La Vida en Carmesí.


“Prométeme que nunca te vas a acordar de mí […]

hay que aprender a cuidar el corazón”

Profundo Carmesí.

En 1996 Arturo Ripstein agregó a su producción fílmica una película entrañable para muchos, escandalosa para otros e incluso poco agraciada para los menos: Profundo Carmesí 1 (cuyo origen encontramos en el filme norteamericano The Honey moon Killers 2) a la cual vale la pena recordarle, entre otras cosas, por las extrañas versiones del amor que en ella se exponen. Se nos muestra la versión de amor maternal, el amor carnal y el amor por lo material, todas estas se transforman a causa del egoísmo y la vanidad, propias del ser humano, pero siguen llenas de un sombrío encanto que inevitablemente absorberán al espectador.

En colaboración con Paz Alicia Garciadiego, Ripstein nos deja entrar en la vida de personajes turbios, duros y carismáticos a la vez; nos sumerge en dramatismo, ira, romance y misterio desde el inicio hasta el final del filme, haciendo de Profundo Carmesí una parada casi obligatoria cuando de cinematografía mexicana se habla. La historia gira en torno a una pareja de criminales obsesivos y codependientes, ella por el amor que siente hacía un timador con acento español y él por el provecho, que sabe, puede obtener de la mujer a la que en nombre del amor vuelve cómplice de sus malas acciones.

Así, aparece en escena Coral Fabre (Regina Orozco), mujer de voz titubeante, pero figura imponente, enfundada en un austero uniforme de enfermera; de paso cansado resultado del hastío causado por la cotidianidad y la maternidad; divagando constantemente entre las fantasías de un amor sacado de la más cursi fotonovela. Para Coral, cada día que transcurría entre curaciones y aspiraciones truncas parecía acentuar el ansia y la desesperación por sentirse deseada y acompañada.

Como arma de doble filo, y gracias a anuncios impresos en revistas del corazón, irrumpe en la vida de Coral Nicolás Estrella (Daniel Giménez Cacho), un estafador que encuentra la fuente de su riqueza en mujeres solitarias, ávidas de emociones y romance; se vale de un aspecto copiado del galán de moda, palabras disfrazadas de caballerosidad o ternura, y un peluquín al que cuidaba como su propia vida. Este caballero llega ante Coral como la última oportunidad de conocer el amor y la felicidad.

Antes de siquiera pretender figurar en la vida de Nicolás Estrella, nuestra inestable Coral verá como algo necesario desprenderse de quienes parecían ser su única compañía y motivo: sus hijos, a quienes abandona en un hospicio con la esperanza de que encuentren otro hogar, no sin antes aclarar que es por su bien y sentenciar la situación con un firme “yo no convengo”. La renuncia a un amor en aras de profesar completa devoción y lealtad a otro, sólo es el inicio de un camino complejo y violento que sin dudar acepta recorrer a lado de Nicolás, a cambio de poseer y pertenecer a alguien.

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Ella accede a la estafa de mujeres viudas o solteras pese a ser negada como pareja de su amado Nicolás; pese a los celos y humillaciones que en ocasiones se atravesaron en su camino (la mayoría de ellas teniendo como pretexto su físico) se mantuvo como firme compañera del timador. Tras “operación fallida” se ven obligados a dejar lo que hasta ese momento parecían ser inocentes engaños; así, ambos personajes parecen aceptar (uno con resignación y la otra con gran entusiasmo) que entre ellos ya se ha creado otro lazo igual de demandante que el amor: el de la complicidad criminal. De esta manera emprenden una travesía marcada por dinero y sangre, en la que conocen lo más perverso de su ser, mostrándose (en apariencia) tranquilos con ello.

En su lista de víctimas habitan mujeres en esencia opuestas, pero todas convencidas de que en Nicolás Estrella encontrarán una especie de pareja ideal. Las situaciones se desenvuelven lo mismo en locaciones abiertas y a pleno rayo de sol, como en espacios reducidos y carentes de luz, polos opuestos que bien sirven para representar parte de la personalidad de nuestros protagonistas.

Se acompañan en paz y absoluta complicidad hasta que en su camino hallan a la también viuda Rebeca (Verónica Merchant) y su pequeña hija; ambas dulces y hermosas, logran poner en peligro la relación de los conflictivos amantes; la madre por el simple hecho de ser todo lo opuesto a Coral, y la hija por ser un recordatorio constante para la señora Fabre de los hijos que ella dejó a cambio del hombre que por momento le daba la espalda. Este encuentro podría así significar el inminente fin de la enferma relación.

No sin antes verse inmersos en situaciones, escabrosas y violentas, alejadas de lo aceptable en la sociedad y que en definitiva no habrían sido capaces de tolerar sin la incitación o presencia del otro. Sin embargo, conservan entre ellos pedazos de amor, locura o dependencia (según el juicio del querido lector y espectador) que les permite acabar tal y como lo hubieran querido: juntos.

Es así como Arturo Ripstein nos invita a conocer otro color del amor, el carmesí, que se presenta más cercano a la naturaleza humana, y que a pesar de ser tierno también se sabe y acepta oscuro a ratos, tomando distancia de la suavidad y calma propuesta por el amor idealizado. Una de muchas versiones del amor, al fin y al cabo.

Viridiana Ramírez Neria

Viridiana M. Ramírez Neria, habitante del D.F., pasante de licenciatura en Historia por parte de la UNAM. Con gran cariño hacía el cine, la fotografía y las letras indomables. Participaciones en coloquios y menciones honorificas en concursos fotográficos, han sido una parte de su trayectoria.

Referencias

  1. Profundo Carmesí, Arturo Ripstein, 1996.
  2. The Honeymoon Killers, Leonard Kastle, 1969.

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