La Paz que nunca apareció.


Cada dieciséis de enero, desde el año de mil novecientos noventa y dos, en El Salvador se conmemora la firma de los acuerdos de paz que dio por finalizada una guerra civil de más de una década. Al igual que todo final feliz, me gustaría decir que el país vivió muy feliz por siempre. Pero no lo fue.

La firma de los Acuerdos de Paz no fue sino el primer paso de un viaje mucho más difícil y complejo: el del entendimiento. Esta pequeña palabra ha sido la piedra en el zapato desde esa fecha. Los partidos políticos de derecha (representados por el Estado y las Fuerzas Armadas durante el conflicto) y los partidos de izquierda (quienes durante la época del conflicto era la guerrilla) no han logrado realmente ponerse de acuerdo para generar un plan de país a largo plazo, que permite acortar la brecha de la desigualdad social que subsiste desde antes del conflicto armado. Las políticas neoliberales aplicadas por los gobiernos de derecha post conflicto y ahora los gobiernos izquierdistas que han agudizado dicha línea económica se han olvidado de todas aquellas personas que dieron su vida, sus familias y todo lo que tenían por un verdadero cambio social.

Sin embargo, con el pasar de los años se han hecho más obvias las fallas de los Acuerdos de Paz de la época. Estas fallas consistieron en enfocarse en la abolición de los cuerpos de seguridad de índole represivo, redistribución de las tierras agrícolas, reconstrucción del sistema político electoral del país, entre otros aspectos. Pero dejaron de lado el aspecto social, económico y fiscal. En el aspecto social no se incluyeron programas de reinserción de todos los excombatientes a una vida económicamente activa fuera del combate bélico; una mejora en los sistemas de salud, educación y seguridad pública, siendo estas tres áreas las grandes deudas de todos los gobiernos a lo largo de estos veinticinco años.  Estos últimos gobiernos de corte izquierdista han tratado de menoscabar la deficiencia en el área educactiva con programas de alimentación en las escuelas y proporcionando a todos los estudiantes de forma gratuita uniformes y útiles escolares; tales medidas son, desde mi punto de vista, medidas populistas que no generan un verdadero cambio, así como la poca incidencia e influencia de tales ayudas en el sistema educativo, existiendo muchas necesidades en esta área que van desde lo más básico, como agua potable en las escuelas, hasta la carencia de una infraestructura decente para impartir clase.

En lo que respecta al área económica, la firma de los Acuerdos de Paz generó la esperanza en la población de mejorar sus ingresos económicos y poder tener una mejor calidad de vida, además de una restructuración que permitiera un crecimiento económico para todas las clases sociales y no solo para una elite que busca obtener la mayor parte del pastel como se ha venido haciendo hasta la fecha. El único cambio económico sustancial que ha ocurrido en los últimos años es el crecimiento de una nueva pseudo élite económica, la de “la izquierda salvadoreña”; sin embargo esta nueva “élite” será algo que se abordará en otro momento.

Finalmente, en el área fiscal, la recaudación de impuestos se ha enfocado en la clase media, y es entendible desde el punto de vista de las políticas neoliberales de los gobiernos de derecha que emergieron después de la firma de los acuerdos de paz. Pero que un gobierno izquierdista no reforme la forma en que se recaudan los fondos públicos, es decir, que no siga sin tocar a los grandes capitales del país, que año con año evaden millones y millones de dólares que pueden ayudar al progreso del país, es realmente indignante. Pero esto encuentra una respuesta al vincular a la “nueva izquierda” con las nuevas economías del país asociadas a los negocios “ALBA” que tienen su origen en la tierra venezolana del ex presidente Hugo Chávez. Y no es inteligente perjudicar al gran capital cuando recientemente acabas de formar el tuyo propio.

En fin… Puede decirse que El Salvador tiene un mar de problema que le llega hasta el cuello: problemas de inseguridad, corrupción de funcionarios, falta de empleo, carencia en las mejoras de salud, un pobre sistema educacional, etc. Lo único que nos dejaron los acuerdos de paz es la falta de bombazos y balazos sobre nuestras cabezas… Ante tal panorama lo único que puede hacer El Salvador es avanzar hacia un mejor horizonte; aun eso es muy difícil, ya que solo puede hacerse cuando la población alcance un nivel de autoconciencia y ella misma exija una mejor sociedad. Como salvadoreño siento pesar cuando las discusiones en la Asamblea Legislativa entre la derecha y la izquierda se centran en pleitos banales y ataques personales, discusiones que no permiten alcanzar la paz que tanto soñamos y añoramos. Ese dieciséis de enero del noventa y dos…. la señora paz no fue invitada a la celebración…

 

Walter Flores Castro

Abogado autorizado por la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, Colaborador Judicial de la Cámara Primera de lo Laboral, Diplomados en Derecho Constitucional &Estudiante de Maestría en Ciencia Política en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador.

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