Arrodíllate ante tu Rey, el Filósofo Rey.


No existen las palabras con las cuales yo pueda expresar la grandeza e importancia de un filósofo como Platón, aquel que después de más de dos mil años sigue y seguirá siendo estudiado, el hombre sobre el que Alfred North Whitehead afirmó: “la filosofía occidental no es sino notas a pie de página de los diálogos de Platón”, ése que presentó la muerte de su maestro como un hecho tan trágico que nos hizo compartir el dolor. Ya sea que se le ame o se le repudie, es imposible negar que las ideas platónicas de una verdad abstracta, inmutable y eterna, dieron sentido al mundo por poco más de 20 siglos, tal cual se dijo en ¿Tú qué sabes de la muerte de Dios?

thrDe entre las múltiples y muy importantes ideas del pensador, en esta ocasión quiero traer a cuenta aquella en la que plantea un gobierno utópico de la razón encarnado en la figura del Filósofo Rey, únicamente para clarificar qué es lo que se juega en el fondo de dicho planteamiento, ayudándome para esto con las palabras de Hannah Arendt, y finalizar lanzando unas preguntas al lector que le inviten a reflexionar.

En La República1, Platón examina el tema del mejor Estado posible, presentando la cuestión en forma de un diálogo entre Sócrates y varios interlocutores. Reflexionando en torno a la justicia y la injusticia, Sócrates comienza a inventar un Estado ideal, mismo que, buscando cubrir las necesidades vitales del hombre, consta solamente de tres clases sociales: los artesanos, los militares y los gobernantes. Esta distinción se daba por medio de las capacidades intelectuales y físicas de cada individuo, es decir, aquellos que fueran malos para la gimnasia tendrían que dedicar su vida a ser artesanos; si se era bueno en gimnasia, pero malo para las matemáticas, habría que formar parte del grupo militar; y por último, aquellos que fueran buenos tanto en gimnasia como en las matemáticas, formaban parte de la élite, destinados a una instrucción filosófica para gobernar la república.

En función de darle un mayor peso a la justificación de por qué unos tienen que ser artesanos, otros militares y otros gobernantes, Platón se vale de una mentira noble 2, de un mito fundador: el mito de los metales. Según este mito todos los habitantes del Estado son hermanos, “pero el dios que os modeló puso oro en la mezcla con que se generaron cuantos de vosotros son capaces de gobernar, por lo cual son los que más valen; plata, en cambio, en la de los guardias, y hierro y bronce en las de los labradores y demás artesanos”3. De este modo, no es sino la naturaleza misma la que dispone quién va a ser artesano, militar o gobernante, y es labor de los magistrados del Estado identificar a qué grupo pertenece cada individuo para así poder educarlo del modo pertinente a sus capacidades, buscando que cumplan con sus funciones específicas en favor de la perfección de la ciudad. Así es como, en un primer momento, Platón indica que por naturaleza y debido a sus capacidades, es el filósofo quien es más apto para gobernar.

Posteriormente, Platón termina por reafirmar dicho planteamiento mediante la alegoría de la caverna, esa lección que es básica para todo aquel al que se le enseña no sólo la filosofía platónica, sino la filosofía misma. Esta alegoría presenta la idea de varios hombres en el fondo de una caverna, encadenados de pies y cuello, siempre mirando hacia adelante, observando las sombras de varias formas proyectadas por un fuego brillante que se encuentra detrás de ellos. Han estado en tal situación desde niños, de modo que no conocen nada más y no tienen por real otra cosa sino las sombras ‒en forma de hombres, animales y todo tipo de cosas‒ que han visto pasar, además de los ecos que retumban en la caverna, provenientes de aquéllos que producen las sombras.

Acorde con la alegoría, uno de los hombres logra liberarse de sus cadenas y curarse de su ignorancia4, escapa de la caverna y observa la luz del sol, aunque en un primer momento ésta le ciega e impide contemplar el mundo real. Paulatinamente logra ver el mundo y los objetos reales de éste, y al compadecerse por sus compañeros aún encadenados, decide volver para desatarlos y guiarlos hacia la luz, a pesar de exponerse al ridículo y a la muerte ya que éstos no le entienden.

