Masemalxochitlsohkamatilistli. II Misa en náhuatl en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.



El pasado 12 de octubre del 2016 a las 14:00 horas se llevó a cabo la segunda misa en náhuatl en la Basílica de Guadalupe; la primera fue el día 13 de octubre del 2015. A la entrada del santuario estaban reunidos los indígenas creyentes encabezados por el arzobispo de Puebla y de San Cristóbal de las Casas, así como los sacerdotes de aproximadamente 20 diócesis, en su mayoría de México, Puebla y Tulancingo, donde se habla este idioma. La misa duró aproximadamente dos horas, fue completamente en náhuatl con su debida traducción; se repartió a cada indígena presente un misal para poder seguir la celebración litúrgica, dicho misal estaba escrito en náhuatl y en español, y fue resultado del trabajo de los Talleres de Cultura Náhuatl donde sacerdotes hablantes y estudiosos del náhuatl tradujeron la palabra litúrgica de manera que pudiera ser entendida por el pueblo náhuatl de diversas variantes.

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Los sacerdotes e indígenas entraron danzando al santuario de la Virgen de Guadalupe.

Pues bien, mi interés por asistir a la misa no fue por razones religiosas, al contrario, fue para conocer el discurso acerca de los indígenas que darían los representantes de una de las religiones más importantes de México: la católica. Además de que dicha misa se celebró en una fecha muy significativa en la historia de nuestro país, “el día de la raza” o “el descubrimiento de América”, que si bien ha sido una fecha muy controversial y debatible, que divide a los estudiosos y las opiniones en indigenistas e hispanistas, lo cierto es que para la Iglesia Católica también fue el inicio de la evangelización en el “nuevo mundo”.

Aunque nada se dijo sobre la fecha conmemorativa del 12 de octubre, pienso que el que se celebre esta misa justamente este día o, como el año pasado, el día 13, y precisamente en la basílica de Guadalupe, es para reivindicar la labor evangelizadora de la Iglesia Católica que llevó a cabo desde la conquista española hasta el día de hoy en el actual territorio mexicano.

La basílica de Guadalupe es uno de los santuarios más importantes en nuestro país y cuenta con el mayor número de visitantes; representa la creencia, la fe y la identidad de muchos mexicanos, pues según el milagro, muy conocido por todos, la Virgen de Guadalupe se apareció ante un indígena, hoy San Juan Diego, y, según se dice, ella le hablo en náhuatl. Por lo que llevar a cabo una misa en náhuatl en este recinto representa, tanto para los indígenas como para la iglesia católica, una reconciliación, ya que al ser la iglesia la que prohibió muchas de las antiguas creencias y costumbres de los indígenas, hoy es una de las instituciones promotoras del rescate de estas lenguas.

Cabe destacar una parte del sermón que pronunció el papa Francisco en su visita a San Cristóbal de las Casas en Chiapas, el pasado 15 de febrero del 2016.

Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir:

¡Perdón! Perdón hermanos.1

En este discurso podemos notar que, al ser el papa Francisco de origen latinoamericano, tal vez entienda lo que han sufrido los pueblos de América; sin embargo, parece que ya olvidó que la institución que él encabeza históricamente fue la que propició la incomprensión y exclusión de los indígenas, y fungió como acaparadora de los bienes de sus comunidades. No obstante, los discursos ahora giran en torno a que es la Iglesia a la que se le debe su interés por los pueblos indígenas. ¡Que contrariedad!

Si bien desde la evangelización del siglo XVI hubo frailes interesados por la lengua, las costumbres y creencias de los indígenas ‒como lo fue Fray Bernardino de Sahagún, quien recopiló gran información sobre los mexicas en su gran obra Historia General de la Cosas de la Nueva España y escribió también en náhuatl,  y  Fray Bartolomé de las Casas, quien fue un ferviente defensor de los indios‒, hoy en día es también motivo de interés para algunos sacerdotes que viven en las comunidades donde todavía se habla este idioma.

Así, 524 años después, el pasado 12 de diciembre del 2015, por autorización del Papa Francisco, se reconoció la lengua náhuatl como idioma oficial litúrgico. En 2013 la Conferencia del Episcopado Mexicano solicitó ante el Papa el uso de la lengua náhuatl en las celebraciones litúrgicas y presentó el misal traducido en náhuatl.2 Cabe mencionar que ya se oficiaba misa en náhuatl en 16 diócesis, aunque ahora se tiene un reconocimiento oficial de esta lengua por parte del Vaticano.

El náhuatl, según el censo del 2010, es hablado por más de un millón y medio de mexicanos, con sus respectivas variantes, y se ha hecho mucho por parte de las instituciones para lograr una inclusión y reconocimiento de este idioma, así como de los indígenas que lo hablan, además de que se promueve su participación en el medio social y cultural. Y como hemos visto, también en el ámbito religioso.

