El pensamiento que permanece. Imagen y oralidad en la escritura Mesoamericana. Parte II.


Alrededor del mundo y durante varios siglos, diversas han sido las culturas que han sostenido sus recuerdos o conocimiento a través de la enunciación oral de éstos, ya que cuando platicamos sobre ello podemos reforzar en nuestra memoria lo aprendido o vivido. Para retener y recobrar el pensamiento se requiere de técnicas que repitan constantemente el conocimiento articulado, por lo que deben ser repetidas de forma rítmica y constante, con calificativos y temas que se escuchen constantemente,1 principalmente para que éste permanezca y no sea algo pasajero o perecedero.

Es así que poco a poco se fue formando lo que hoy conocemos como: Literatura prehispánica, la cual fue registrada de manera alfabética después de la llegada de los españoles en el siglo XVI, pero fue reconocida como tal porque provenía de esa época o porque quienes la escribieron tenían un origen nativo, sin importar si el texto posteriormente fue escrito en español, náhuatl o kiché –solo por mencionar algunas lenguas en las que eran escritos–.

Popol- Vuh. Obra de origen prehispánico, que legitimaba a los gobernantes del área Kiché.

Popol- Vuh. Obra de origen prehispánico, que legitimaba a los gobernantes del área Kiché.

Los casos más estudiados son la literatura Maya y Mexica, por lo que en esta segunda parte retomaré un ejemplo de cada área. Respecto a las composiciones elaboradas en el Altiplano Central, éstas son clasificadas por Miguel León Portilla primero como textos de contenido religioso2 –himnos, cantares, discursos y plegarias–, y segundo como textos que rememoran el pasado3 –mitos, leyendas, anales–,4 donde los primeros eran aprendidos en los calmecac por los pipiltin y los segundos eran transmitidos entre los macehualtin en los telpuchcalli. Mientras tanto la literatura Maya ha sido clasificada según la región donde haya sido escrita, ya que los temas abordados son muy diversos pues retoman desde la medicina, hasta las genealogías que legitimaban el poder de los gobernantes.

Dentro de la literatura nahua tenemos dos tipos de géneros:

Por una parte están los cuícatl, vocablo que se ha traducido como ‘canto’, ‘himno’, o ‘poema’. Por otra se hallan los tlahtolli, término que significa ‘palabra’ o ‘palabras’, ‘discurso’, ‘relación’. Si se quisiera establecer, con todas las limitaciones del caso, una cierta comparación con las producciones literarias en lenguas indoeuropeas, diríamos que los cuicatl corresponderían a las creaciones poéticas, dotadas de ritmo y medida, en tanto que los tlahtolli serían comparables a las expresiones en prosa.5

Independientemente de esas clasificaciones, los textos provenientes de la tradición oral cuentan con una serie de características particulares, las cuales iré detallando mientras desarrollo algunos ejemplos. Algunos de sus principales rasgos son –como lo menciona Walter Ong– el establecimiento de una línea de continuidad fuera de la mente, a través de la repetición de lo recientemente dicho, es decir, son repetitivas o copiosas, ya que en su mayoría retoman una misma palabra varias veces; además no debemos olvidar la inclusión de ritmo, métrica y algunos difrasismos y metáforas. Un ejemplo de ello es el cuicatl titulado “La ofrenda perpetua”:

Allí donde están las casas de esmeralda

allí donde están las casas de pluma de quetzal,

es donde reinas tú, Motecuzomatzin,6

Te hiciste digno y allí perduran

tu fama y tu renombre.

Y aunque es tu mérito y aunque es tu digna adquisición,

lloras ante el dios y el te pone a prueba.

Donde se pintan dardos, donde se pintan escudos,

allí es Tenochtitlan.

Allí perduran siempre las flores preciosas,

allí abren sus corolas flores del corazón.

Son flores del autor de la vida

que por todo el país son libadas:

¡eso son los príncipes!

Maravillosamente perduran en Colhuacan,

Las preciosas pinturas y el cúmulo de libros:

Allí perduran siempre las flores preciosas,

allí abren sus corolas flores del corazón.7

Dicho canto está clasificado dentro del compendio de la Triple Alianza, por lo que a mi parecer refiere a Moctezuma Ihuilcamina, quien fuera uno de los Tlatoanis con mayor influencia en otras regiones, ya que fue uno de los gobernantes de Tenochtitlan que tuvo mayor expansión en otros territorios del Altiplano Central.

Piedra de Moctezuma. Museo Nacional de Antropología e Historia.

Piedra de Moctezuma. Museo Nacional de Antropología e Historia.

