El pensamiento que permanece. Imagen y oralidad en la escritura Mesoamericana. Parte I.


Cuando expresamos y enunciamos lo que pensamos, puede mantenerse en nuestra memoria a corto o largo plazo a través de su constante repetición o por medio de su escritura; ésta última herramienta no está exclusiva o directamente ligada a un sistema alfabético que abstrae ideas, sino que es un medio por el cual se transmiten diversas perspectivas, plasmadas a través de distintas marcas visibles –imágenes, jeroglíficos, letras, etc.‒; elementos que permiten que el conocimiento perdure a través del tiempo. 1

Desde que en primaria y secundaria nos imparten la materia de Historia de México, comúnmente relacionamos a las culturas mesoamericanas con sociedades que no cuentan con un sistema de escritura desarrollado, principalmente porque a la llegada de los españoles en el siglo XVI, éstos se encontraron con la realidad de que los nativos no transmitían su conocimiento de la misma manera que ellos, es decir, la forma de conservar su memoria y saber era distinta a la occidental.

Ello principalmente porque los mayas, nahuas, mixtecos, huastecos y otros grupos que desde esa época habitan lo que hoy es México, no contaban con un sistema de escritura basado en un alfabeto, ni tenían un orden de lectura que por lo general va de izquierda a derecha, tal como las culturas occidentales lo habían desarrollado hasta ese momento. Esos hechos provocaron que constantemente su escritura no fuera reconocida como válida.2 por lo que reconocer su pictografía 3 como escritura, ha permitido que recientemente se conozca y entienda de mejor manera la complejidad de su estructura y los principales significados que la conforman.

En la época prehispánica existían personas dedicadas exclusivamente a la elaboración, conservación y lectura de dichas imágenes, ellos eran llamados tlacuilosotacus ‒según sea la región‒. Estos individuos estaban preparados en la técnica de pintar y en las formas de plasmar su cosmovisión, preservando su obra en las amoxcalli –este caso solo refiere a la cultura mexica‒, cumpliendo así con las funciones de establecer ciertas ideas y de documentar hechos que sucedieron en su pasado.

Por lo tanto podemos identificar dos medios de escritura en Mesoamérica, la primera es verbal y refiere a la enunciación directa de la palabra, por lo que nos referimos en este caso exclusivamente a la tradición oral. La segunda es de tipo no verbal y que se relaciona directamente con las imágenes, mismas que en conjunto, y bajo cierto contexto, generalmente tratan de transmitir un mensaje.

Particularmente la escritura mixteca y mexica es semasio-gráfica, ya que trasmite de manera directa su significado al lector, habitualmente sin tener que formar palabras. Compuesta por imágenes  que tienen cierta semejanza o asociación visual con las acciones, cosas o ideas que refieren4 y que intentan transmitir ciertos pasajes, fechas calendáricas o genealogías y sus gobernantes.

Algunos ejemplos pictográficos que están relacionados con su vida cotidiana y cosmovisión son las fiestas o fechas calendáricas y los registros tributarios de los productos entregados por los pueblos subyugados al imperio mexica, así como el registro de su pasado mediante pinturas murales o la identificación y ubicación de su territorio por medio de topónimos.

Para ejemplificar retomaré la trecena5 o fiesta de Xochihuitl, dedicada “a los dioses del canto y del baile”,6 la cual conmemoraba principalmente el nacimiento del maíz –tal acontecimiento está registrado en la lámina 64 del Códice Borgia‒ y honraba al denominado dios Xochipilli o también conocido como Macuilxochitl.

Lámina 64 del Códice Borgia.

Lámina 64 del Códice Borgia.

Dicha festividad era realizada principalmente por los nobles y gobernantes mexicas mediante una preparación física y mental que consistía en la abstinencia sexual, el ayuno y su auto sacrificio por medio del sangrado de orejas y lengua. Finalmente el rito era complementado con la danza y cantos públicos7 que se realizaban durante la trecena, así como la entrega de distinciones al trabajo de guerreros y nobles. Tales hechos eran comúnmente registrados en los códices, ya que varios de ellos inscriben fechas calendáricas, las cuales estaban directamente ligadas con sus festividades y actividades agrícolas.

Otro ejemplo es la tributación realizada por diversas poblaciones hacia los mexicas, para ello acudo al Códice Mendocino o Matrícula de tributos, dónde se ilustran los productos, cantidades, periodos de entrega y poblaciones que entregaban tales impuestos al Imperio. Este códice fue creado después de la llegada de los españoles y cuenta con imágenes y letra alfabética; a pesar de ello podemos ver a través de éste, el control de tributos existentes en esa época y el continuo manejo de imágenes para plasmar tales cuestiones.

Tributo de trajes de guerrero. Códice Mendocino.

Tributo de trajes de guerrero. Códice Mendocino.

