Melusina:literatura, arquetipo y estirpe real.


El aclamado medievalista francés Jacques Le Goff (1924-2014) hablaba de una “larga Edad Media” cuando se refería a todos los valores, tradiciones y costumbres medievales que se han perpetuado (a veces modificados, a veces reapropiados) hasta nuestros tiempos. En efecto, aunque la historiografía tradicional considere que la Edad Media terminó con la caída de Constantinopla o después de los viajes de Cristóbal Colón, lo cierto es que muchas reminiscencias culturales del Medioevo han sobrevivido al paso del tiempo.

Bajo esta premisa, Melusina forma parte del universo de aquellos personajes medievales conocidos como hadas (del latín fatum, destino), aunque a diferencia de la forma ‒tan descafeinada‒ que han adquirido en la cultura popular moderna, más que representar a los seres elementales de la naturaleza o pequeñas mujeres con alas de mariposa, encarna en sí el ideal de la riqueza feudal (Le Goff, 2010) y la dualidad entre el bien y el mal, representada como la “mujer-dragón” o la “mujer-serpiente”.

Melusina toma un baño en una ilustración de libro de Thüring von Ringoltingen, Mélusine, 1477.

Melusina toma un baño en una ilustración de libro de Thüring von Ringoltingen, Mélusine, 1477.

Melusina en la literatura bajomedieval

La historia más conocida de Melusinala la encontramos en el libro de Jean d’Arras Melusine, obra dedicada a Juan, duque de Berry, encargada por su hermana Marie a finales del siglo XIV (Zeldenrust, 2011, p.40). En ella se narra la historia del rey Remodin y cómo conoció a una bella princesa llamada Melusina. Ella le prometió riquezas y una gran descendencia si contraían nupcias, pero a cambio Remodin debía jurar que bajo ninguna circunstancia podría verla durante todo el día sábado. Observamos a lo largo de la historia cómo Remodin obtiene riquezas e hijos (que nacen con ciertas características monstruosas). Pasado cierto tiempo, el protagonista no puede continuar con la incertidumbre respecto a lo que su esposa hace durante los sábados, así que un día, mientras ella se encuentra encerrada, él hace un agujero para espiar lo que hacía. Cuál sería su sorpresa al observar a Melusina tomando un baño, pero en vez de piernas, una larga cola de serpiente (aunque también puede significar “dragó”) se asomaba por debajo de sus caderas. Aunque en un principio Remodin no pareció darle mucha importancia al hecho, todo cambió cuando uno de sus hijos terminó por matar a su hermano. Lleno de una gran ira, encaró a Melusina, quien ofendida y decepcionada, emprendió el vuelo transformada en dragón.

 

Aunque la versión de Jean D’Arras es mucho más extensa, es posible resumir el sentido de su trabajo en los siguientes elementos: una bella mujer que promete riquezas y descendencia a su señor; la prohibición de no observarla un día de la semana; el rompimiento de la promesa y la transformación de Melusina en una serpiente o dragón que se escapa volando. Esto también nos permite identificar algunos rasgos de elementos estrechamente arraigados en el imaginario europeo. En efecto, el mito de la prohibición se origina desde la tradición griega (el mito de medusa es uno de los más emblemáticos), y las mujeres-dragón que se convierten y escapan volando es un arquetipo recurrente en algunas historias medievales anteriores al siglo XV, principalmente relacionada con la dualidad entre el bien y el mal. Por ejemplo, una variante de la historia de Melusina la encontramos en la obra de Gervasio de Tilbury Otia Imperialia, en la que se habla de la Señora del castillo de Esperver, la cual no podía resistir la misa completa y se retiraba antes de la consagración, por lo que su marido llamó a un sacerdote para que le ayudara a indagar en las causas que propiciaban el extraño comportamiento de su esposa, aunque finalmente ésta terminaría por volar fuera del reino (p.26).

El hada como arquetipo de la redención

Melusina representa en sí misma la complejidad moral del cristianismo y la imagen tan ambigua que se tenía sobre la mujer en la Edad Media. Respecto al primer elemento, el historiador Jacques Le Goff ha acertado cuando nos explica que Melusina representa “la creencia de que ningún ser humano es enteramente bueno o enteramente malvado” (Le Goff, 2010, p.134). En este sentido, la cosmovisión cristiana parece reducir la naturaleza humana en dos extremos: o una persona es enteramente buena y piadosa como los santos y los mártires, o es completamente mala (como el resto de la población) y por ello está condenada al infierno al no poder alcanzar los altos estándares que la Iglesia buscaba en sus fieles. La gran franja gris en la que ambos elementos convergen de forma mucho más compleja termina por ser rechazada.

Así pues, Melusina aparece como arquetipo del redentor, pues comprende su naturaleza demoniaca y por ello busca redimirse ofreciendo a la comunidad tierras y descendencia (elementos altamente apreciados en la Europa medieval); a cambio, lo único que pide es un día para ocultar su naturaleza pecadora, esa misma con la que toda persona nace, que se dibuja todos los sábados en forma de serpiente o dragón. Sin embargo, el esposo (a veces la madre del marido) que representa a la institución eclesiástica, le niega esta redención y condena a Melusina a mostrar su verdadera naturaleza terrible. Los pecados se expían en el purgatorio, nunca en el mundo terrenal.

tewr ewq

Manuscritos medievales que representan la tentación de Eva por el Diablo. Se destaca que en ambas imágenes la serpiente tenga rostro de mujer.

