La calumnia (The Children’s hour).


Qué triunfo el del cine poder tocar sin reparo temas censurados por el gobierno en turno o temidos por la propia sociedad; qué victoria el plantear historias al espectador sin miedo a herir susceptibilidades o generar escándalo. Alterar la tranquilidad de lo ya establecido mediante diálogos y escenas montadas a la perfección, romper paradigmas, incluso en representaciones fílmicas de ciertos personajes, es una de las muchas cualidades del séptimo arte.

Un ejemplo de lo mencionado con anterioridad corre a cargo del cineasta William Wyler, quien en 1961 lleva a la pantalla grande el filme titulado The children’s hour,1 protagonizada por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine (posiblemente la cinta en cuestión sea la menos referida de la carrera actoral de ambas mujeres). Wyler se encarga, a través de rostros reconocidos por su candidez y delicadeza, de tejer una historia signada por el prejuicio y la doble moral en un sector que se reconocía por estar formado, supuestamente, por personas “de buen nombre” y férreas defensoras de la moral.

Nuestro director nos mostrará cómo se enturbian temas que se supone deben reflejar la mejor versión de la naturaleza humana, en este caso la infancia y el amor. Solemos pensar a la primera como una de las etapas más bellas de nuestras vidas, en la que la capacidad de maravillarse ante todo y el afecto de quienes están en nuestro entorno parecen eximirnos la maldad del mundo; imaginamos así al niño, libre de cualquier pizca de malicia, incapaz de dañar a terceras personas, al menos no de forma deliberada. Esta forma de concebir la niñez se ha hecho presente en las salas de cine y, en muchas ocasiones, gozando de éxito en las taquillas; aunque, claro está, siempre ha existido el “otro lado de la moneda”, al menos en el caso de la representación a nivel cinematográfico, la idea de un niño malvado sí se ha hecho presente.2

Y qué decir del amor, eso que en cualquiera de sus formas puede construir y destruir al hombre a velocidad impensada. La mayoría de las personas suelen celebrar su presencia, al menos es así hasta que se transgrede lo que consideran correcto. Está de más decir que este tema ha sido un protagonista constante a lo largo de la vida del cine.

En The children’s hour encontramos a uno de estos niños malvados y un caso de amor mal visto por la sociedad. La trama se desenvuelve en un prestigioso colegio exclusivo para niñas, dirigido por las profesoras Martha Dobie (MacLaine) y Karen Wright (Hepburn). La vida de estos personajes parecía transcurrir con relativa calma; de no ser por la cercanía de la boda de la profesora Karen que complicaría el manejo de la escuela, todo rayaría en la perfección. Casi de manera natural, y tras la larga convivencia que mantenían con sus alumnas, las fricciones fueron inevitables, a tal grado que hubo que reprenderlas, a unas con mayor severidad que otras. Por supuesto no todas lo tomarían de la mejor manera.

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Justo es aquí cuando aparece la perfecta antagonista, una de sus pequeñas alumnas, quien sabiendo que su rostro sería el menos relacionado con la mentira, aprovechó un comentario escuchado de una conversación entre las docentes para iniciar el caos. Lo que por mucho debió haber sido una muestra de cariño, terminó siendo la causa de una especie de linchamiento social. Nada habría de malo en comentar que hay afecto mutuo entre amigos, así que la encantadora niña transformó eso en una declaración de amor pasional, lésbico y por ende mal visto.

Wyler expone así a la maldad disfrazada de inocencia, y a la mentira como la mejor de sus armas. Si bien todo pudo haber partido de la molestia pasajera de la niña, los adultos que le rodeaban se encargaron de esparcir y magnificar el rumor. De la noche a la mañana la vida de las amigas cambió, de a poco la idea de seguir impartiendo clases se fue desvaneciendo; lo mismo ocurrió con la boda de Karen.

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Ambas buscaron defenderse, incluso por vías legales, pero el rumor logró mermarlas, sobre todo a Martha, quien pese haber acordado con Karen tomar eso como una mentira, en el fondo sabía que el rumor escondía algo de verdad, ella estaba enamorada de su mejor amiga. La inmensidad de la casa, en la que suele desarrollarse gran parte de la película, le sirve a Martha para evitar la cercanía con Karen en esos momentos que para ella eran críticos, y que le impedían seguir negando lo evidente. La magnitud de las consecuencias alcanzadas por el rumor, sólo lograron que Martha se sumergiera en el miedo, la oscuridad de las habitaciones comenzó a parecerle único refugio llevándola a un tortuoso final.

De esta forma Wyler, en 1961, llega ante el público con una cinta que pone a la maldad rostro infantil, que pone una clara muestra de lo endebles que pueden llegar a ser los buenos modales de la gente “educada”, y con un amor lésbico protagonizado por las actrices menos imaginadas. Vale la pena celebrar el cine que incomoda, el cine que rompe esquemas, a su manera y en su tiempo; qué mejor manera de hacerlo que dándole una oportunidad a cada uno de estos filmes de ser vistos. Las palmas para el cine que inquieta.

Viridiana Ramírez Neria

Viridiana M. Ramírez Neria, habitante del D.F., pasante de licenciatura en Historia por parte de la UNAM. Con gran cariño hacía el cine, la fotografía y las letras indomables. Participaciones en coloquios y menciones honorificas en concursos fotográficos, han sido una parte de su trayectoria.

Referencias

  1. William Wyler (1961) Película basada en la obra homónima de la dramaturga estadounidense  Lillian Hellman dada a conocer en 1934.
  2. Tenemos pues infinidad de casos que van desde los niños delincuentes como El Jaibo de Buñuel en Los Olvidados (1950), hasta el niño sociópata encarnado por Macaulay Culkin en El Ángel Malvado (The good son, Joseph Ruben, 1993), no hay género ni temporalidad que no haya explorado la fórmula del niño ruin.

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