Tlapalli: palabra y color entre los antiguos nahuas.


Uno de los fenómenos naturales que más atraen la atención de las personas son, sin duda, los ópticos. Particularmente el color es el más impresionante, ya que da vida a todo lo que nos rodea. Yo no puedo imaginar un mundo sin color. La percepción del color es natural, en cambio su concepción cromática es cultural, es decir, se encuentra sometida a particularidades culturales que cada grupo humano adopta en su visión del cosmos. La utilización del color se relaciona estrechamente con las ideas que elabora el hombre acerca del mundo que lo rodea, las cuales crean un medio de comunicación entre las sociedades. Aquí es preciso aclarar que la percepción del color no sólo se limita al sentido de la vista, también los colores se sienten, se huelen y se degustan.

En la lengua náhuatl el termino más común para referirse al color es “tlapalli”, esta última palabra es el sustantivo derivado del verbo “pa”, que significa “teñir”, comenzando con la marca de objeto indefinido “tla-“ y la terminación “-lli” propia de los sustantivos; “tla-pa-lli” significa “lo teñido” “cosa teñida” y también “rojo”, algo parecido a lo que hacemos nosotros en castellano con las palabras color y colorado. En cambio, si no se agrega un objeto, la palabra queda como “palli” que puede significar “la tintura”; Fray Alonso de Molina registra esta palabra como “barro negro para teñir la ropa”. Ambas formas pueden entenderse como una dicotomía complementaria, de tlapalli-rojo / palli-negro, siguiendo la etimología de la palabra, uno resulta del otro, es decir, en la palabra encontramos un significado articulado de manera metafórica, que permite construir un sinfín de concepciones. 1

Otra construcción metafórica y metonímica recurrente en la lengua náhuatl es el difrasismo, uno de los más conocidos es in tlilli in tlapalli, interpretado como “la tinta negra, tinta roja” referente a la concepción de la palabra pintada/registrada/escrita en los amoxtli libros/códices, extendiendo la metáfora hasta el conocimiento mismo. Sin duda esta profunda concepción del color evidencia una estrecha relación entre el hombre náhuatl y su cosmos. La palabra tlapalli también es una de las tantas que se adoptaron en la lengua castellana, hoy en día en México es más recurrente ir a la tlapalería que además de vender pinturas ofrecen productos propios de una ferretería.

Los múltiples nombres de los colores entre diferentes lenguajes son un rasgo cultural que pone en evidencia diferentes formas de integración taxonómica entre los grupos humanos. Por ejemplo, cada cultura nombra y significa los colores según su concepción particular del mundo, regida por su experiencia sensorial los hombres ordenan su gama cromática. Entre los antiguos nahuas la dicotomía complementaria frio/calor era el eje estructural de las concepciones del cosmos, y por lo tanto los colores también se ordenan en una gama de matices claros a obscuros y que en varios casos el nombre del color iba relacionado con su soporte material, ya sea mineral, animal o vegetal.

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LOS COLORES:

NEGRO: El color negro o “tliltic” hace referencia a la tinta “tlilli” en cuanto a su propiedad obscura, obtenida directamente del carbón de ocote, los informantes de Sahagún son precisos en su descripción.2

Este color está estrechamente relacionado con el Norte y el Mictlán; es descrito como un color cortante al tacto. Otro término utilizado para referirse a lo negro u obscuro es “yauitl” que deriva en palabras como “yappalli” o “yapaltic” color negro que en forma de adjetivo queda “yayauhqui”, el que es obscuro, como Tezcatlipoca.

BLANCO: La palabra náhuatl empleada es “iztac” que tiene referencia con el color de la sal, es interesante cómo este adjetivo puede construir formas verbales como “iztaleua” que significa “volverse blanco” y que de ella derivan calificativos como “iztalectic” descolorido e “iztaleuac” blanquecino.3 Este color está relacionado con el Oeste, el Cihuatlampa, lugar de la mujeres guerreras muertas en parto.

