La fascinación medieval: el unicornio, su magia y simbolismo.


De todos los seres fantásticos que sobrevivieron las postrimerías de la Edad Media, el unicornio, sin duda, ha sido el animal que más ha despertado la fascinación de los hombres y mujeres de nuestros tiempos. Incluso en la contemporaneidad, su leyenda parece tan viva como hace más de quinientos años. A veces en el plano simbólico, otras tantas en el mundo natural o mágico, el unicornio parece resistirse a caer en el olvido como tantas otras bestias del imaginario medieval ¿Por qué nos causa tanta fascinación este ser fantástico? Descubramos un poco de su historia para entender mejor a este ser mítico.

De la India a los bestiarios medievales

Aunque a muchos sorprenda, el unicornio fue adoptado a través del intercambio cultural que existía entre Oriente y los griegos de la Antigüedad. En efecto, la primera mención conocida del unicornio en Occidente la encontramos en la obra Indika, escrita en el siglo IV a .C. por el historiador Ctesias de Cnidos (Tagliatesta, 2007, p.177). Sobre la bestia descrita existen dos teorías: por un lado, posiblemente se basó en los rinocerontes indios que en aquella época eran vistos como animales fantásticos por los griegos; por el otro, hay quienes piensan que se inspiró en antílopes de la India (Nichols, 2008, p.215). Sin embargo, la imagen de un caballo o asno con un cuerno en medio descrita por Ctesias terminó por convertirse en la referencia más utilizada por los futuros tratadistas (Tagliatesta, 2007, p.177).

Sello de unicornio encontrado en la ciudad de Mohenjo-daro, en el Valle del Indo. Fuente: harapa.com

Sello de unicornio encontrado en la ciudad de Mohenjo-daro, en el Valle del Indo. Fuente: harapa.com

La descripción del unicornio de Ctesias fue retomada por Plinio el Viejo en su Historia Natural hacia el siglo I d.C., manteniendo su origen oriental, pero aumentando las propiedades curativas de su cuerno; para el siglo V, el autor anónimo del Physiologus, terminaría por consolidar el mito que todos los bestiarios medievales seguirían para describir al unicornio. De hecho, su popularidad fue tanta que a finales del Medioevo ya se había traducido a una gran cantidad de lenguas Occidentales y Orientales (Barber, 1992, p. 9).

¿Por qué el Physiologus llegó a ser tan popular entre los bestiarios medievales? Quizá fue gracias a que supo combinar los cuentos clásicos del paganismo con la enseñanza moral y mística del cristianismo, asentando al unicornio en un lugar privilegiado en la interpretación del mundo Cristiano (Curley, 2009, p.ix). Además, en la Edad Media los bestiarios no eran documentos que buscaran explicar al mundo natural y su funcionamiento, más bien, las criaturas que en ellos aparecían  tenían un propósito moral relacionado con los hombres, pues todo lo que se hallaba en el universo había sido creado para instruir al hombre pecador, por lo que estos animales debían aleccionar al hombre, para que este alcanzara la salvación divina (Barber, 1992, pp.7-8).

El unicornio en una ilustración del Bestiario medieval de la editorial Siruela

El unicornio en una ilustración del Bestiario medieval de la editorial Siruela

Descripciones del unicornio

Ctesias en su Indika describe al unicornio como un caballo o burro color blanco, cabello rojo, dientes azules y con un cuerno tricolor en su frente de 45 cm: la base blanca, el centro negro y la punta crema. Los colores del cuerpo eran los mismos con que se coloreaba a los rinocerontes dibujados en las telas indias vendidas en Persia; mientras que los colores del cuerno eran los utilizados por los indios para sus rituales mágicos (Tagliatesta, 2007, pp.177-8).

La descripción de Plinio, cinco siglos después, imaginaba al unicornio con la “grandeza de un caballo”, pero con el pelo leonado y con un cuerno negro en vez de tricolor, muy agudo y “lleno alrededor de unas rayas que van revueltas a él” (Plinio, 1624, p.389). Aunque Plinio concluyó que existieron diferentes variantes de la misma especie, pues también los hubo de cuerpo blanco y con el cuerno de muchos colores. En cuanto a su naturaleza, estos animales eran en extremo aguerridos, ya que “con el cuerno […] penetra cualquier cosa que se le pone delante”, y tampoco “teme el hierro lustroso, ni los venablos de los cazadores, pero si llegan otras bestias mansas a él, se muestra manso”. También cuanto se encuentra con una hembra, “batalla de tal suerte, que no se apartan, hasta recibir el uno la muerte”, volviéndose dóciles únicamente en época de apareamiento (p.390).

Esta descripción fue continuada por el autor del Physiologus: “Del monoceras o unicornio, esta es su naturaleza: él es un pequeño animal como un cabrito, es muy astuto y tiene un cuerno en medio de la cabeza” (p.51). Esta descripción perduró muchos siglos después, el Bestiario divino de Guillermo el clérigo de Normandía recitó lo siguiente: “Les hablaré del unicornio; bestia que en su frente tiene un cuerno; […] tan combativa y tan audaz; que al elefante puede vencer” (p.235). En efecto, esta bestia era tan imponente que era capaz de vencer a un elefante con su cuerno, al igual que luchar contra un león, su enemigo por naturaleza.

Diferentes tipos de unicornio, en General History of Druggs, de Monfieur Pomet en 1738.

Diferentes tipos de unicornio, en General History of Druggs, de Monfieur Pomet en 1738.

