¡Al demonio con el Oscar! O de lo que significa ganarlo.

Según la Academia de las Artes y la Ciencias Cinematográficas, Kevin Costner es mejor director que Stanley Kubrick u Orson Welles, personajes que jamás ganaron un Oscar por alguna película en su momento. Por otro lado, Leonardo DiCaprio se muere por un premio que Marlon Brando y George C. Scott no fueron a recoger. Es inevitable sentirse atraído por él, pero el Oscar sólo muestra tendencias, nunca ha sido un reconocimiento con valía artística.

Desde cápsulas de televisión en programas del corazón, hasta los programas especiales en canales dedicados al séptimo arte, la entrega de este domingo de los premios Oscar tiene una atención inusitada ‒al menos en México‒ y no es para menos, ya que en las categorías principales dos mexicanos podrían repetir la osadía lograda hace un año y levantarse con la estatuilla dorada de nueva cuenta: Alejandro G. Iñárritu (en mejor dirección) y Emmanuel Lubezki (en la mejor fotografía).

article-1052245-028387C400000578-183_468x330Si bien los premios de la Academia nunca ha tenido un valor por mérito artístico, ya que por lo menos un tercio de las cintas ganadoras del Oscar van de lo olvidable (Gandhi,  Richard Attenborough, 1982) a lo malo, pasando por lo patético (Una mente maravillosa, Ron Howard, 2001), cuando dicen que una “cinta merece un Oscar” no sé si lo dicen por “buena” o “mala”. Tanta mierda ha ganado uno. Discutir quién merece ganar el Oscar, como si en verdad fuera un premio orientado a distinguir la calidad cinematográfica, es absurdo, como lo es decir “no merecía el Oscar”. Cualquiera puede ganar un Oscar si el cabildeo y el momento cultural operan a su favor.

Si podemos rescatar algún tipo de valor éste lo tiene en función de mercado, ya que es un buen termómetro para saber el grado de poder que detentan los principales jugadores de la industria (estudios, actores, etc). Por ejemplo, un premio repercute tanto, que en el caso de las películas en competencia por la estatuilla, el sólo hecho de estar nominadas les vale un re-estreno, como lo fue en el caso mexicano en donde Mad Max lo tuvo; también sucede lo que a The Revenant, que no ha salido de cartelera desde el día de su estreno el 22 de enero del presente año, más allá de lo recaudado en taquilla, claro, en este caso particular debemos de considerar la construcción mediática de la distribuidora para salir en fechas muy específicas aprovechando el revuelo de la temporada de premios. Puntualizo, sí, el Oscar ayuda a que una película poco vista sea más popular, increíble, pero la nominación no dice nada de la obra.

Ganarlo equivale a que millones se animen a ver tu película. Importa y siempre es bueno para el ego del actor o director ganar un Oscar, aunque debemos preguntarnos ¿importa tanto en el mediano plazo en la construcción de una carrera? Roberto Benigni ganó un Oscar por la chantajista La vida es Bella, ¿qué le podemos destacar después de eso? Nada. Si bien el Oscar reditúa ganarlo no lo es todo. Mantenerse en forma es vital; en el supuesto de que DiCaprio gane el Oscar por The Revenant, su carrera no llegará a un punto cumbre y estancamiento, tiene posibilidades tanto histriónicas como en la industria de seguir ascendiendo en la escala de calidad porque tiene bases cimentadas en un sólido historial.

Partir del hecho de que todas las cintas, pensadas como buenas, deben estar nominadas, es partir  del hecho de que el Oscar premia buenas cintas. No es así; quizá en ocasiones por eso algunos confunden y reclaman que Se levanta el viento de Miyazaki debió ganarle a Frozen, reiterando que los Oscar son una mierda y un engaño (ojo, cada premiación tiene un perfil, Cannes, Berlinale, Goya etc, y en el caso de los Oscar está dirigido a Hollywood).

Leonardo-dicaprio-oscarTip, para que no hagan corajes hay que revisar los resultados de las premiaciones de cada sindicato de la industria norteamericana (actores, directores, productores), ya que buena parte del jurado de la Academia está conformada por personas que integran dichos sindicatos, los cuales dan por ganador a Alejandro G. Iñárritu y a Leonardo DiCaprio en sus respectivas categorías, secreto a voces. Un Oscar siempre es algo a considerar, y no deja de ser triste que algunas películas no lo ganen, no debido a que importe como calidad estética, sino porque el mundo debería saber y honrar aunque sea un poquito a una presencia tan brillante ya sea en formato filme o autor.