como un planteamiento existencialista. Bastaría con que vieran el desenlace del sexto episodio de la primera temporada ―Rick Potion #9―, donde Rick y Morty, después de haber arruinado a la humanidad mediante un desastre bacteriológico, se mueven a una dimensión en la que ambos mueren al mismo tiempo, para reemplazarse a sí mismos y continuar viviendo como si nada hubiera ocurrido.

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“Nadie existe a propósito. Nadie pertenece a ningún lugar. Todos vamos a morir. Ven a ver televisión”. (T01 E08)

Es la dolorosa conclusión a la que llega un por demás traumatizado Morty, tras haberse enfrentado a la dolorosa realidad ―habiendo tenido que enterrar su propio cadáver en el patio―, en uno de los finales más impactantes que se hayan realizado jamás, algo que bien podría haber salido de la más loca de las creepy-pastas.

A pesar de todo esto, el propósito de Rick y Morty no es deprimirnos, no es mero pesimismo, busca que nos riamos de nuestra insignificancia, de nuestra falta de propósito e impermanencia al mostrarnos a nosotros mismos como entidades gigantes que también pueden atormentar a seres acaso aún más insignificantes que nosotros. Ya sea el caso del robot cuyo único propósito es pasar la mantequilla ―T01 E09: Something Ricked This Way Comes―, o el pequeño universo que Rick crea con el mero propósito utilitario de generar energía para impulsar la batería de su nave, de entre los cuales, paradójicamente, también un pequeño científico crea otro micro universo que genere energía, y los cuales están a punto de hacer lo mismo ―T02 E06: The Ricks Must Be Crazy―. Rick y Morty nos muestran como un momento breve en una totalidad que desconocemos, en la que nada parece tener sentido; al igual que los Meeseeks, vivimos existencias dolorosas buscando cumplir propósitos absurdos para poder morir. Ante esto solo queda reír y disfrutar del momento.

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Uno de los modos en que la serie busca que nos riamos de la insignificancia y absurdez es presentándonos las diferentes versiones de éstas a través del multiverso, el cual es otro de los enormes aciertos de la serie; en palabras de quien escribe, no ha habido nadie que explote tan bien el tema de los infinitos universos al grado que lo hace Rick y Morty. Es muy filosófico al imaginar y preguntarse por mundos posibles, al vislumbrar realidades alternas de manera compleja; y posteriormente el choque con esta alteridad tan distinta a nosotros nos obliga inmediatamente a voltear y ver con desconfianza nuestro propio mundo, a que cuestionemos nuestros hábitos cotidianos y prejuicios, volvernos escépticos ante lo que ordinariamente damos por sentado, incluyendo en esto a la gente que nos rodea y la realidad misma.

Esto último es algo que se repite en un par de ocasiones, Rick tiene que sospechar de la realidad porque podría encontrarse en una simulación dentro de otra simulación, dentro de otra simulación en el interior de la nave de sus enemigos alienígenas ―T01 E04: M. Night Shaym-Aliens!―, o algún parásito podría estar manipulando sus recuerdos ―T02 E04: Total Rickall―; la realidad podría no ser otra cosa que un videojuego en el que se simula nuestra vida entera ―T02 E02: Mortynight Run―. El espíritu de Descartes y su genio maligno rondan varios episodios de la serie.

En todo esto Rick siempre pide de nosotros un carácter curioso, pide una actitud propiamente filosófica, asombro puro, emoción real, más no por las razones equivocadas, no interesarse por aquellas otras versiones de uno mismo en las que se es más exitoso, pues en realidad siguen siendo igual de insignificantes e impermanentes que uno. Aunque se esté frente a un verdadero desastre, Rick pide que sintamos asombro por esas posibilidades infinitas del multiverso.

“Podríamos disfrutarlo un rato. Es decir, mira lo loco que es todo. ¿Cuándo será la próxima vez que verás algo tan loco como esto?” (T01 E06).

Para Morty todo esto es muy doloroso y angustiante. Con su razón y moral típicas, planas y estereotipadas sobre lo correcto, lo bueno, lo bello y lo verdadero, todo el tiempo descubre de la peor manera que el mundo no funciona como le han dicho, que aquello en lo que creía no era verdad. Entiende a la mala la primera de las dos grandes verdades del budismo: que la vida es sufrimiento; o como en el Taoísmo, que la Naturaleza nos trata a todos como perros de paja ―figuras simbólicas de la antigua China que tenían forma de perro y eran hechas de paja, las cuales se veneraban y posteriormente eran quemadas en sacrificio a los antepasados, pisoteados y destruidos en cuanto terminaba el ritual―. El universo, grandiosa casa de maternidad y espantoso matadero, no tiene sentimientos, hace su labor sin preocuparse por nadie, desaparece especies y naciones enteras sin titubear; nadie es especial ni único, todos sufrimos.

Frente a su cliché sobre que las aventuras deben ser simples y divertidas, como robar el oro a un malvado gigante para entregarlo a un montón de pobres aldeanos, Morty descubre desgarradoramente que la vida no es así, y de nuevo la crítica de la serie no perdona al sugerir la idea de un intento de violación a un infante por parte de un frijol de caramelo pedófilo ―situación que en el epílogo se torna tipo Harvey Dent en The Dark Knight, o Jeremías Springfield en Los Simpson―. O como cuando tiene que hacer frente a su postura sobre no matar, la cual estima como imperativo categórico kantiano, viéndose obligado a eliminar a un ser viviente gaseoso, que además era su amigo, para prevenir la muerte de millones ―T02 E02: Mortynight Run―. Verse enfrentado a tales dilemas es algo tortuoso para cualquiera.

