Entre Historia y arqueología: Francisco del Paso y Troncoso al frente de Museo Nacional de México. 1889 – 1892.

Hablar de la trayectoria de Francisco del Paso y Troncoso es internarse en la vida de un personaje multifacético cuya inquietud lo llevo a incursionar en diferentes disciplinas, entre ellas la medicina, la historia, la antropología, la lingüística y la arqueología; ciencias introducidas en México durante la segunda mitad del siglo XIX.

Fue un estudiante destacado de la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente de la Escuela Nacional de Medicina, matriculándose con la tesis “Historia de la Medicina en México”. [note]Publicada en Francisco del Paso y Troncoso, La botánica entre los Nahuas y otros estudios. Introducción, selección y notas de Pilar Máynez, México, CONACULTA-SEP, Col. Cien de México, 1988.[/note], que lo internó en el mundo de la botánica y herbolaria tradicional indígena, mismo que lo fascinó inclinando sus estudios en la historia antigua de México y sobre todo en lo referente a documentos en lengua náhuatl. A partir de este acercamiento a la documentación disponible hasta ese momento para el estudio del pasado indígena, del Paso y Troncoso comienza sus estudios de náhuatl en Puebla, bajo la tutela de Miguel Trinidad Palma y, posteriormente, en Amecameca con el cacique regional Mariano Remigio Suárez. [note]Jesús Galindo y Villa, “Don Francisco del Paso y Troncoso. Su vida y sus obras.” en Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, México, Imprenta del Museo Nacional, 1922, 4ª época, tomo. I, pp. 308 – 313.[/note]

Siendo estos fundamentales en la formación de nuestro personaje, ya que a la par comenzará a publicar sus ensayos y apuntes en los Anales del Museo Nacional, todos ellos le valieron su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 1884 donde pronunció uno de sus discursos más memorables enfatizando la importancia de la lengua náhuatl, titulado “Utilidad de la lengua mexicana en algunos estudios literarios.” publicado en 1887.

Durante seis años, entre 1883 -1889, a la par de sus estudios y publicaciones, fue profesor de lengua náhuatl en la Escuela Nacional Preparatoria por invitación del entonces director Alfonso Herrera y a su vez impartió la materia de “historia patria” en la Escuela Normal para Profesores de Instrucción Primaria [note]Pilar Máynez, “Introducción” en Francisco del Paso y Troncoso, op. cit., p. 12.[/note]. Un suceso a destacar en estos años fue su discurso pronunciado el 21 de Agosto de 1887 en la develación de la escultura de Cuauhtémoc sobre Paseo de la Reforma, donde estuvieron presentes todos los miembros del gobierno junto al presidente Porfirio Díaz; el discurso antecedido por unas palabras de presentación por parte de Alfredo Chavero fue recitado primero en náhuatl y después en español, donde se narraba de manera sintética la historia de la conquista, concluyendo con los últimos días como tlatoani de Cuauhtémoc, mismo que cautivó a los espectadores quienes le brindaron un caluroso aplauso.[note]Galindo y Villa, op. cit. pp. 314 – 316.[/note] Esto le hizo ganar mucha reputación entre los miembros del gobierno, influyendo así en su designación, primero como visitador del Museo Nacional de México, y posteriormente, el 9 de Enero de 1889 como Director.

Una de sus primeras tareas como director fue impulsar mucho más la imprenta del Museo Nacional, sobre todo de los “Anales del Museo Nacional” que hasta ese momento llevaban cuatro tomos conformados por publicaciones periódicas en diferentes años y con temas diversos entre cada publicación, teniendo como colaboradores a Alfredo Chavero, Manuel Orozco y Berra, Joaquín García Icazbalceta, Jesús Sánchez Solís, Gumersindo Mendoza, Jesús Galindo y Villa, Eduard Seler entre otros destacados intelectuales de la época. Por ello decide reformar el contenido homogenizando la temática de cada publicación.