Durante la misa, los indígenas entregaron una carta en náhuatl que se leyó a los presentes. Lo más sobresaliente es que pedían por el respeto de su lengua y de su cultura, que se frenara la discriminación hacia ellos y que se respetaran sus costumbres y tradiciones. Además, pidieron por los indígenas desaparecidos, víctimas de la corrupción, la violencia y el narco, así como por los indígenas que migran a Estados Unidos; pedían por sus cosechas y por sus familiares que no pudieron asistir al recinto. Después, en el ofertorio, llevaron sus ofrendas; entre lo que entregaron a la Virgen de Guadalupe fueron flores, canastas de elotes, panes y cazuelas con mole. Además, se bailó una danza ritual por los indígenas de Puebla; entre música y cantos en náhuatl, se vio reflejada esta cultura hibrida que surgió ante la evangelización de los pueblos originarios, representaciones llenas de sincretismo.

En otros aspectos, cabe mencionar que durante la misa noté que, a pesar de que se ha logrado el reconocimiento del náhuatl como idioma y de la intención de traducir cada vez más la información política, de salud, de educación y ahora el misal, para que los indígenas estén cada vez más informados o dentro del contexto social globalizado, lo cierto es que muchos indígenas no saben leer y escribir, sobre todo los adultos mayores. Observé que varios de ellos sostenían el misal en la mano sin interés de abrirlo y ojearlo; me acerqué a una señora mayor y le dije que si podía leer de su misal, a lo que me dijo que me lo daba ya que ella no sabía leer. Por lo que pienso que se sigue en el mismo proceso desde hace décadas, el de la inclusión, sobre todo en los discursos, pero no en los hechos, pues deberían primero satisfacerse sus necesidades como lo es la educación.

Otra señora mayor que venía de Hueyapan, Puebla, me comentó que ella había ahorrado todo el año para poder venir con el padre de su pueblo a ver a la virgencita; es la primera vez que conoce la basílica y que sintió muy bonito el escuchar la misa en náhuatl, es como si Dios y la Virgen la escucharán mejor.

 

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Las mujeres portaron sus vestimentas típicas.

Al final de la misa, en la conocida Plaza Mariana, cada comunidad se reunió para compartir los alimentos que traían; entre tamales, pulque, mezcal, mole, etc., y al ritmo de huapangos en náhuatl, se regocijaron los visitantes y fieles creyentes a la Virgen de Guadalupe. Las mujeres se formaron en fila y bailaron, otras repartían los alimentos, algunos más se apartaron a descansar en la sombra. A las personas que se acercaban las invitaban a comer y en ningún momento dejaron de hablar en náhuatl.

Después de la misa se compartieron los alimentos.

Después de la misa se compartieron los alimentos.

Ahí estaban los indígenas representando a cada comunidad, pocos de ellos tienen presente que hace más de 500 años fueron “conquistados”; al contrario, hoy se sienten orgullosos de su cultura, de su lengua y de su religión. La evangelización ha sido un largo proceso con pros y contras, pero muchas veces juzgamos desde nuestra perspectiva, desde nuestra formación y prejuicios, defendiendo en ocasiones a aquellos indígenas prehispánicos como víctimas de un proceso de colonización y dejamos de observar a nuestros indígenas del presente. Alguna vez se han puesto a pensar cómo los indígenas observan a los no indígenas, ¿qué escribirían de nosotros?

En fin, ese día me sentí observada, yo no hablaba náhuatl a pesar de que lo entiendo poco; no vestía como ellos, pero ahí estaba bailando huapangos, tomando mezcal, comiendo tamales y nunca me hicieron sentir ajena. Lo que siempre he admirado de ellos es su capacidad de dar, el trato y respeto hacia “el otro”. Ojalá hiciéramos lo mismo, no sólo hacia los nahuas sino hacía todos nuestros pueblos indígenas.

El músico. Los huapangos se hacían sonar y se bailaban.

El músico. Los huapangos se hacían sonar y se bailaban.

Norma Angélica Montes García.

Egresada de la Licenciatura en Historia por la FES Acatlán- UNAM. Mis temas de interés se relacionan con la Historia Social y Cultural, los indígenas y las clases populares.

Referencias

  1. “Video y Texto: Homilía del Papa en la misa con las comunidades indígenas de Chiapas” en línea [https://www.aciprensa.com/noticias/santa-misa-con-las-comunidades-indigenas-de-chiapas-89225/] (consultado: 20/10/16).
  2. Esta información se obtuvo de los anexos que se incluyeron dentro del misal correspondiente a la II misa en náhuatl que se repartieron a los presentes el pasado 12 de Octubre del 2016 en la Basílica de Guadalupe.

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