Soliloquio


A los estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre del 2014

Y a todos los que duermen bajo fosas clandestinas.

 

No hago nada esta noche apacible de insectos nocturnos que merodean la luz de la lámpara, de grillos que lloran de alegría o tristeza. No me interesa saber que las ranas cantan y los sapos brincan, y miles de partículas diminutas de agua resbalan por el techo de mi casa.
Yo fumo y escribo con la camisa puesta y no hay nada extraordinario en eso.
Recuerdo rostros borrados por el tiempo, rostros como de humo o de ceniza soplados por el viento.

Me entristece saber que estamos perdidos, que no somos capaces de percibir el respiro de un caballo a campo abierto o el aleteo de una mariposa al momento que un pétalo se desprende del útero de su rosa.
Alguien debe estar muriendo en este preciso instante mientras beso el filtro de un cigarro y hago de su cuerpo trocitos de ceniza. Alguien debe estar naciendo, ¿por qué no? De una cosa estoy seguro: no será ni artista ni poeta.

Me desabrocho la camisa y dejo que una ráfaga de aire entre por la ventana y muerda mi cuello, mi boca, mi vientre. En algún lugar alguien debe estar amando como un suicida –pienso.

Un perro ladra a lo lejos, son dos.

La soledad comienza con el parto de la madre.

Y termina con el tacto de la muerte.

¿Y dónde empieza el amor?

Miro el cenicero y pienso en mis cuarenta y tres hermanos ausentes. Yo no sé si estén vivos. Yo no sé si estén despiertos. Aquí la noche es larga y triste y hay insectos golpeando inútilmente una lámpara como si quisieran tragarse la luz o la sombra. Todo lo que quiero es que ellos tengan un lugar en el mundo. Y que nada de esto sea tragado por la boca del silencio.

Nacerán otras voces, es cierto, otros cantos, nuevos rostros, pero a mí no me interesan.
Quiero saber dónde se encuentran los tres Luis Ángel, los cuatro Julio, los Cristian y los Jorge. ¿Y qué hay de los otros nombres? Devuélvanles el cuerpo.

Un nombre es solo una palabra vacía sin la materia andante.

No es la roca agradable por su silencio sino por el golpe que le atisba al viento. Así las flores no son nada sin el perfume impregnado en sus pétalos.

Qué somos nosotros sino semilla que brota en cualquier tiempo hasta convertirse en ceniza, y de la ceniza se abonan otras plantas que también crecen.

Qué somos sino esta fuerza que duele y hiere por dentro.
Que alguien me diga algo diferente. Y que nada extraordinario sucede en el mundo sino muertes. Ya nada cala y nada llega a los ojos del oyente.
Todo parece una tragedia escrita por Shakespeare y contada por un imbécil.

 

01:47 am.
05/09/2015
Ometepec, Gro. Mex.

 

 

 

 

Yosh GM

Yosh Dracol (Yoshimar Gerardo Maceda) 25 años. Nació en Ometepec, Guerrero. México. Egresado de la Universidad Autónoma de Guerrero: Lic. En Historia. Es un escritor rústico. Su prosa está basada sencillamente en la vida pura y sagrada de un viajero. Es autor de dos ‘poemarios’ inéditos “Nada Permanece” y “Pájaro Yoloxóchitl”, este último está pensado cocinarse de manera rupestre este año. Ha publicado en “Periódico de Poesía” editado por la Universidad Nacional Autónoma de México y en “Círculo de Poesía” Editado en Puebla, Pue. E-mail: aides.dracol@gmail.com FB: https://www.facebook.com/nada.permanece (Yoshimaru Gerard Mac)

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