Inversiones Sino-Rusas en América Latina y su impacto en la geoestrategia de Estados Unidos.


Desde que Estados Unidos empezó a ser relevante dentro de las políticas internacionales de resolución de conflictos y guerras, además de ganar terreno en cuanto a economía se refiere, se vio en la necesidad de proteger su territorio e influencia a través de la expansión, en un primer momento, dentro del continente americano, y posteriormente en diferentes partes del mundo como África, Asia y Medio Oriente.

A pesar de que América Latina forma parte trascendental en la política geoestratégica de Estado Unidos, y en parte a la crisis económica que dicho país enfrentó durante el año 2008, en los últimos años la República Popular China ha incrementado sus inversiones y comercio en nuestro subcontinente, alcanzando, e incluso desplazando, al país norteamericano como socio comercial de la zona. En cuanto a Rusia se refiere, también se ha interesado por acercarse a América Latina política y comercialmente. ¿Cómo afectan estas inversiones e intereses al vecino del norte? Además de materias primas y un acercamiento diplomático, ¿la República Popular China y Rusia tienen otras intenciones al invertir en América Latina?, ¿es la actual desestabilización de gobiernos progresistas en América Latina una reacción estadunidense para evitar intrusos en lo que considera “su” territorio? En el presente escrito se buscará responder dichas cuestiones.

En busca de materias primas. La República Popular China llega a América Latina.

La demanda creciente de materias primas como alimentos, minerales y petróleo, que China necesita para mantener su industria, llevó al acercamiento con la región latinoamericana, la cual se vio beneficiada al satisfacer sus propias necesidades, pues se incrementaron los precios de los productos exportados (Rosales y Kawayama, 2012: 85). Si bien no todos los países latinoamericanos exportan grandes cantidades de bienes a China, algunos de ellos se caracterizan por ser importadores de manufactura del país asiático, lo cual completa el círculo de compra-venta de la República Popular China en nuestro continente.

Es así que, hacia el año 2008, durante la más reciente crisis financiera, China logró mantenerse a flote, exportando e importando a un ritmo estable, lo cual benefició a países latinoamericanos como Argentina o Brasil. El intercambio de materias primas ha permitido que los precios de las mismas se incrementaran, logrando un mayor acaparamiento de la riqueza para América Latina. Gracias a dicha intensificación de las relaciones comerciales, los gobiernos de nuestro continente lograron sobrellevar la crisis los años posteriores. Además, al ser estables económicamente, administraciones como la de Lula da Silva o Fernández de Kirchner, pudieron continuar con su agenda política ‒por todos bien sabido‒ de corte progresista.

Se ha de decir que la relación fortalecida entre China y países latinoamericanos ha sido, hasta ahora, estrictamente económica (Salas, 2016), diferenciándola de la relación Estados Unidos-América Latina, la cual ha incluido invasiones, intervenciones, bloqueos económicos o golpes de Estado. Esto ha propiciado que la relación con la República Popular China se estreche más, ya que hay certeza de una reciprocidad y beneficio para ambas partes, así como la seguridad de no ser intervenidos militarmente por el país asiático.

¿La revancha soviética?

En los últimos años Rusia creció económicamente hablando, lo cual le permitió a Vladimir Putin consolidar su posición geoestratégica al anexionar Crimea y Sebastopol a la Federación Rusa. Es esta misma fortaleza económica y política a nivel internacional, así como el alejamiento de Estados Unidos, lo que ha permitido al país euroasiático acercarse a nuestro continente.

Por tanto, se debe hacer mención a la importancia que le atribuye a la zona en un mundo policéntrico (Villanueva, 2016) al colaborar con Venezuela, Cuba o Nicaragua; así como mencionar la necesidad que este país tiene por encontrar socios comerciales, al ser sancionado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y Estados Unidos debido a las mencionadas anexiones. Además, Rusia y Nicaragua entraron en negociaciones para construir el Gran Canal de Nicaragua,1 competencia directa del Canal de Panamá (estadunidense).

Si bien es cierto que en el último año Rusia se ha enfocado en Medio Oriente y su combate por Siria, el acercamiento ruso a nuestro continente ha puesto en evidencia la lejanía (o distracción) de Estados Unidos en la región, ya que la antigua URSS se ha acercado de un modo distinto a América Latina. Rusia ha usado la política internacional, esto es, la reunión de representantes rusos en América Latina para estrechar estas relaciones, así como del discurso de aprobación de la línea que los gobiernos latinoamericanos han llevado a cabo.