 

“Las tradiciones son cosa de idiotas” (T01 E09)

Ninguno de los ídolos de la humanidad escapa al martillo de Rick y Morty, nada está a salvo de su mordaz crítica: la escuela, el matrimonio, la burocracia, la familia, la religión. En general un ataque a los valores y tradiciones que se asumen como últimas y verdaderas, las más correctas, epítome de la evolución humana, pero que Rick siempre se esmera en demostrar como inútiles, equivocadas, absurdas, carentes de sentido al ser el universo algo tan complejo e inaprensible para los simples mortales. ¿De qué puede servir la escuela si quienes enseñan no conocen sino apenas una ínfima parte de lo que hay? Como el león de las tres transformaciones de Nietzsche, Rick y Morty lo destrozan todo, toda la carga que la humanidad se ha designado a cargar como camellos, ellos la hacen añicos en apenas veinte minutos y fracción. ¿Pero acaso el león logra transformarse en niño? ¿Hay alguna propuesta en Rick y Morty o es nihilismo puro?

Esta podría considerarse la intriga principal de la serie, porque va ligado al examen de la figura de Rick, uno de los mejores personajes de ficción jamás creados. ¿Cuáles son sus propósitos? Incluso parecen dedicar un episodio a esta interrogante cuando Beth y Jerry, hija y yerno de Rick, respectivamente, discuten sobre los motivos por los cuales Rick tiene un alienígena secuestrado en el sótano ―T02 E03: Autoerotic Asimilation―. ¿Es para ayudarlo? ¿Es para beneficiarse con alguna propiedad física del alienígena? ¿O acaso lo está protegiendo de algo? La respuesta es un sí a todo, no habiendo revelado con ello nada. Pero podemos proponer la idea de que Rick es un luchador de la libertad, lo único que nos permite vivir en una existencia tan jodida.

“No soporto la burocracia. No me gusta que me digan dónde ir y qué hacer. Lo considero una violación”. (T01-E01).

Acorde con la serie, Rick acaba de regresar con su familia después de haber abandonado a su esposa e hija para aventurarse en una épica odisea junto a Hombre Pájaro y Squanchy, en la que terminaron convertidos en el enemigo público número uno de gobiernos y planetas enteros. ¿Qué es lo que hizo Rick en todo este tiempo? ¿Por qué lo consideran un terrorista intergaláctico/interdimensional? Estamos casi seguros de que fue por la libertad de hacer lo que uno quiera, sin importar lo asqueroso, egoísta o “malo” que esto sea. Pero tendremos que esperar la tercera temporada para comprobarlo.

Si acaso la libertad no fuera lo que motiva a Rick a actuar en la forma en la que lo hace, no quedaría otra respuesta que la ciencia.

“Lo que la gente llama amor es en realidad una reacción química que lleva a los animales a procrear. Es fuerte Morty, luego desaparece dejándote varado en un matrimonio fallido. […] Rompe el ciclo, Morty. Sé mejor. Enfócate en la ciencia.” (T01 E06).

La ciencia nos puede ayudar a conseguir lo que queramos. Sirve para detectar, medir y anular la maldad, como vemos en Something Ricked This Way Comes ―hermoso tributo a Ray Bradbury―, donde Rick elimina todos los maleficios de los artículos en una tienda dirigida por el Diablo, el cual busca dar una lección a los hombres sobre la codicia y el deseo ―tributo a Needful Things, de Stephen King―. Y lo hace sólo por molestar, sólo porque tiene la libertad y la capacidad para fastidiar al mismo Diablo, desmitificando por completo a la religión. La ciencia vuelve obsoleta la maldad.

Todo esto a pesar de que esa misma obsesión científica, esa necesidad de medir y cuantificar todo, sea una de las razones que vuelven aun más miserable a Rick. El racionalismo científico elimina por completo el poco sabor que la vida pueda tener, enfatizando el sin sentido; es por esto que Rick vive en un sufrimiento constante ―”Wubba lubba dub dub”, la típica frase que suele decir después de hacer algún chiste, en realidad significa “Estoy sufriendo mucho. Por favor, ayúdenme”―, el cual trata de aliviar con alcohol y otras drogas espaciales, buscando únicamente el placer del momento.

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Además de todo esto, también podríamos decir que la familia es una de las pocas cosas en las que cree Rick. En distintos momentos de la serie podemos ver un profundo aprecio real por Beth, su hija, la cual tal vez sea la única que jamás recibe un insulto de parte de Rick. De la misma forma, en algunos momentos fugaces puede rastrearse que la relación entre Rick y Morty trasciende la mera utilidad, que Rick no sólo explota al pobre de Morty en beneficio propio, sino que también hay una pizca de amor real, amor familiar hacia él.

Sin duda esta es, como ya dije, una de las mejores series animadas que se han hecho, escrita de una forma inteligente, con problemas filosóficos reales, una animación exquisitamente colorida y una selección de canciones que acompañan de manera perfecta algunos de los momentos más importantes de la trama. Sin dejar atrás todos esos homenajes y parodias a elementos de la cultura geek, así como ese fino humor con toques pseudo-cientificistas. Cualquiera que no la haya visto que vaya y compruebe o desmienta mis palabras, pero que jamás deje de reír de su infinita insignificancia.

Ricardo Israel Sánchez Becerra

Ricardo Israel Sánchez Becerra, nacido en la ciudad de México hace 25 años. Estudiante de Filosofía en la UNAM. Actualmente elabora una tesis acerca de la crisis de la educación desde el sistema filosófico de Hannah Arendt. Interesado principalmente en Filosofía de la educación, Taoísmo, Estoicismo, Nietzsche, y en la divulgación de la Filosofía mediante la cultura popular.

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