ROJO: Como ya mencionamos arriba, “tlapalli” puede entenderse como rojo; aunque la denominación cromática en náhuatl para este color es amplia, existen términos como “chichiltic” haciendo referencia al chile, como un color caliente y picoso. Otra forma cromática es “eztic”, un rojo obscuro, este nace de la palabra “eztli”, sangre, otra denominación es “tlaquauac tlapalli”, el color firme, que era obtenido de la “nocheztli” o la grana cochinilla, de la cual se ha publicado en nuestra página, que significa literalmente sangre de nopal.

Otros términos de la nomenclatura cromática para el color rojo en náhuatl son, “tlatlahuic” derivado de “tlahuitl” o “tlahuilli” que se emplea para describir la primer luz del día, de ella deriva también el nombre del dios “Tlahuizcalpantecuhtli”, Señor de la casa de la luz; también esta palabra da nombre a un mineral que da un color rojo ocre, este último convertido en adjetivo “tlatlauhqui” que describe el color de algunos dioses como Tezcatlipoca o de los Ehacatontin y Tlaloqueh.

AMARILLO: Existen diferentes términos para referirse a este color en náhuatl, uno de los más conocidos es “coztic” y al convertirse en adjetivo es “cozauhqui”; aparece mencionado en referencias al dios de fuego Xiuhtecuhtli, ya que uno de sus nombres es “Tzoncoztli”,  el de cabeza amarilla. Esta palabra permite crear adjetivos referentes a la madurez o sequia vegetal, como “cozauia” o “cozauiztoc”. Otro nombre para el amarillo es “zacatlaxcalli” o zacate cocido, que literalmente hace referencia al modo de obtención de este color, que se producía con la mezcla de la flor amarilla del zacate hecha tortilla y que al momento de cocerse al fuego pasaba de un color amarillo obscuro a uno más claro4.

Otro término para el amarillo es “xochipalli” o “xochipatic”, flor que tiñe o color de flor, esta última palabra es un ejemplo de que en la lengua náhuatl no existen fronteras cromáticas tan tajantes como en la nuestra, ya que este término también es empleado para el color anaranjado y el rosado.

VERDE/AZUL: Otro ejemplo muy claro del extenso campo de la nomenclatura cromática náhuatl son el color verde y el azul, entre los cuales no existe un límite definido entre uno y otro. El color azul tiene diferentes variaciones cromáticas en la lengua náhuatl las más comunes son “matlalli” un azul obtenido de una flor particular del mismo nombre. Otro es “texotli”, un azul claro o celeste, este último es de suma importancia ya que es el principal atributo de algunas deidades, siendo el color de la pintura facial de dioses como Tláloc, Chalchiuhtlicue, Huitzilopochtli, Xiuhtecuhtli, entre otros más; obtenido probablemente de algún mineral como el famoso “azul maya” presente por toda Mesoamérica.

El azul está emparentado con el punto cardinal del Sur. Los informantes de Sahagún aclaran que este color era exclusivo de la nobleza indígena, los pipiltin, los cuales vestían tilmas con este color. Otro término cromático con una enorme carga cultural es “xihuitl” que hace referencia al color turquesa y a la misma piedra, es la raíz principal del nombre del dios Xiuhtecuhtli extendiendo su abanico semántico al de “año solar”, cometa y un tipo particular de hierba. Este último dato es interesante ya que nos muestra las nulas fronteras entre azul y verde.

El verde puede ser nombrado como “quiltic” o “quilpalli” color del quelite o “quilitl” (todo tipo de hierba tierna comestible), también “xoxouia” verbo que probablemente deriva de “xocoyotl” fruta no madura, quedando en forma pasiva como “xoxoctic” que puede adjetivarse como “xoxouhqui”, que hace referencia a cuando algo está verde o no maduro;  la metáfora puede ir más allá como alusión a la juventud, basta recordar el adjetivo de Motecuhzoma Xocoyotzin, es decir “el joven”. También hace referencia al aspecto verde de los brotes de las plantas, de hecho uno de los términos para la estación de lluvias y reverdecimiento entre los nahuas era “xopan”5.