Con esta alegoría Platón da cuenta de que los hombres viven creyendo conocer lo verdadero ‒el mundo tangible‒ cuando en realidad no son sino esclavos ignorantes; esto a excepción del filósofo, quien es capaz de guiar su alma hacia el plano inteligible, el lugar en el que reside lo verdadero: las ideas. Y una vez estando ahí contempla la Idea del Bien, misma que “una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público”5. Es por esto último que precisamente el filósofo, y sólo el filósofo, puede ser gobernante, el Filósofo Rey.

wqeqeAhora bien, ¿cuál es el sentido detrás de todo esto? De acuerdo con la filósofa alemana Hannah Arendt, una de las pensadoras más importantes de los últimos tiempos, el planteamiento platónico del filósofo rey tiene la intencionalidad política de dilucidar e introducir un concepto de autoridad en la polis griega, a lo que se acerca bastante. Sin embargo, según Arendt, Platón en realidad quería un filósofo rey para combatir la hostilidad de la polis hacia la filosofía, lo cual amenazaba la vida del filósofo tal cual había sido el caso de Sócrates6; es por esto que Platón presenta un filósofo rebelde que quiere gobernar no por la polis y la política en sí, sino por su seguridad y la de la filosofía.

Como ya se demostró, esto lo lleva a cabo por medio del relato de la caverna, mostrando al filósofo como quien logra desencadenarse, salir de la caverna y contemplar el brillo de las ideas; sin embargo, al volver a la caverna el filósofo no sabe cómo comunicar lo que sabe y su vida sigue en peligro. “Ante esta dificultad, el filósofo emplea lo que ha visto (las ideas) como patrones y medidas y, por fin, cuando teme por su vida, las usa como instrumento de dominación”7; se trata del filósofo que, en tanto filósofo, ha culminado su búsqueda en la contemplación de la verdad suprema, pero en tanto es hombre y vive entre los demás hombres, debe tomar su verdad y transformarla en un conjunto de reglas, convirtiéndose así en el Filósofo Rey.

De este modo es como las ideas se convierten en los patrones firmes y absolutos del comportamiento y del juicio político y moral. Platón fue el primero en darle un tono político a la doctrina de las ideas, esto al considerar como idea suprema ya no a la belleza (misma que buscaba iluminar los asuntos humanos, nunca gobernar), sino a la idea del bien. Con esto podemos ver cómo la búsqueda de Platón por el mejor gobierno lo llevó a la búsqueda del mejor gobierno para los filósofos, lo cual terminó siendo ni más ni menos que el gobierno donde los mismos filósofos gobiernan.

wedwqeqLamentablemente, el perfecto Estado platónico es un modelo despótico en el que el Filósofo Rey es muy parecido al tirano y ejerce una tiranía de la razón. Se trata de un gobierno donde toda música y literatura que no elogiasen al Estado quedan prohibidas, donde no hay una elección libre respecto a lo que uno quiere hacer para vivir y donde toda individualidad queda completamente erradicada.

No obstante, y para concluir, le pregunto al lector: hoy día ¿será tan malo tener un Filósofo Rey? En un país donde los gobernantes no tienen idea de qué deben hacer, liderados por el que podría ser el presidente más ignorante jamás “electo”, viviendo una situación nacional que nunca se le hubiera ocurrido ni al mejor de los autores distópicos, ¿será realmente malo un gobierno liderado por alguien que toda su vida ha sido instruido para gobernar, que tiene la capacidad intelectual y las nociones adecuadas para reinar con justicia? Sí, personalmente creo que todo modelo totalitario es injustificable e inaceptable, pero considerar la situación de este país me hace pensar, ¿a poco no nos arrodillaríamos ante un Filósofo Rey?

Ricardo Israel Sánchez Becerra

Ricardo Israel Sánchez Becerra, nacido en la ciudad de México hace 25 años. Estudiante de Filosofía en la UNAM. Actualmente elabora una tesis acerca de la crisis de la educación desde el sistema filosófico de Hannah Arendt. Interesado principalmente en Filosofía de la educación, Taoísmo, Estoicismo, Nietzsche, y en la divulgación de la Filosofía mediante la cultura popular.

Referencias

  1. Platón, “La República” en Diálogos. Vol. IV. Trad., Introd. y Notas Conrado EggersLan. Madrid, Gredos, 1988. 57 – 497 pp. (Col. Biblioteca Clásica Gredos, 94).
  2. Cfr., 414 c.
  3. Ibíd., 415 a.
  4. Cfr., 515 c.
  5. Ibíd., 517 c.
  6. No está de más recordar en este punto que Sócrates, maestro de Platón, fue ejecutado por el Estado ateniense bajo los cargos de impiedad y perversión de la juventud, caso que es presentado por Platón a lo largo de una hermosa trilogía: Apología de Sócrates, Critón y Fedón.
  7. Arendt, Hannah, “¿Qué es la autoridad?” en Entre el pasado y el futuro: Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Trad. Ana Luisa Poljak Zorzut. Barcelona, Península, 1996. P. 120.

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