De insignias e imágenes sagradas. El arte plumario en México.


Dentro de la memoria colectiva del mexicano, el periodo de conquista del territorio que actualmente conforma nuestro país ha sido interpretado como un hecho bélico que dio fin a una sola cultura. Tal percepción ha limitado el tiempo y espacio de un proceso que en realidad dio inicio a la formación de una nueva civilización bastante diversa. Dicha sociedad, a pesar de sus diferencias, tuvo numerosos puntos de encuentro que matizaron tal enfrentamiento; un claro ejemplo de ello son sus manifestaciones artísticas.

Varias han sido las discusiones de si existe o no el arte prehispánico, al respecto lo que debe quedar claro es que, a pesar de que en Mesoamérica no se encuentra tal interpretación, sí había un reconocimiento y esfuerzo por la realización de obras plásticas cargadas de cierto significado y estética. Por lo tanto, para poder entender a qué nos referimos con arte plumario, analizaremos éste como una manifestación de arte tradicional surgido en sociedades amazónicas y mesoamericanas, y  posteriormente adoptado por el naciente arte moderno europeo.

Como lo había mencionado en un artículo anterior (El pensamiento permanece. Imagen y oralidad en las escritura mesoamericana), las culturas cuya comunicación se basa en imágenes y palabras tienden a conformar comunidades que no establecen límites entre los aspectos políticos, económicos y religiosos de su sociedad. El Imperio Mexica se consolidó bajo un sistema teocrático en el que los enfrentamientos militares, las prácticas religiosas y las festividades rituales o agrícolas eran parte de un solo discurso. Tales características establecen la diferencia entre el arte tradicional y el moderno.

A finales del siglo XV, en lo que actualmente es la colonia de San Miguel Amantla, se encontraba establecido uno de los barrios más importantes para el sector militar mexica, me refiero al poblado tepaneca Amantecatl. Después de las guerras de expansión de Moctezuma Ihuilcamina y Ahuizotl, dicha comunidad se especializaría en la elaboración de insignias militares, ya que la convivencia con soldados y principalmente con pochtecastepanecas al servicio del imperio, provocó el surgimiento de un sector artístico en la región. Dicho “gremio” fue el responsable de producir los emblemas y símbolos que distinguían al sector militar del religioso. La base económica para su elaboración fue la producción de plumas ricas (cría de patos y ganzos, etc.), así como la obtención de su tributación a través del sometimiento de poblaciones principalmente costeras (quetzal, guacamaya, etc.). Por ello el acceso a atavíos e insignias estuvo reducido a la clase sacerdotal y militar, aspecto que no cambió mucho durante la época colonial.

Aztaxelli. Insignia militar mexica e insignia de poder para los gobernantes tlaxcaltecas, elaborada con plumas de ganzo. Imagen: Genealogía de Citlalpopoca. 1570.

Aztaxelli. Insignia militar mexica e insignia de poder para los gobernantes tlaxcaltecas, elaborada con plumas de ganzo.
Imagen: Genealogía de Citlalpopoca. 1570.

El sustento ideológico de tales obras estuvo representado en dos festividades, la primera realizada en el mes de panquetzaliztli, donde se realizaban sacrificios a la deidad de la comunidad: Coyotlinaual, además de ofrecer a sus hijos varones como nuevos integrantes del calmecac para que así aprendieran su técnica y significado. Mientras que la segunda se realizaba en el mes de xochimaco,1fecha en que las mujeres ofrecían a sus hijas como aprendices de tintoreras y labranderas.

Para inicios del siglo XVI los mexicas ya contaban con una extensa red tributaria y comercial que abarcaba las costas del golfo, pacífico y sur de Mesoamérica; además de contar con sus propios criaderos de aves, por lo que su técnica y especialización cada vez fue más sofisticada. El escudo de Ahuizotl es una figura distintiva que fue utilizada por el tlatoani del mismo nombre, en ella se reconoce el difrasismo: atl-tlachinolli (agua-fuego) símbolo de la guerra; ésta es la obra que Cortés envío al rey Carlos I como obsequio y muestra de las riquezas encontradas en Tenochtitlan.

