La Ley como manifestación del Poder.


El título del presente escrito parte de la idea de que quien ostenta el poder impone, por decirlo de alguna forma, las reglas del juego. Lo que se pretende plantear en estas líneas es generar una duda, una incertidumbre respecto a las leyes que rigen las distintas sociedades en las que vivimos.

Tal como dijo Gramsci, varias décadas atrás, las clases hegemónicas siempre buscarán la forma de mantener el statu quo que les permite mantenerse como la clase dominante. Qué mejor herramienta de asegurar tal posición que a través del Derecho.

Sí, el Derecho. Esa rama del pensamiento cuyo fin es la justicia: “Dar a cada quien lo que corresponde” –se decía en la antigüedad–.  A mi juicio, no existe una falsedad más grande que la vinculación de la justicia con el Derecho; ya que en muy pocas ocasiones las leyes se decantan a favorecer a las grandes masas; por otro lado, las clases políticas, al encontrarse al servicio de las grandes esferas de poder (económico, militar, etc.), se encargan de legislar para el aseguramiento de la continuidad de esas posiciones privilegiadas de sectores minoritarios de la sociedad, por las que, por la posición que ostentan, no viven al igual que todo el mundo.

Martín-Baró, uno de los mártires de la Guerra Civil Salvadoreña, sostuvo en uno de sus textos que “Ley y orden ha sido la consigna enarbolada por los movimientos más conservadores del mundo contemporáneo, el ideal tras el cual se han escudado lo intereses sociales dominantes” (Martín–Baró, 2014, p. 13). Esta concepción de los términos ley y orden, y por derivación del Derecho como tal, implica lo que anteriormente se ha dicho:  que el Derecho ha servido plenamente para legitimar, resguardar y afianzar, por medio de una ley, los intereses de ciertas minorías. ¿Por qué es necesario este proceso? El proceso de materializar los intereses de las minorías mediante leyes de obligatorio cumplimiento, tiene como fin alizar la protección de un orden social que, a pesar de ser injusto, e incluso inhumano, permite obtener grandes ganancias a aquellos que lucran del sufrimiento de las grandes mayorías.

Las leyes conllevan valores que yacen fuertemente arraigados en una sociedad. Un ejemplo de valores en una ley es la prohibición de contraer matrimonio entre personas del mismo sexo; ahora bien, este tipo de prohibición únicamente existe en sociedades altamente conservadoras. Sería una legislación muy distinta en sociedades más liberales.

Pero volviendo al tema que hoy nos ocupa, “La Ley como manifestación del Poder”, Mills entiende que el poder no reside en los políticos, en los jueces o cualquier otra figura de esta índole. Él sostiene que “la minoría poderosa está compuesta de hombres cuyas posiciones les permiten trascender los ambientes habituales de los hombres y las mujeres corrientes; ocupan posiciones desde las cuales sus decisiones tienen consecuencias importantes”; posteriormente continua señalando que “la minoría que ocupa los puestos de mando puede considerarse como la poseedora del poder, la riqueza y la fama; puede considerarse asimismo como formada por individuos pertenecientes al estrato superior de una sociedad capitalista” ( Mills, 1987) .

Mills comprende varios tipos de elites de poder, dentro de la que se encuentra el poder económico, y ese es precisamente en el que quisiera enfocarme. El poder económico empresarial posee un punto débil que le dificulta satisfacer sus insaciables apetitos por el capital. Este punto débil es la fuerza laboral. Todo obrero posee actualmente derechos laborales de carácter irrenunciable que buscan brindarle protección de los abusos de los que puedan ser víctima. Desde un punto de vista histórico, la no existencia de una ley laboral fue una decisión política que era orientada a la protección de los grandes empresarios capitalistas; posteriormente a todas las luchas sindicales alrededor del mundo se lograron derechos mínimos para calmar el conflicto, y así consecutivamente a lo largo de la historia.

¿Cuál es el caso salvadoreño? El Código de Trabajo data del año 1972 y la vez es replica de un Código mucho más antiguo. ¿Es esta ley una manifestación del poder? Claro que lo es. Muchos años han trascurrido desde la entrada en vigencia de esta normativa sin que existan cambios sustanciales donde se regulen las nuevas formas de contratación que el sistema neoliberal ha instaurado.

 

Walter Flores Castro

Abogado autorizado por la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, Colaborador Judicial de la Cámara Primera de lo Laboral, Diplomados en Derecho Constitucional &Estudiante de Maestría en Ciencia Política en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador.

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