Ricardo Corazón de León: Caballero, Rey, Cruzado y Leyenda.


Una antigua leyenda sobre las cruzadas nos narra un encuentro muy especial entre el gran sultán musulmán Saladino y el rey de Inglaterra Ricardo I. Según se cuenta, después de hacer la paz durante la Tercera Cruzada, ambos reyes decidieron medir su fuerza: Ricardo desenvainó su tosca y pesada espada y procedió a romper de un solo tajo una pila de madera. Saladino, por el contrario, tomó su cimitarra de hierro de Damasco y rápidamente partió en dos un pañuelo de seda lanzado al aire. Desde un punto de vista histórico, esta fábula nos ayuda a comprender el marcado choque cultural entre ambas civilizaciones: por un lado, los occidentales se representaron como toscos y con tendencia a preferir la fuerza bruta antes que otros medios durante los conflictos; los orientales, en cambio, se caracterizaron por su sensibilidad ante el mundo y su astucia durante la guerra.

En efecto, Ricardo Corazón de León y Saladino encarnaron tan bien estas características culturales, que en sí mismos representaron lo mejor de ambos mundos. Con respecto a Ricardo, éste se ha ganado un lugar en los anales de la historia occidental. aguerrido, valiente, fuerte y honorable; si ha existido un rey cuya vida ha estado llena de aventuras, hechos de armas y romanticismo, los lectores necesariamente deberán voltear a ver el legado de uno de los reyes medievales más fascinantes de la historia.

La sofisticación oriental contra la fuerza bruta occidental, en Christopher Tyerman, The Cruzades, a Very Short Introduction.

La sofisticación oriental contra la fuerza bruta occidental, en Christopher Tyerman, The Cruzades, a Very Short Introduction.

Caballero rebelde

Ricardo nació el 8 de septiembre de 1157 en Oxford, y fue el tercer hijo varón del rey Enrique II de Inglaterra y de la guapa duquesa Leonor de Aquitania. De su padre heredó un vasto imperio que abarcaba tierras en Gran Bretaña y en Francia; mientras que de su madre obtuvo la riqueza intelectual y de cultura caballeresca que sólo la corte occitana podía ofrecer en el siglo XII.

Durante su juventud y hasta que fue coronado rey de Inglaterra, la vida de Ricardo giró en torno a las rebeliones orquestadas por él en contra sus hermanos y su padre; a la defensa de sus posesiones en Poitou y después de Normandía; y a los vaivenes políticos entre su padre y los reyes de Francia. En otras palabras, Ricardo creció en un mundo que glorificaba la violencia caballeresca extraída de los cantares de gesta, en los que la búsqueda de aventuras y de hechos de armas eran elementos que seducían a los príncipes europeos sin muchas oportunidades de asumir un cargo político mayor. Sin embargo, esta sed de gloria con el tiempo terminaría por condenar a Ricardo, pues su corto y efímero reinado de Inglaterra pasó a la historia por ser uno de los menos productivos de la Inglaterra medieval. (Jean Flori, 2003. p.18).

Al ser el segundo en la línea de sucesión, Ricardo no estaba considerado para ser rey. De hecho, su carácter belicoso despertaba preocupación en su padre, quien no estaba dispuesto a ceder el poder, ni a permitir que su reino se fragmentara o callera en manos de sus enemigos franceses. En efecto, Ricardo protagonizó importantes rebeliones en contra de su familia, como en la pascua de 1173 –poco después de haber sido nombrado caballero por el rey de Francia–, cuando llevó un ejército en contra de su padre para devastar sus tierras “con fuego, espada y rapiña”. También en 1183, momento en que Enrique II ordenó a Ricardo y a Geoffrey rendir vasallaje a su hermano Enrique –quien ostentaba el título de rey de Inglaterra, pero no gobernaba–, a lo que Ricardo se negó levantándose en armas contra su hermano, hasta que Enrique II tuvo que intervenir par poner fin al conflicto.

Ricardo era conocido por su valor en la guerra y por seguir los modelos de caballería. Se ganó la admiración de sus hombres al sitiar de forma inteligente el castillo de Chatillon, que en 1175 Arnold de Boiville había usurpado. También ese mismo año, al comandar una expedición por Normandía, logró el respeto de sus huestes al luchar a su lado en el campo de batalla. Esto le dio gran fama en Inglaterra y Francia, donde muchos barones y condes lo veían como una figura con más autoridad que su hermano Enrique. Éste, receloso por el respeto que se le daba a su hermano, organizó una campaña militar para someterlo en 1183, aunque sin resultados, pues Enrique murió de disentería al poco tiempo.

Coronación del rey de Inglaterra

Tras la muerte de su padre y de su hermano mayor, Ricardo –ahora también duque de Normandía– fue coronado rey de Inglaterra en la abadía de Westminster en una solemne ceremonia en 1189, misma que fue recogida atinadamente por el cronista Roger de Hovenden: “Cuando el duque llegó al altar, en presencia de los arzobispos, obispos, clero y pueblo, se arrodilló ante el altar, con el santo Evangelio delante de él […], juró que él estaría todos los días de su vida observando la paz, honor y reverencia hacia Dios, la Santa Iglesia, y sus ordenanzas […]. También juró que iba a derogar las malas leyes y costumbres injustas, si alguna se había introducido en su reino, y promulgaría buenas leyes, y observaría lo mismo sin fraude o mala intención […]. Después de esto, él mismo tomó la corona del altar y se la dio al arzobispo; para que él se la pusiera en su cabeza” (v.I, p.118).