Chimalli de Ahuizotl.

Chimalli de Ahuizotl.

Mientras tanto el humanismo en Europa provocaba que la figura central del arte fuera su propio autor; era la transición al arte moderno, además la iglesia católica cada vez era más cuestionada. Tales discusiones provocaron que durante la evangelización posterior a la conquista militar en Mesoamérica los frailes retomaran las cualidades del arte plumario para la transmisión de un mensaje más religioso que político, sobre todo para lograr el establecimiento de una monarquía que no diferenciaba mucho el orden social del mandato divino.

Para 1539 Diego de Alvarado Huanitzin, sobrino de Moctezuma Xocoyotzin, creó, bajo esta técnica y dentro del taller franciscano San José de los naturales, la copia de la Misa de San Gregorio,2 obra que retoma la veracidad de la conversión eucarística del pan y el vino en Cristo, tema sumamente debatido en aquel momento. Ésta obra fue enviada al Papa Paulo III, quizá como muestra de la riqueza artística nativa producida en nombre de la religión católica.

Posteriormente tal arte sería aplicado a la elaboración de imágenes y utensilios litúrgicos, cuyo valor estético y simbólico permaneció. Por ello hay que repensar qué aspectos culturales fueron adoptados por parte de ambas civilizaciones, eso nos permitirá alejarnos un poco de la idea de derrota y fin de un pasado glorioso.

Durante los siglos XVII y XVIII  las obras de talleres provenientes de Tlaxcala, Pátzcuaro y Amantla llegaron hasta lugares tan lejanos como Manurga,3 España. Ello fue posible gracias al comercio de sociedades costeras –de ambos lados del mundo– que adquirían diversos objetos de lujo; los ricos comerciantes españoles depositaban las obras en las capillas de las cofradías que construían en sus pueblos natales.

Para mediados del siglo XIX las pocas obras que se conocen siguen siendo presentadas como anónimas, ello quizá se debe a que el arte mesoamericano suele ser construido de manera comunitaria, con un amplio conocimiento del manejo de materiales como el amate, plumas y tintas naturales. Después del proceso de independencia, este arte comienza a plasmar imágenes de personajes que rememoraban la época prehispánica como la “etapa gloriosa” de una historia nacional aún por consolidarse.

Actualmente la sala 3 del museo Soumaya (Plaza Carso) cuenta dentro de su colección, con algunas piezas representativas de este arte surgido en alguna parte de América. Lo puedes visitar todos los días de 10:30 a 18:30 hrs.

4.Nuestra Señora de la Salud. Mosaico de arte plumario (colibrí, gorrión, perico y azulejo real). Imagen: Revista Museo Soumaya

4. Nuestra Señora de la Salud. Mosaico de arte plumario (colibrí, gorrión, perico y azulejo real). Imagen: Revista Museo Soumaya

María Guadalupe Ramírez Sánchez

María Guadalupe Ramírez Sánchez. Egresada de la Licenciatura en Historia, con la linea de investigación en estudios Mesoamericanos dentro de la FES Acatlán. Cuenta con estudios en restauración y conservación de obra gráfica sobre papel, en la Academia San Carlos de la UNAM. Además ha participado como tallerista, moderadora, organizadora y ponente en diversos encuentros de Historia.

Referencias

  1. Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, Libro IX, México, 1999, Porrúa.
  2. Santiago Muñoz, “El arte plumario y sus múltiples dimensiones de significación. La misa de San Gregorio, virreinato de la Nueva España, 1539” en Historia Crítica, Bogotá, 2006.
  3. Fernando, Bartolomé García, “Un conjunto de arte plumario mexicano en Manurga (Álava)” en Sancho Sabio, Madrid, Universidad Complutense, 2008.

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