Otros colores dentro de la nomenclatura cromática náhuatl son el “camopalli” o color del camote para referirse al morado, en su forma de adjetivo es “cacamoliuhqui”, para los tonos violetas se utilizaba la palabra “matlaxochipalli”. Al gris se le denominaba “tizatl” en referencia al material con que era elaborado, la ceniza o “nextli”, palabra que también significa gris. El color café tenía diferentes denominaciones, desde “tlaltic” color tierra, o “quapachtli” café claro. Otros términos para diferentes tonos son “ayopalli” para el color del coral, “tlauhquechopalli” el color del tlauhquechol un ave parecida a los flamencos que su plumaje es color rosa claro entre muchos otros. Hasta aquí algunos de los colores mencionados en las fuentes.

Para concluir quisiera mencionar brevemente otro fenómeno óptico en el cual se involucra la gama de colores perceptibles por el hombre: el Arcoíris. En la cosmovisión náhuatl este fenómeno óptico era denominado “ayauh cozamalotl” que hace referencia a la niebla o bruma donde se produce; las fuentes mencionan su esencia dual con características tanto celestes como telúricas, de nuevo aquí vemos presente otra dicotomía complementaria. También era vista como una serpiente celeste con el lomo de siete colores, un relato de Chimalpahín, el famoso historiador chalca del siglo XVII, la menciona como una señal revelada a Cuahuitzatzin, a quien después de pasar dos años dentro de una cueva haciendo penitencia, ésta se le mostró al pie de un gran “teocalli” donde después se fundara el pueblo de Chinconcohuac.6

Además cabe mencionar aquí el minucioso estudio realizado por Gabriel Espinosa en su tesis de doctorado, acerca del arcoíris mexica, que el autor relaciona con la famosa “xiuhcoatl” o serpiente de fuego que interpreta como los famosos halos solares, basando su interpretación en las dos xiuhcoatl presentes en la Piedra del Sol. Además de reconocer un estrecho vínculo con el “atl-tlachinolli”, difrasismo que puede traducirse como “el agua, lo encendido” que expresa este mismo eje vertebral de la cosmovisión náhuatl de frio/calor. 7 Con esto último quiero hacer hincapié en el amplio mundo del color entre los nahuas, así como sus profundas concepciones y diferencias con nuestra visión.

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Rodrigo Becerril Torres

Rodrigo Becerril Torres (Ciudad de México). Egresado de la licenciatura en Historia de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Interesado en los estudios mesoamericanos particularmente en la historiografía de los siglos XVI y XVII, enfocado en el cambio cultural y religioso indígena y sus diversas manifestaciones. Ha participado como ponente en diferentes congresos regionales y nacionales de Historia.

<b>Referencias</b>

  1. Elodie Dupey García, “Lenguaje y color en la cosmovisión de los antiguos nahuas” en Revista Ciencias. México, UNAM, No. 74, abril-junio 2004, pp. 20 – 31. Puede consultarse aquí: http://goo.gl/EjYF9U
  2. Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de Nueva España. México, CONACULTA/SEP, 1989, tomo II., p. 789.
  3. Dupey García, op. cit., p. 23.
  4. Diana Magaloni Kerpel, “Pintando el mundo que nace: pintores, colores y contexto del Códice Florentino” en Rubén Romero Galván y Pilar Maynez (coords.), El universo de Sahagún. Pasado y presente 2011. México, UNAM-IIH, 2014, pp. 134 -135.
  5. Elodie Dupey García, “Xopan y Tonalco, los colores de las estaciones entre los antiguos nahuas” en Annamária Lammel et. al., Aires y lluvias. Antropología del clima en México. México, CIESAS/Publicaciones de la Casa Chata, 2008, pp. 53-90. Puede consultarse aquí: http://goo.gl/vsgkFo
  6. Domingo Chimalpahín Cuauhtlahuanitzin, Relaciones originales de Chalco Amequemecan. México, UNAM, pp. 133-135.
  7. Gabriel Espinosa, “El aspecto masculino del arcoíris prehispánico.” en Cuicuilco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. México, Nueva Época, Vol. 15, Núm. 43, mayo/agosto 2008, p. 159-184. Puede consultarse aquí: http://goo.gl/QO94zg

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