Ilustración de Ricardo Corazón de león, fuente: Pinterest.com

Ilustración de Ricardo Corazón de león, fuente: Pinterest.com

Cruzado en Tierra Santa

Inmediatamente después de su coronación, Ricardo hizo válidos sus votos de cruzado. Reunió un importante ejército financiado por el “impuesto Saladino” pagado por sus súbditos y barones de Gran Bretaña. Una vez organizadas las tropas, Ricardo y Felipe Augusto (rey de Francia) se embarcaron rumbo a Tierra Santa a mediados de 1190. Primero llegaron a Sicilia, y de ahí cada uno tomó su propio camino hacia Palestina. Tras un pequeño desvío que lo condujo a la conquista de Chipre (1191), Ricardo se reunió con Felipe en el asedio a la ciudad de Acre, misma que fue tomada en julio del mismo año gracias a que Saladino no pudo enviar refuerzos a los sitiados.

La constante búsqueda de gloria de Ricardo finalmente terminaría por dividir a los participantes de la Cruzada, quienes no soportaron ver que el rey inglés opacara su participación en la toma de Acre. Ante esta situación, Felipe, fingiendo una enfermedad, volvió a Francia, dejando el destino de Tierra Santa en manos del rey de Inglaterra.

Ricardo, al verse como el principal comandante del ejército cruzado, encabezó una campaña para arrebatarle la costa palestina a los sarracenos. Finalmente, tras una intensa marcha en la que los cruzados eran acechados constantemente por los turcos, el 7 de septiembre de 1191 Ricardo ordenó que sus hombres se formaran para la batalla frente al mar: a los extremos las órdenes militares, a la vanguardia los templarios, en medio la soldadesca inglesa, y a la retaguardia los caballeros hospitalarios.

Los sarracenos continuaron con su táctica de guerrilla y sólo se dedicaron a romper la fuerte formación cerrada que les daba cohesión a los ejércitos occidentales, con la esperanza de alcanzar otra victoria como la que obtuvieron en los Cuernos de Hattin en 1187. Así pues, cansado del embate sarraceno, un caballero inglés rompió la formación, y con más ímpetu que razón, logró que una parte del ejército se lanzara contra los musulmanes. Al ver esta situación, Ricardo aprovechó para lanzar a todos sus hombres de forma inesperada, derrotando a las tropas de Saladino que huyeron en desbandada, dándole al rey inglés la gran  victoria por la cual pasaría a la historia.

La leyenda

Se dice que Ricardo obtuvo su sobrenombre por su valentía, pues en un combate logró arrancarle el corazón a un león. Sin duda, su valor lo demostró en todos los conflictos en los que participó, pues a diferencia de los grandes señores feudales de su época, él no sólo comandaba a sus hombres, sino que también luchaba a su lado, sin dar un paso atrás como Roldán también lo hiciera en los cantares de gesta.

Sean Connery interpretó a Ricardo Corazón de León en la película Robin Hood: príncipe de los ladrones, de 1991.

Sean Connery interpretó a Ricardo Corazón de León en la película Robin Hood: príncipe de los ladrones, de 1991.

Ricardo no pudo conquistar Jerusalén y sólo obtuvo un efímero tratado de paz entre ambas civilizaciones. Regresó a Europa con sed de aventuras, hasta que encontró la muerte por medio de un disparo de ballesta mientras asediaba un castillo en Francia, y cuenta la leyenda que incluso ordenó que se le perdonara la vida al hombre que había disparado la saeta en su contra.

La leyenda del rey caballero ha durado hasta nuestros tiempos. Es la historia de un príncipe sin posibilidades de reinar, pero que pudo comandar a sus hombres como rey y cruzado. Es el cantar de un caballero cuya vida estuvo llena de aventuras y que llegaría a encontrar la muerte joven, inmortalizando sus hazañas.

 

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José Francisco Vera Pizaña

José Francisco Vera Pizaña (México, Distrito Federal). Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (FFyL) con la tesis “Nexos en la historiografía: la construcción de la batalla de Crécy en la historiografía inglesa y estadounidense (1885-2013)”. Especialista en historia militar e historia de la Edad Media. Miembro activo del Seminario de Estudios Históricos Sobre la Edad Media (UNAM) y del Seminario Estudiantil de Historia Militar y Naval (UAM-I). Consultor historiador de Caronte Lab. Profesor en el Centro Universitario de Integración Humanística (CUIH).

Referencias

  1. The Annals of Roger de Hovenden, ed. Henry T. Riley, v. I, Londres, H.G. Bohn, 1853.
  2. The Annals of Roger de Hovenden, ed. Henry T. Riley, v. II, Londres, H.G. Bohn, 1853.
  3. Flori, Jean, Ricardo Corazón de León, el rey cruzado, trad. Mari Carmen Llerena, Barcelona, Edhasa, 2003, 586 p., ils., mapas.
  4. Ayala Martinez, Carlos de, Las Cruzadas, e-book, Pubto de vista editores, 2014, 686 p.
  5. Flori, Jean, Caballeros y caballería en la Edad Media, trad. Godofredo González, Barcelona, Paidos, 2001, 270 p. 
  6. Smail, R.C., Crusading Warfare, 1097-1193, 2a ed., Cambridge, Cambridge University Press, 2005, 276p.
  7. Tyerman, Christopher, The Crusades, a Very Short Introduction, Oxford, Oxford University Press, 2004, 167 p., ils.

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