Ahora bien, en el imaginario cristiano, Melusina también representa las dos caras que puede mostrar la mujer en el mundo medieval: aquella que es diabólica y aquella que es santa, representadas por Eva y por la Virgen María, respectivamente. En efecto, incluso en la propia iconografía medieval, algunas representaciones de Eva muestran a la serpiente-demonio como si fuera un espejo de la mujer, como si los autores buscaran enfatizar la correlación dual que existe entre ambos personajes. Por lo tanto, Melusina no está exenta de esta valoración, pues al querer ocultar su verdadera naturaleza detrás de su bondad y de sus inmensos dotes ofrecidos al rey, lo único que logra es quedar expuesta por su parte diabólica.

Una estirpe maldita

Jean D’Arras, al igual que Pierre Bersuire (1285-1326) en su Reductorium Morale, utilizó la leyenda de la mujer hada-serpiente para explicar los orígenes míticos de los condes de Lusignan, una antigua familia francesa de Poitou que había marchado a la cruzada y logrado hacerse con el reino de Jerusalén y de Chipre. Aunque los grandes señores de Lusignan del siglo XIV se reconocían así mismos como herederos de Melusina y lograron configurar el relato más famoso del hada, no fueron los únicos en asociar su estirpe con la descendencia de la mujer-dragón.

Los Plantagenet, la línea genealógica que logró independizarse de la influencia francesa hasta lograr conformar un poderoso y basto reino autónomo en Inglaterra, eran originarios del condado francés de Anjou, y sus orígenes se remontan hasta mediados del siglo IX. Pero no sería sino hasta el siglo XI cuando Godofredo de Anjou se casara con la reina Matilde de Inglaterra, iniciando así una larga línea genealógica de poderosos reyes que terminarían por darle forma a la Inglaterra moderna.

El escudo de armas Plantagenet con los tres leones dorados en un fondo rojo se une a la flor de lis de la monarquía francesa, un intento para reivindicar el derecho de Eduardo III al trono de Francia.

El escudo de armas Plantagenet con los tres leones dorados en un fondo rojo se une a la flor de lis de la monarquía francesa, un intento para reivindicar el derecho de Eduardo III al trono de Francia.

Sin embargo, como verdaderos hijos de la demonia (así se refería Ricardo Corazón de León) la descendencia de Enrique II nunca dejó de pelearse por obtener el control del poder real, pues todos sus hijos lucharon a sangre y fuego para hacerse con el reino de Inglaterra, hasta que primero Ricardo I y después Juan sin Tierra consiguieran ser coronados como reyes. A partir de ese momento, la historia de los reyes estará repleta de reyes incompetentes que son derrocados por sus hijos, cuyo deseo de gobernar los volverá sanguinarios.

Finalmente, la maldición llegó hasta los últimos reyes Plantagenet en el siglo XIV. Eduardo II no tuvo más mérito que ser el hijo de Eduardo I el conquistador de Gales y Escocia, y padre de Eduardo III, quien lucharía en Francia a inicios de la Guerra de los Cien Años y sentaría las bases de la monarquía inglesa. Ante su incompetencia, Eduardo II fue derrocado por su esposa Isabel, y ésta a su vez por su hijo Eduardo III, quien estuvo a punto de hacerse con la corona de Francia. Sin embargo, la trágica muerte de su hijo el Príncipe Negro significó el fin de la casa Plantagenet y el inicio de la Guerra de las Rosas en Inglaterra. Resulta incluso poético que el único final que pudieron encontrar estos reyes malditos haya sido la extinción de su casa.

Melusina no deja de sorprender por su historia y por todas aquellas leyendas que inspiró en la imaginación de los europeos. Es innegable su valor literario, pero también es muy importante su arraigo en la cultura popular y la forma en que este personaje fue apropiado para legitimar la historia de las importantes casas europeas. ¿Por qué resultará más romántico ser hijo de la demonia?

12345

 

José Francisco Vera Pizaña

José Francisco Vera Pizaña (México, Distrito Federal). Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (FFyL) con la tesis “Nexos en la historiografía: la construcción de la batalla de Crécy en la historiografía inglesa y estadounidense (1885-2013)”. Especialista en historia militar e historia de la Edad Media. Miembro activo del Seminario de Estudios Históricos Sobre la Edad Media (UNAM) y del Seminario Estudiantil de Historia Militar y Naval (UAM-I). Consultor historiador de Caronte Lab. Profesor en el Centro Universitario de Integración Humanística (CUIH).

Referencias

  1. Le Goff, Jacques, Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media, trad. José Miguel González Marcén, Madrid, Paidós, 2010, 268 p., ils.
  2. Jean D’Arras, Melusine, Troyes, 1677.
  3. Gervasio de Tilbury, OtiaImperialia, ed. Felix Liebrecht, Hannover, Carl Rumpler, 1856, 272 p.
  4. Lebey, André, The Romance of the FaeryMelusine, Skylight Press, 2011.
  5. Zeldenrust, Lydia, “When a Knight meets a Dragon Maiden: Human Identity and the Monstrous Animal Other”, tesis de Maestría, Utrech University, 2011, 138 p., ils.

Comentarios