También desde la época prehispánica existen imágenes que refieren al nombre de algún lugar. A esto se le denomina topónimo, término que se sigue utilizando hasta nuestros días y por el cual podemos reconocer las características principales de un territorio. Un claro ejemplo de ello es el topónimo de Chapultepec (del náhuatl: chopolín-chapulín y tepetl-cerro o montaña), o “cerro del chapulín”. Así, podemos ver que algunas imágenes sí estaban compuestas por palabras verbales y que este era un medio por el cual podían retomar la idea y transmitir su significado.

Topónimo de Chapultepec. Tira de Tepechpan.

Topónimo de Chapultepec. Tira de Tepechpan.

Finalmente, para explicar la importancia de la imagen como medio de transmisión de la memoria de ciertos acontecimientos en su cultura, retomaré brevemente la pintura mural mesoamericana. Uno de los casos más conocidos son las pinturas murales de Cacaxtla, región habitada por los olmeca-xicalanca desde el siglo V d.C., quienes eran migrantes que quizá provenían del área maya y que se establecieron en tal territorio por más de cuatro siglos. Debido a su ubicación y a las fortalezas encontradas en la región, así como la complejidad arquitectónica y pictórica del lugar, se puede interpretar que se trataba de un área cuyo uso cumplía con fines ceremoniales o tal vez habitacionales para un sector específico.

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La mayoría de las imágenes encontradas en la zona hacen referencia a la guerra, esto se puede inferir a partir de la ornamentación que portan (escudos, trajes de jaguar, tocados que sostienen su cabello, diversas armas, etc.) y por las posiciones de los personajes representados. Además, gracias a diversas crónicas,8 sabemos que los olmeca-xicalanca se enfrentaron a diferentes batallas con poblaciones externas que iban encontrando a su paso mientras migraban a su morada final: el actual Tlaxcala. Entonces es muy probable que en dichas representaciones se plasmara parte de los hechos que les sucedieron en el pasado, como medio de subsistencia de los mismos.

Por lo tanto podemos observar que así fuera en la piel de un venado, en papel amate o en muros sólidos, las culturas mesoamericanas ya contaban con un complejo conocimiento del uso y manejo de diferentes pigmentos y soportes. Factores importantes para la permanencia del contenido que en ellos plasmaban, es decir, del pensamiento que buscaban transmitir y conservar. Para ello no sólo recurrían a elementos visuales sino también orales –dónde destaca gran parte de su producción literaria‒. Aspecto en el que me enfocaré dentro de la segunda parte de este artículo.

María Guadalupe Ramírez Sánchez

María Guadalupe Ramírez Sánchez. Egresada de la Licenciatura en Historia, con la linea de investigación en estudios Mesoamericanos dentro de la FES Acatlán. Cuenta con estudios en restauración y conservación de obra gráfica sobre papel, en la Academia San Carlos de la UNAM. Además ha participado como tallerista, moderadora, organizadora y ponente en diversos encuentros de Historia.

Referencias

  1. Walter J., Ong, Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra, México, F.C.E., 1998.
  2. Desde inicios de la época colonial diversos grupos nativos recurrieron a la pictografía – Lienzos- , para documentar la propiedad de sus tierras y la genealogía de los grupos que en ellas se habían establecido desde tiempos remotos.

    En Mesoamérica existen dos medios por los cuales se conservaba el conocimiento: el primero –que lo encontramos hasta nuestros días y del cual hablaré a profundidad en la segunda parte de este artículo‒ es la transmisión del pensamiento a través de la tradición oral, es decir, de su enunciación por medio de la palabra; el segundo y en el cual me enfocaré en esta primer parte, es la difusión y conservación de las ideas a través de la conformación de imágenes ‒topónimos, murales, códices, etc.‒, los cuales generalmente estaban relacionados con su vida diaria.

    Según algunos investigadores como Elizabeth Hill Boon “la pintura manuscrita era su forma de escribir en libros y papeles”.[note]Elizabeth, Hill Boon, La escritura en imágenes, México. Archivo PDF.

  3. En los últimos cuarenta años ha habido un auge en los estudios iconográfico de la pintura mesoamericana. Para entender con mayor precisión el tema, léase: Michel, Oudijk, “De tradiciones y métodos: investigaciones pictográficas” en revista Desacatos, México, 2008. Archivo PDF.
  4. Op. Cit., Hill Boon.
  5. En Mesoamérica existían dos calendarios. Uno ritual o también llamado tonalpohualli de 260 días y otro agrícola o conocido como xiuhpohualli de 360 días, al cual se le adicionaban 5 días funestos.
  6. Osiris, González, “Xochilhuitl: Rituales a los dioses del canto y del baile en la cultura mexica” en Mesoamérica: Una mirada a través del tiempo, México, Palabra de Clío, 2014.
  7. Ibid.
  8. Román, Piña Chan, Cacaxtla: Fuentes históricas y pinturas, México, F.C.E.

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