¿A cuál imperialismo servir?

Es innegable que diversos gobiernos latinoamericanos se han visto beneficiados con el acercamiento que tanto China y Rusia han llevado a cabo. Económicamente hablando, la compra de materias primas por parte de China a precio de mercado ayudó a estabilizar a las economías de nuestra región durante la más reciente crisis. Rusia en cambio, además de acercarse de una forma comercial, estrechó los lazos políticos de manera significante al dar su apoyo a la agenda política de los diferentes países con los que negoció.

Aun con dicho apoyo político-económico, cabe preguntarse si América Latina hace un buen trato al relacionarse con un par de países cuya historia del siglo XX muestra ambiciones imperialistas, a la misma magnitud de Estados Unidos. ¿Hasta qué punto es viable depender de este apoyo que puede menguar con alguna crisis? ¿Puede América Latina tener otra opción que no sea vender a un país imperialista y, con ello, fortalecerlo?

Haciendo memoria sobre la constante punga que en nuestro continente se ha dado a través de la movilización social o la guerrilla, se puede entender que detrás de figuras como Kirshner, Lula da Silva, Mujica o Chávez, pervive esta lucha en contra de Estados Unidos y que, a la primera señal de alejamiento o crisis por parte de este, se implementen cambios en la agenda política y económica de manera drástica.

Este constante separatismo de la zona de seguridad estadunidense se vio recompensada con el acercamiento de Rusia y China, los cuales han rivalizado con Estados Unidos durante el siglo XX; por un lado Rusia, derrotada desde dentro durante la Guerra Fría, busca posicionar de nuevo al mundo en una nueva guerra fría, ya sea ayudando a naciones que para Estados Unidos son problemáticas como Siria, o bien, influyendo económicamente en países que la nación norteamericana considera como suyos, como Nicaragua o Venezuela; mientras tanto China, a través de su poderío comercial reflejado en la exportación de inversión a diferentes regiones y la compra de la deuda estadunidense, pretende participar de forma activa, si no manipular, la economía mundial, un ramo en el que Estados Unidos empieza a flaquear.

Es así que, tanto la zona latinoamericana como países con pretensiones imperialistas como Rusia y China, comparten un objetivo específico: la pérdida de influencia de Estados Unidos ya sea política o económicamente hablando, o bien, perder influencia en alguna de las zonas vitales de este país. El enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Como conclusión se puede decir que el estrechamiento de las relaciones comerciales y políticas que China y Rusia llevan a cabo con los gobiernos de América Latina han sido en busca de beneficios para ambas partes: mientras que los países euroasiáticos mencionados buscan socios comerciales para sostener su actividad industrial, y con ello, desestabilizar políticamente a Estados Unidos, los diversos gobiernos latinoamericanos lograron estabilizar sus economías y, con ello, llevar a cabo su programa político ‒en la mayoría de ellos de corte progresista‒.

A pesar de que China y Rusia pretendan expandir su zona de influencia alrededor del mundo, convirtiéndolos en naciones imperialistas que disputan el poder a Estados Unidos, los gobiernos latinoamericanos continúan con este acercamiento político y económico, pues ellos también buscan frenar la influencia estadunidense en su territorio, aun si esto significa cooperar con otra nación que tenga las mismas intenciones de las cuales se pretenden liberar.

 

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Guillermo Aguilar Frutis

(Ciudad de México). Estudió Historia en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Especialista y seguidor de temas de Historia Contemporánea. Diversos cursos sobre dicha temática siguen formando al licenciado.

Referencias

  1. “Rusia podría participar en el proyecto del canal de Nicaragua”, en RT (DE 21 de julio de 2016 https://actualidad.rt.com/actualidad/189674-canal-nicaragua-rusia-proyecto-construccion)
  2. Rosales, Osvaldo Kawayama, Mikio, China y américa Latina y el Caribe. Hacia una relación económica y comercial estratégica, Chile, CEPAL, 2012.
  3. Salas, Marcos “¿Por qué a China le interesa tanto hacer negocios en América Latina?”, en BBC (DE 20 de julio de 2016 http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/07/140714_economia_china_america_latina_msd)
  4. Villanueva, Claudia, “Rusia afianza sus lazos con América Latina”, en Excelsior, (DE 22 de julio de 2016 http://www.excelsior.com.mx/global/2015/07/19/1035436)

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