¿Es necesario el estudio metafísico?


   «Un pueblo sin metafísica es como un templo sin altar»

(G. W. F. Hegel)

Hablar sobre metafísica en tiempos posmodernos, en pleno siglo XXI, parecerá a no pocos una tarea quijotesca, o peor aún, ridícula. Después de que Kant estableciera en su Crítica de la razón pura la imposibilidad de considerar a la metafísica como una ciencia y por ende como un conocimiento verdadero, «Por lo que se refiere a la metafísica, la marcha negativa que hasta la fecha ha seguido hace dudar a todo el mundo, con razón, de su posibilidad», ha puesto a ésta en un estado de letargo quedando estancada y flotando en todos los ámbitos del ser humano. Volver al estudio sobre temas metafísicos, significaría retroceder a tiempos oscuros donde los hombres se consolaban con especulaciones que carecían de contenido real, por lo tanto, carentes de sentido. Quizá, en palabras de Augusto Comte, sería volver a la segunda etapa de la humanidad: la etapa metafísica, que antecedía a la tercera etapa, la cual sería el culmen del desarrollo humano: la etapa científica. «En el periodo positivo conoce el hombre finalmente cuál es la misión y esencia del saber humano».1

Kant y su obra Crítica de la razón pura

Kant y su obra Crítica de la razón pura

Desde entonces, se ha aceptado y practicado un estudio anti-metafísico en todo el mundo, principalmente en las sociedades «más avanzadas». Por ello, el desarrollo de la misma se ha visto envuelta en un vaivén de corrientes y pensamientos bastante peligrosos que, normalmente, terminan desembocando en grandes periodos de crisis. El mundo de hoy se basa en cuestiones no metafísicas, en valores de orden económico, social, político, religioso y cultural que poco o nada tienen que ver con lo realmente importante si se quiere construir una sociedad mejor. Los principios y preguntas metafísicas no tienen cabida en este mundo regido por lo útil y lo cómodo, dando origen a distintas percepciones que intentan responder a las preguntas esenciales de la vida desde órdenes distintos a la metafísica, dejando en el camino demasiada incertidumbre que termina por asfixiar al ser humano.

Los estragos que han dejado posturas anti metafísicas en la sociedad son inmensas, desde la transmutación de los valores, el sin sentido de la vida, la afección por lo práctico, el empoderamiento absoluto de la ciencia y la técnica, la obsesión por el ansia del dinero y el sexo, hasta la explotación del hombre por el hombre; son muestras de la carencia de la metafísica en la vida del hombre, y digo en la vida del hombre porque la metafísica no es una mera elucubración ajena a la cotidianidad del ser humano. Así, podemos encontrar durante los siglos XIX y XX las consecuencias de la postura kantiana respecto a la posibilidad de la metafísica como conocimiento real, consecuencias que más que ayudar terminan por confundir la existencia del hombre. Aparecen corrientes como el idealismo absoluto representado por Hegel, el cual parte del principio de que «todo lo racional es real y todo lo real es racional», postulando así una interpretación de la totalidad de los hechos de la naturaleza y del hombre en función de la supuesta identidad del pensamiento con la realidad, concluyendo que la realidad es meramente racional y «bastaría con pensar lógicamente para poder alcanzarla, bastaría con ir del pensamiento a la realidad para comprenderla, para comprehenderla, es decir, para identificarse con ella».2

El mito de Sísifo

El mito de Sísifo

Como se puede observar, las posturas sobre la metafísica han sido bastante distintas desde que Kant atentó contra ella, a partir de entonces intentar estudiar cuestiones sobre el campo de la metafísica resulta ser absurdo, una pérdida de tiempo. No obstante el silencio que se ha guardado sobre ella, ha permitido observar en el transcurso del tiempo los comportamientos erróneos de las sociedades, lo peligroso que puede ser una vida sin un fin último por alcanzar, lo materialista que resulta la vida de los seres humanos, el simple sentido de lo útil y necesario de la vida, el «comamos y bebamos que mañana moriremos», la incapacidad por responder a preguntas tan fundamentales como ¿quién soy? ¿A dónde voy? ¿De dónde vengo? ¿La vida tiene un sentido? ¿Qué tengo que hacer en la vida? Nadie sabe qué es verdad y qué es falso, qué es bueno y qué es malo, hoy en día simplemente hay que vivir sin aquel sentimiento de respeto por la vida y por el propio hombre. Hoy la sociedad está ávida de respuestas, y es precisamente ahí donde la metafísica entra, ya que solo ella es capaz de responder a las preguntas por las últimas realidades, pues ese es su punto de partida. La metafísica sabe y puede dar respuestas reales y racionales que permitan al hombre un vivir con-sentido. Existe una necesidad de volver a ofrecer al hombre una metafísica verdadera como base de toda su vida, que le permita comprender y abordar los problemas de su entorno para darle un sentido a su existir, es ahí donde urge el estudio de la metafísica, es ahí donde urge el surgimiento de nuevos metafísicos. «El hombre cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello en parte de nuestra vida».3

Emmanuel Legorreta Rangel

Emmanuel Legorreta Rangel, nació en la Ciudad de México el 12 de agosto de 1988. Recién egresado de la carrera de Relaciones Internacionales por la FES Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México y Filosofía por la Universidad Católica Lumen Gentium. Actualmente elabora una tesis sobre la noción de sustancia en la metafísica de Leibniz. Interesado en temas sobre Política Internacional, Asuntos Consulares, Geopolítica, Asia, Filosofía de la Naturaleza, Metafísica, Filosofía del Conocimiento.

Referencias

  1. Johannes, Hirschberger. Historia de la filosofía, Tomo II, España, 2000, pág. 347.
  2. Carlos, Mucientes. Prelecciones de metafísica fundamental, España, 2009, pág. 252.[note] Desestimando así la propia realidad para considerarla solamente como un estímulo para pensar. También, podemos encontrar la postura materialista de Karl Marx y Friedrich Engels, quienes, influidos por Ludwig Feuerbach, sostuvieron de forma parecida a Hegel que el fondo último, eterno y único de todo era la materia.

    Que decir sobre la postura de Friedrich Nietzsche, quien por medio de sus escritos sacudió los cimientos de la moral entendiéndola como mera ficción; con él, la moral se convierte en falsedad y calumnia para la vida ya que considera a ésta fundamentada sobre una base en contra de lo moral, siendo ahora Dionisos el símbolo de la vida. Por su parte, Jean Paul Sartre sintetizó su pensamiento con la proposición «la existencia precede a la esencia», dando por sentado que no hay esencias, mucho menos una esencia humana. De ahí que entienda al hombre como arrojado en el mundo, donde por medio de su libertad tendrá que elegir continuamente sin parámetros o valores ajenos a la propia libertad, es la «náusea» de una vida sin sentido y para nada. Puede verse el mismo sentido que Sartre en el pensamiento del Premio Nobel de Literatura, Albert Camus. Él, pone de relieve el sin-sentido de la vida humana comparándola con la del personaje de la mitología griega Sísifo, quien fue condenado «por los dioses a subir una roca con gran esfuerzo hasta la cumbre de una colina. Una vez allí, la roca volvía a rodar hasta el valle y Sísifo tenía que comenzar de nuevo la ruda tarea».[note] Cfr. Carlos, Mucientes. Prelecciones de metafísica fundamental.

  3. Fides et Ratio, 1.

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