En una primera etapa se publicaron diversos títulos referentes a la gramática y arte de la lengua náhuatl, entre ellos la Gramática Mexicana y Arte para aprender la lengua mexicana de fray Andrés de Olmos, también una edición facsimilar del Vocabulario y el Arte de la lengua mexicana y castellana de Fray Alonso de Molina, la Gramática y Arte Mexicano del padre jesuita Antonio del Rincón, además de una de las gramáticas más completa que se tienen hoy en día: Arte de la lengua Mexicana del también jesuita Horacio Carocchi, que se terminó de imprimir en noviembre de 1892.[note]Ibíd.[/note]

En la segunda etapa del Paso y Troncoso unificó los temas de los Anales. Propuso el estudio de los códices y calendarios antiguos de los que se tenía registro para el tomo V, publicando primero el estudio realizado por el padre jesuita José Lino Fábrega al Códice Borgia, dedicado al cardenal del mismo apellido quien lo poseía a finales del siglo XVII,  y que había sido citado por autores como Humboldt, Brasseur de Bourbourg, Orozco y Berra, Chavero, etc., el cual se había mantenido inédito hasta su publicación en 1891 junto al trabajo de Alfredo Chavero titulado “Los dioses astronómicos de los Antiguos Mexicanos”. Cabe mencionar aquí brevemente también la publicación periódica de varios números de teatro, coloquios y discursos evangélicos en náhuatl como por ejemplo la “Invención de la Santa Cruz” o el “Sacrificio de Isaac.” [note]Francisco del Paso y Troncoso, “Publicaciones del Museo Nacional de México” en Anales del Museo Nacional de México, México, Imprenta del Museo Nacional, 1887 – 1891, 1ª época, Vol. IV., pp. 260 – 272.[/note]

Durante su periodo como director del Museo Nacional, del Paso y Troncoso dedicó algunos meses a la exploración arqueológica, siendo pionero junto a Leopoldo Batres en realizar sus estudios en dicha disciplina de manera sistemática y con el financiamiento federal. Entre agosto de 1890 y abril de 1891, presidirá la “Comisión Científica de Cempoala” que enfocó sus objetivos en tres zonas específicas en su estado natal, Veracruz: la primera seria el asentamiento de la primera Villa Rica de la Vera Cruz, hoy conocida como Antigua Veracruz; después pasó dos meses en Cempoala;  terminó sus trabajos en la entonces llamada Pirámide de Papantla o del Tajín. Siendo pionero en la arqueología en el estado de Veracruz donde obtuvo numerosos materiales que ampliaron la colección del Museo Nacional.

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A finales del 1891 el gobierno mexicano recibió la invitación de España para formar parte de la exposición histórico-americana que celebraría el IV centenario del “descubrimiento del Nuevo Mundo” en Madrid, en octubre de 1892. Por ello el gobierno mexicano nombró la llamada “Junta Colombina” presidida en un inicio por Joaquín García Icazbalceta, formada por Francisco del Paso y Troncoso, Alfredo Chavero, José María Vigil, Luís González Obregón, Jesús Galindo y Villa, Francisco Sosa y José María de Agreda y Sánchez. La principal tarea de Troncoso durante los primeros seis meses de 1892 fue la de elaborar un catálogo minucioso de todas las piezas que serían exhibidas en Madrid, además de la conformación de la escenografía que se montaría en la carpa asignada. Una tarea titánica para el poco tiempo disponible, además de las limitantes en el manejo y traslado de piezas delicadas o sumamente pesadas. En el catálogo fueron incluidas muchas de las piezas recientemente halladas por él en su expedición en Cempoala y el Tajín, junto a otras procedentes de Comalcalco, Tabasco, Oaxaca y Yucatán.

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Con todo listo, y después de varios retrasos a causa del mal tiempo, zarpó la Junta Colombia el 3 de Agosto de 1892 rumbo a España, siendo éste el último día de del Paso y Troncoso en tierras mexicanas, ya que después de la exposición iniciaría su “Misión en Europa”, donde se dedicó por iniciativa de la Secretaría de Estado e Instrucción Pública y Bellas Artes a uno de sus aportes más significativos: la recopilación de diferentes manuscritos de la obra del Fray Bernardino de Sahagún y otros documentos que tratasen del pasado indígena de México, varios de ellos hoy en día conservan los nombres que les dio del Paso y Troncoso; entre los más famosos están los “Primeros Memoriales”, la “Leyenda de los Soles” y el “Códice Florentino”, por mencionar algunos; dicha tarea lo mantuvo 24 años ocupado y recorrió diferentes bibliotecas, archivos conventuales y colecciones privadas a lo largo y ancho de Europa, principalmente en España, Italia, Francia, Inglaterra, Austria, Alemania y Rusia.[note]Galindo y Villa, op. cit., pp. 317 – 323.[/note] El gobierno mexicano mantuvo su título honorífico de Director del Museo Nacional de México, aunque su dirección recayó en diferentes personajes desde su ausencia.

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