Trilogía de la Revolución: El compadre Mendoza.

Entre los años de 1933-1935 el director mexicano Fernando de Fuentes realizó una serie de películas que hoy conocemos como la trilogía de la Revolución, porque precisamente cada una de ellas transcurre en diferentes momentos del movimiento revolucionario. Dicha trilogía se compone de los filmes El prisionero 13, El compadre Mendoza, y ¡Vámonos con Pancho Villa!  Hoy, toca el turno de revisar El compadre Mendoza.

Dirigida por Fernando de Fuentes, cuenta con la colaboración del increíble Juan Bustillo Oro (quien fuera uno de los cineastas más destacados del cine mexicano). La cinta fue producida en el año de 1933 y estrenada en la Ciudad de México en el cine Palacio el 5 de abril de 1934; El compadre Mendoza toma partido con los zapatistas. Es curioso ver cómo cada uno de los filmes de la trilogía de la revolución tiene una tendencia hacia una facción política; en cada una de ellas con los derrotados.

La premisa del largometraje tiene como protagonista a Alfredo del Diestro en el papel de Rosalío Mendoza, quien es un hacendado oportunista. Se nos sitúa entre los años de 1913 y 1919. Así Rosalío, que como hacendado debe de procurar estar siempre a salvo para hacer producir sus tierras, toma partido con quien en su momento convenga. En un primer momento lo vemos siendo aliado de los zapatistas y después de los huertistas; los cuadros de cada líder del movimiento que pone en la habitación de su comedor simbolizan su empatía por cada uno. Lo mismo sucederá con los carrancistas, llegado el momento.

Rosalío se casa con Dolores, hija de un terrateniente que quedó en la ruina. Durante la noche de bodas se ven sorprendidos por los zapatistas mientras militares huertistas disfrutaban del evento en la casa del hacendado oportunista. Casi a punto de ser ejecutado, Rosalío es salvado por un zapatista de nombre Felipe Nieto al que había conocido con anterioridad. Consecuencia de lo anterior es que Felipe, Rosalío y Dolores se vuelven más cercanos, al grado que el segundo invita al primero a volverse padrino del futuro hijo que éste espera; sin vacilar, Felipe acepta.

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Fernando de Fuentes, al igual que en su anterior película, vuelve a insertar en este melodrama un giro importante al final de la cinta: el alcohol vuelve a estar presente ahora como un mediador social y único antidepresivo del final trágico del compadre zapatista, del cual el mismo Rosalío es participe en la ejecución. La traición de Rosalío Mendoza a su compadre Felipe, sin duda alguna, es un final que nada tiene que ver con lo que hoy día se podría presentar en el cine al hacer una ficción de la revolución. Y además, al momento del estreno de la cinta, ésta discrepaba con los finales felices del cine norteamericano; sin embargo, las críticas no se hicieron esperar.

No hay duda de que esta cinta es simpatizante de los zapatistas representados en Felipe Nieto, quien muestra aptitudes que intentan crean empatía con el público a través de valores morales y cívicos; además de su compromiso con la lucha armada durante la revolución, enmarcada en el plan de Ayala, y que está por encima del amor que profesa a Dolores y que es innegable. Ambos contienen dentro de su ser un mismo sentir.

A diferencia de lo que la historia oficial podría decir, en este filme tanto huertistas como carrancistas son puestos a la vista del público como “los malos”. Aunque al final de la cinta el general carrancista sienta cierta consideración por Felipe, no lo exime de la etiqueta traidora que de Fuentes ha puesto en él y que, si lo extrapolamos, también pone la etiqueta en el régimen de Venustiano Carranza. Total error desde mi punto de vista.

Pierre Sorlin, historiador del cine, enuncia en su artículo “Cine reto para el historiador” que las películas históricas responden a la historiografía de su tiempo; en ese sentido, El compadre Mendoza va contracorriente a la producción histórica oficial que comenzaba a concebirse por aquello años. Y por ello creo que el valor de esta cinta aumenta; no sólo es un documento fílmico, sino un testimonio de los diferentes puntos de vista que las elites culturales tenían del proceso revolucionario en aquellos días.

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