Para cazar un unicornio

A pesar de su mal temperamento, el unicornio no puede resistirse al llamado de una hermosa virgen. Así lo mencionaron los autores de Historia Natural, Physiologus, el Bestiario divino y prácticamente todos los tratadistas que escribieron sobre el tema. Por tanto, para capturarlo primero es necesario identificar el lugar donde habita el animal, que generalmente es en lo profundo de un bosque, junto a un lago o dentro de una cueva. A continuación se le ordena a una dama que se sepa que es virgen –Plinio incluso menciona que basta con un joven disfrazado de mujer y perfumado– que espere en el lugar en que se ha visto a la criatura, mientras los cazadores se esconden en los alrededores. En este punto es necesario tener mucha paciencia, pues no se sabe cuánto tiempo tardará en aparecer el unicornio.

Si pasa el tiempo y no hay señales de la presa, los cazadores regresan por donde vinieron. En cambio, si aparece el unicornio, ésta se acercará dócilmente hacia la dama y se recostará en su regazo hasta quedar dormido. Sólo así pueden capturarlo los cazadores y llevarlo ante el rey. La pureza de un animal tan bello sólo puede ser arrebatada por la traición sin recelo.

Un cazador apuñala a un unicornio en El bestiario del amor, s. XIII.

Un cazador apuñala a un unicornio en El bestiario del amor, s. XIII.

Magia y simbolismo del unicornio

¿Por qué era tan importante capturar un unicornio? Según la leyenda, el cuerno de este animal tenía propiedades curativas que lo hacían una pieza de gran valor en un época en la que la muerte por envenenamiento era un problema muy real. Ya desde Ctesias se decía que beber del cuerno ayudaba a curarse de los venenos, contrarrestaba las convulsiones y epilepsia (William, 2004, p.926); mientras que en Plinio se explicaba que era un buen remedio contra las lombrices, las mordeduras de perros rabiosos, la borrachez y toda clase de venenos. Incluso alargaba la vida de aquellos que bebieran de un vaso hecho con el cuerno del animal.

Conforme el unicornio era adoptado por los pensadores cristianos, éste comenzó a identificarse con Cristo: “Vemos así que el unicornio es la figura de nuestro Salvador, el cuerno de salvación alzado para nosotros es la casa de nuestro padre David”, explicaba el autor del Bestiario medieval, (p.145); lo mismo que en el Bestiario divino, “Esta bestia maravillosa; que un cuerno tiene en la cabeza; significa nuestro Señor; Jesucristo, nuestro Salvador” (p.236).

Por otro lado, hacia el siglo XIII, el unicornio comenzó a relacionarse con el amor cortés que recién se consolidaba en la Plena Edad Media, tal como lo explicó Jacques Le Goff en su libro Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media, al citar un poema de Thibaut IV de Champagne, quien se comparaba con el unicornio que cae en el regazo de una dama para ser traicionado por ella: “a mí también me han matado igual; el amor y mi dama, sí, es verdad”. El unicornio se volvió una criatura sublime, llena de belleza y de sensibilidad que terminaría a finales de la Edad Media por plasmarse en los magníficos tapices de la Dama y el unicornio, pruebas de la identificación de este ser ante los bellos sentidos del ser humano.

“Vista”, fragmento del tapiz de la colección La dama y el unicornio, en el Museo Nacional de la Edad Media en París.

“Vista”, fragmento del tapiz de la colección La dama y el unicornio, en el Museo Nacional de la Edad Media en París.

Al final, el mito del unicornio se había consolidado como lo conocemos hoy en día. De una criatura agresiva, se transformó en una bestia sublime, llena de belleza e identificada con el amor. Quizá el unicornio ha perdurado hasta nuestros días porque nos recuerda las muchas posibilidades que la naturaleza le depara a los hombres y cómo la traición siempre ha sido un mal endémico en nuestra sociedad. Nos hace pensar en un mundo mágico lleno de seres fantásticos que contrasta con la monotonía de la vida diaria. También es la búsqueda de un mito, al cual nosotros le dimos vida y no hemos dejado morir, hasta convertir al unicornio en una probada de Edad Media en la Modernidad.

 

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José Francisco Vera Pizaña

José Francisco Vera Pizaña (México, Distrito Federal). Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (FFyL) con la tesis “Nexos en la historiografía: la construcción de la batalla de Crécy en la historiografía inglesa y estadounidense (1885-2013)”. Especialista en historia militar e historia de la Edad Media. Miembro activo del Seminario de Estudios Históricos Sobre la Edad Media (UNAM) y del Seminario Estudiantil de Historia Militar y Naval (UAM-I). Consultor historiador de Caronte Lab. Profesor en el Centro Universitario de Integración Humanística (CUIH).

Referencias

  1. Anónimo, Physiologus, trad. Michael J. Curley, Chicago, University of Chicago Press, 2009, xlviii-92 p., ils.
  2. Cayo Plinio II, Historia Natural, trad. Gerónimo de Huerta, Madrid, Luis Sánchez impresor del Rey, 1624, 907 p.
  3. Barber, Richard W., Bestiary: Being an English Version of the Bodleian Library, Oxford M.S. Bodley 764 : With All the Original Miniatures Reproduced in Facsimile, Oxford, Boydell & Brewer Ltd., 1992, 204 p., ils.
  4. Jackson, William, “The use of Unicorn Horn in Medicine”, The Pharmaceutical Journal, vol. 273 (18/25 December 2004), 925-927.
  5. Le Goff, Jacques, Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media, trad. José Miguel González Marcén, Madrid, Paidós, 2010, 268 p., ils.
  6. Nichols, Andrew, “The Complete Fragment of Ctesias of Cnidus”, tesis de doctorado presentada en la Universidad de Florida, 252 p.
  7. Tagliatesta, Francesca, “Iconography of the Unicorn from India to the Italian Middle Ages”, East and West, v.57, n.1-4, diciembre, 2007, pp. 175-191.

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