Para el caso maya retomaré el Ritual de los Bacabes,8 el cual se caracteriza por tener un lenguaje especializado, mediante el que se hacían discursos petitorios como conjuros, plegarias y recetas para mantener la armonía con los seres sobrenaturales,9 pero eso no podía hacerlo cualquier persona pues era tarea de los ah men10 (médicos-sacerdotes), quienes buscaban solucionar el desequilibrio provocado por las enfermedades, mediante la recitación de su discurso denominado sian pay, todo ello dentro de un espacio dividido en cinco partes.

Según Patricia Martel estos textos se dividen en tres, primero se realiza una introducción con lo cual el ah men busca entablar un diálogo irreverente con las deidades, hecho que aunado a la proporción de sustancias curativas, le permite debilitar la fuerza nociva de la enfermedad, cerrando el ritual generalmente con el agradecimiento a Hunuc Cau Ahau.11

Respecto a la preparación de los elementos para curar y el fin de la oración, el texto refiere:

Para curar las fiebres:

Y que le subió la fiebre por ello

y que aumentó el tabaco

para las iniciaciones de brujería por ello

y que aumentaron las cuatro mojarras que siguen

por ello

y que son cuatro los días en los que se hinchó el tabaco;

el tabaco blanco (…)

Mi granizo rojo, mi granizo blanco,

Al comienzo de las lluvias

Me enfriará, hasta entumecer el brazo

Hasta entumecerme la pierna.

Lo voy pisoteando

Sobre el hombre de madera,

El hombre de piedra.

¡Oh , Hun Can Ahau! 12

Conclusiones:

Estudios recientes han permitido que se conozca a fondo la complejidad de la escritura mesoamericana, dando lugar a una mejor interpretación de la misma. Es a través de estos ejemplos como podemos darnos cuenta de la importancia y trascendencia que tuvo la escritura en la época prehispánica, contrario a la idea de inexistencia que comúnmente se tiene al respecto. La imagen como remembranza de su cosmovisión, guerra y vida cotidiana, así como la palabra como medio de expresión poética y herramienta discursiva, son un claro ejemplo de los medios que utilizaban para comunicar y memorizar todo aquello que era digno de ser recordado en su cultura.

Pero no debemos dejar de lado el contexto en el que se desarrollaron estos elementos, es decir, principalmente la palabra era reforzada no solo a través de recursos mnemotécnicos (sonidos), sino también mediante el acompañamiento de distintos olores y sonidos, aspectos que creaban un entorno propio. Dejando en duda la idea que tenemos sobre un atraso de las culturas de tradición oral, pues ello responde a criterios de educación y economía, mismos que muchas veces no refieren a la realidad que se vive en las distintas regiones que aún no escriben alfabéticamente y que recuperan su conocimiento a través de la comunicación transmitida oralmente.

María Guadalupe Ramírez Sánchez

María Guadalupe Ramírez Sánchez. Egresada de la Licenciatura en Historia, con la linea de investigación en estudios Mesoamericanos dentro de la FES Acatlán. Cuenta con estudios en restauración y conservación de obra gráfica sobre papel, en la Academia San Carlos de la UNAM. Además ha participado como tallerista, moderadora, organizadora y ponente en diversos encuentros de Historia.

Referencias

  1. Walter, Ong, Op. Cit.
  2. Algunos ejemplos son: teocuicatl (cantos divinos), yaocuicatl (cantos de guerra que recordaban los enfrentamientos con otros pueblos, enaltecían generalmente las victorias mexicas), xopancuicatl (cantos de tiempos de verdor, refiere al deleite propio de la tierra), etc.
  3. Algunos ejemplos son: La leyenda del quinto Sol, Chilam Balam, Popol Vuh, etc.
  4. Miguel León Portilla,  “Cuicatl y Tlahtolli. Las formas de expresión en náhuatl” en Estudios de Cultura náhuatl, Vol 33, México, UNAM, p.27.
  5. Ibidem, p.29.
  6. Cantos de la Triple Alianza. A mi parecer se refiere a Moctezuma Ilhuicamina, ya que este fue tlatoani mexica que inició una era expansionista junto a sus aliados de Texcoco y Tlacopan.
  7. Ángel María Garribay K, Poesía náhuatl. Cantares mexicanos, México, UNAM, 2000,  p. 9
  8. Los bacabes eran las deidades de los cuatro rumbos en la cosmovisión maya. Texto en maya yucateco que forma parte de su colección de textos curativos.
  9. Patricia, “La magia de la palabra en el Ritual de los Bacabes” en Arqueología mexicana, México.
  10. Hasta la actualidad se les llama así a los yerberos, rezadores, etc.
  11. Referencia metafórica de los cuatro bacabes.
  12. Actualmente dicen amén.

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